sábado, 26 de enero de 2013

Malos lluviosos dias para las lágrimas. Nadie las ve.



La situación es gravísima. No es ya que las cifras de la economía española sean dignas de una película de terror. Se trata, además, del hundimiento psicológico y moral que lo que está pasando produce en los ciudadanos. Salvo los funcionarios, el resto de trabajadores españoles viven con la espada de Damocles pendiendo sobre su cabeza. Su trabajo se puede perder de un día para otro. Ese miedo, esa intimidación, que ya duran demasiado tiempo, hace que la sociedad española se sienta atenazada. Si alguien es capaz de apreciar los aspectos psicológicos que pueden redundar en la actividad económica y material de un país, y ya lo hizo Max Weber en su estudio de la ética protestante y el espíritu del capitalismo a la hora de su nacimiento, se dará cuenta de que el ánimo social no va a ser muy importante para la recuperación. Los que no tienen empleo porque no trabajan; los que lo tienen porque la mayor parte de las veces están asqueados por lo que hacen o por cómo lo tienen que hacer, nos encontramos con una realidad laboral bajo el imperio del desasosiego. Cuando el Gobierno anuncia más reformas, da miedo imaginarlas. da la impresión de que la única reforma que entiende es la de atribular más a los trabajadores, olvidando a los que no trabajan, porque no se puede entender el silogismo de que para la creación de empleo hay antes que destruirlo o deteriorarlo. ¿Alguien de verdad se cree esto? ¿Alguien de verdad se creía que con un presidente de Gobierno que en su día aplaudió en el parlamentola participación del Ejército español en Irak íbamos a salir de esta crisis? Quien aplaude lo que se sabe que va a ser destrucción; quien se mantiene tan distante y lejano de la que esta creando ahora mismo en España, no puede ayudarnos. Quien no lo vea está ciego. 

Malos lluviosos dias para las lágrimas. Nadie las ve.

Es jodido ser esclavo sabiéndolo. Es jodido reconocer que uno desaprovechó la oportunidad de ser no-colaborador, cuando pudo, del sistema socio-laboral que ahora le oprime, le empobrece, le humilla hasta matarlo. Es jodido darse cuenta, cuando no tiene remedio, que no tienes futuro porque te lo arrebataron aquellos en quien confiaste. Es muy jodido comprobar que de aquellos tus votos vienen estos tus lodos, por dejación, por abandono, por irresponsabilidad, porque es muy cómodo meter un papelote de colores en una caja de cristal y sentarse a esperar el maná. Jode y mucho comprobar, cuando empiezas a transitar esa suave llanura en declive hacia tus cenizas, que aquellas nóminas puntuales, aquella tarjeta-cliente, aquellas cestas de navidad no eran sino la leña para la pira de tu vanidad de buen ciudadano, feliz, sumiso, irresponsable.
Es jodido tener que llorar como niños lo que ni supimos ni quisimos luchar como hombres. Somos corresponsables por omisión, por pereza, por desinformación, por inmadurez política. 
Y sí, tenemos derecho a llorar, pero, si hemos aprendido algo, por favor, que no sea un dia de lluvia, sería un gesto inútil.

Saludos cuesta abajo, de culo y sin frenos.


Esto es una emergencia: si alguien me escucha en algún lugar de la Vía Láctea, o en cualquiera de los cien mil millones de galaxias de alrededor, ¡SOS, SOS!, les habla el último habitante de la Tierra, un mundo civilizado e inteligente como podrán ver y oír en la fe de vida que les adjunto, compuesta por las canciones mas afamadas de “El Fary”, mi voz recitando al Poeta Miguel Hernández, y un ejemplar del mejor libro de cuentos titulado “La Constitución Española”. ¡SOS, SOS!, hemos sido invadidos por seres del espacio.

Todo empezó con la primera gran mentira, y como la una trajo a la otra, a partir de la segunda, el resto del engaño fue por nuestra estupidez. Entonces se adueñaron de la tele, y como sólo hablaban de sueños, nosotros, ingenuos, nos dormimos para poder soñar. Y ya acomodados en ese sueño, llenamos los sobres de votos para, según nos dijeron, decidir nuestro futuro, mientras ellos los llenaban de dinero que se repartían a la sombra de nuestro propio sueño. Cuando despertamos, nos hablaron de mirar al futuro juntos, pero el futuro ya tenía escritos sus propios nombres. Después nos contaron lo del paraíso, pero se callaron que era un lugar para el dinero y no para las personas. Y para conformarnos, nos hablaron de la vida, de hacer posible una vida para todos, incluso para los más humildes y dependientes, y hasta hubo bendiciones, pero nunca nos dijeron que esa vida que nos prometían estaba al otro lado de la muerte y había que morir para poderla vivir.

Si localizan el mensaje y deciden rescatarnos, les será fácil dar con los invasores porque no siendo humanos sólo hablan de la Humanidad. Fíjense en el color uniforme de lo que parece una sonrisa, en sus manos desengrasadas, en sus corbatas a juego con lo que dicen, que siempre son nudos para el cuello de quien los escucha, en su rabo escondido, que les obliga a ser estirados, en sus palabras señoriales, con el sonido demasiado vago y el vacío demasiado evidente, en sus matemáticas, que ven números donde sólo hay personas, en sus ojos de contar interés al ciento por uno, en cómo odian la división, que, para ellos, es solidaria y por tanto peligrosa, y en cómo multiplican al revés, que de dos se llevan veinte. Y por si esto no les ayuda, van disfrazados de personas, se camuflan en partidos políticos, disimulan en lo que llaman congresos, donde planifican estrategias de invasión, se reproducen en urnas, se propagan por decreto, y se protegen los unos a los otros por medio de leyes e indultos. SOS, SOS… pi-pi-pi-pi….

Minutos después del último grito de socorro, en el ordenador central de rutas espaciales, una rata que viste al uso, es decir, a pelo y sin su disfraz de persona, ya a los mandos de todo, recibe una respuesta del más allá de la galaxia que dice: “Hace años, en un gesto de amistad, les enviamos a nuestro profeta Carlos Jesús con el mensaje, ahora presente, de que en el futuro la Tierra sería invadida desde el Planeta Raticulín. No es bueno reírse de los profetas. En cualquier caso, tras oír y analizar la fe de vida que nos envían hemos decidido no intervenir y no desearles suerte”.



En un festejo popular, un rico español ha lanzado como regalo a los asistentes billetes de 500 euros. A los pocos días se ha publicado la EPA, avalada por la Unión Europea, en la que se refleja que en España hay seis millones de parados, 1.870.000 hogares con todos sus miembros en paro, y un aumento de 850.000 desempleados durante el Primer Año Triunfal de la Reforma Laboral. Por lo visto están poniendo las bases para el crecimiento.
Cada tres meses nos meten una puñalada en la conciencia social. Por mucho que se acentúe el drama los Gobiernos nunca reconsideran sus conductas. Sus políticas son las únicas posibles, aunque los billetes de 500 euros estén mal repartidos.
En tanto tengamos seis millones de parados, y en alza, no es admisible que nos hablen de esperanzas en prontas recuperaciones porque hemos tocado fondo, como ha afirmado el ministro Guindos. ¿Pero a estos señores no se les revuelven las tripas, no piensan que pueden estar equivocados, no son capaces de arbitrar otras soluciones, por qué se protegen en el escudo de su irresponsabilidad política, social y penal? No hace falta saber mucha economía para comprender que, aun admitiendo la necesidad de ser austeros y reducir el déficit, se podría y puede rebajar en otras partidas del Presupuesto que ellos consideran intocables: se puede negociar con la aportación a la OTAN, a la Iglesia, las grandes fortunas refugiadas en sus sicavs, control sobre excesos autonómicos, como embajadas… Todo es cuestión de voluntad, no de marxismos, de rupturas de sistemas ni de revoluciones pendientes, aunque bien que vendrían. Cualquier cosa antes de que los españoles perezcan de hambre. De momento, los niveles de consumo han vuelto a 2003. La gente lo está pasando muy mal, todos lo sabemos, se ven hombres de 50 años llorando por las calles, el Estado, el Gobierno no puede permitir que España, con una renta aceptable pero mal distribuida, se convierta en un país de indigentes, declarados o escondidos en la vergüenza. Nadie, ni los más listos de mollera, comprenden cómo puede crearse trabajo despidiendo por decenas de miles a los trabajadores, muchísimos de los cuales nunca más encontrarán empleo. Son necesarios unos gobernantes serios para que España sea un país serio. No podemos conformarnos con el lamento trimestral y pasajero, con la pena y el temor de los que sí tienen trabajo. Debemos plantarnos ante Europa, no ser pusilánimes y exigir una quita de nuestra deuda, una ampliación de plazo casi infinita para pagarla, o eso o nos vamos, aunque yéndonos estemos peor, que estaría por ver. Los gobernantes deberían estar obligados a llevar permanentemente un capirote de sambenito que los avergonzara por su incapacidad. Va contra todo atisbo de inteligencia y cordura que todo un país quiera trabajar y no pueda.  Ah, no hay noticia de que al rico de los 500 euros lo hayan linchado.