martes, 10 de diciembre de 2013

CUENTAME UNA HISTORIA.




CUENTAME UNA HISTORIA

10 de diciembre de 2013 a la(s) 0:05
Papa cuéntame historias de la vida, pues quiero aprender para saber y no perderme en sendas que no tienen fin y en las que buscas y no encuentras la forma de ser feliz.

Veras hijo, desde niño quise volar hacia un mundo sutil, un lugar donde la vida sonreía y el llanto era solo de alegría, en mi mente infantil no concebía la maldad, la inquina, el odio o la ira, pues es tan bonito reír, soñar y vivir, que intente no crecer para que nada perturbara el amor que me envolvía. Pero el tiempo no perdona y creces mas y mas al sonido del tic, tac de un reloj que no para de latir. Así me hice hombre y descubrí la inconsciencia que la vida enreda, cuan difícil es no verte atrapado en ella y no olvidar tus sueños, los que conviertes en quimeras y utopías sin fin. Los mayores buscamos fuera lo que desde dentro nos enseña a vivir, así nos enrolamos en una carrera sin meta, pues la meta es la muerte fiera, que te arrulla mientras espera que no despiertes la consciencia y así robarte el halo de vida que un día nació en ti. Escucha amor, tu sueña a todas horas y no olvides jamás quien eres ahora, así nada te hará perder la ilusión que hay en ti, pues nosotros al crecer perdimos el tren de la vida, envueltos en la avaricia, cegados por el brillar del dinero que con su tintineo nos adormece cada día y enmudecidos por la codicia, pasamos de largo ante la pobreza y la hambruna sin fin, pues centrados en el propio ombligo ninguno se atrevió a pensar y discernir, para no sentir y descubrir que somos los únicos culpables de apagar los sueños que al niño que fui le hacían sonreír. Escucha mi rey, existieron hombres y existen ahora, que provocan caos, guerras, miedos y con ello, dominan el mundo y a ti, porque la apatía que nos somete acuño un sinsentido de forma sutil en cada mente y ofuscados de tanto buscar ese mundo feliz, olvidamos que vivimos en el y lo destruimos en esa carrera sin fin. Veras somos tan ignorantes y tan cobardes, que culpamos a otros, al mismo Dios, al vecino insulso o gentil, de lo que permitimos, lo que ni impedimos y lo que nos hizo ser intolerantes y excluyentes, guerreando y  peleando por un trozo de tierra o un puñado de oro que durante la vida atesoramos, como si de el naciera el amor, la alegría y una vida feliz. Y al despertar al camino, nos dejamos atrapar por líderes o maestros que con cantos de sirena condenan y encarcelan en sus propias ideas y mientras perdidos en quimeras, no creas amor mío, que cambiamos y rectificamos los errores que atropellaron los sueños del niño feliz. Simplemente hablamos y hablamos, nos quejamos y quejamos, lloramos y lloramos, lanzamos proclamas al viento con ideas sin fin, mas a vuelta de tuerca las buenas razones, los planes para reconstruir lo que antes destruimos, se quedaN en cantos al viento pues las mil incoherencias reinician el sistema y vuelta a empezar a morir.