martes, 9 de abril de 2013

Entre tanta estupidez




Hablando con una alumna, diez años menor que yo, me he visto reflejada. Me ha dado incluso cierta pena el ser consciente del tiempo y de cómo nuestras inquietudes son perdidas en esta sociedad tan desmejorada en la que vivimos.
La conversación empezó haciéndome partícipe de su interés sobre cómo habría surgido Internet, cómo de la nada había nacido esa importante vía de comunicación, cuyo funcionamiento intrínseco a algunos aún nos parece difícil asimilar.
La conversación tuvo un giro bastante interesante cuando intercalamos experiencias sobre libros y series televisivas que nos hablan de sociedades secretas o gobiernos que ocultan importantes descubrimientos con el único propósito de enriquecerse a ellos mismos.
Por ejemplo, hablamos de que se dice que ya existen curas para numerosas enfermedades, pero que no salen a la luz pública para evitar la ruina de las farmacéuticas; también consideramos la posibilidad de que ya exista una energía sostenible que sea capaz de abastecernos sin tener que gastar ningún recurso, pero qué sería de las petroleras, las eléctricas...
Así hablamos de un millón de supuestos, pero ella no alcanzaba a entender cómo los gobiernos o los dueños de esa valiosa información que podría salvar vidas no la descubrían y la ponían en práctica. A mi pesar, la hice consciente de que, por desgracia, en esta vida todo, absolutamente todo, se mueve por dinero. Su frustración era enorme, pero rápidamente alcanzó a comprender con el siguiente ejemplo:
Si tu profesor te diera las preguntas de examen, ¿a cuántas personas se lo darías? Nombró a un par de personas, que según ella misma razonó se las pasarían a otras a su vez hasta que finalmente, seguro, toda la clase sabría las preguntas del examen. Reflexioné con ella y le dije que si todos contaban con las preguntas del examen, todos sacarían un diez, luego su diez ¿tendría el mismo valor siendo la nota común o tendría más valor si tan sólo ella lo obtuviera? Rápidamente le repetí la primera pregunta, a la que entre resignación y realidad me respondió que en ese caso no compartiría las preguntas del examen con nadie.
Es cruel ser consciente de nuestra naturaleza. Algunos apadrinan niños para aliviar sus conciencias, pero nadie renuncia a las comunidades de su hogar por satisfacer las necesidades básicas de otro más necesitado.
Enlazando la conversación, surgió el tema de la Iglesia. Toda la vida pidiendo, y sigue haciéndolo, pero no renuncia a lo suyo para ayudar al prójimo por mucho que Jesús hubiese proclamado. Es cierto que existen lugares y asociaciones religiosas que ayudan y colaboran en gran medida con los más necesitados y sin las cuales mucha gente no podría sobrevivir; pero cualquier persona que haya estado en el Estado Vaticano y haya visto las riquezas que amasa se dará cuenta de que únicamente si se deshiciera de una quinta parte de lo que posee alimentaría y dotaría de recursos a todo el continente africano, pero no lo hace...
La vida es así, nosotros somos así. El ser humano es egoísta por naturaleza. En esta crisis atisbas muestras de buena voluntad, de gente que realmente se molesta por los demás, pero son noticia porque son los mínimos. La gran mayoría sólo aportamos las migajas de lo que nos sobra (como a mi parecer los tan insoportables y repugnantes rastrillos navideños, en los que las pijas de la alta sociedad acuden a hacer su obra de caridad para aparentar entre la jet set... Es insufrible, quédense en su casa, que es menor ofensa para los demás). Acabó la hora de clase y Cristiana, que es como se llama mi alumna, se quedó pensativa. Fue consciente de forma muy clara de la cruda realidad. Pese a ello, la animé a que continuara con sus ansias de saber, aprender y preguntarse cosas, aunque la respuesta no sea siempre agradable. Ya que es mejor ser consciente que mirar para otro lado.

lunes, 8 de abril de 2013

exijamos coherencia (si es que algún político sabe lo que es eso) Acabar con el hambre es un deber político




De ninguna manera podemos esperar que estén a la altura si no les obligamos y ni así. Hartos de incumplimientos flagrantes que están llevando al mundo al desastre climático, al mantenimiento de 900 millones de hambrientos, de miles de millones de pobres, no,podemos continuar siguiéndoles el juego. Porque aunque firmen otro tratado similar a los ODM de qué servir?a si van a seguir subvencionando a Repsol para que asesine a los indígenas del Amazonas con su contaminación, encima con fondos de cooperación, si van a seguir subvencionando la pesca esquiladora del mar o la inversiones en tierras que impiden la soberan?a alimentaria
Nuestro país ha disminuido a menos de la mitad la ayuda al desarrollo. Pero esto no es lo más grave. El problema (el más importante de este siglo, sin duda) es que no existe voluntad política para resolverlo, más allá de medidas cosméticas. ¿Algún gobierno se va a atrever a meterse con la especulación financiera que aumenta desmesuradamente el precio de los alimentos? ¿Algún gobierno va a encarar el problema de los subsidios en el mundo desarrollado, que no permite competir a los países del tercer mundo?
Creo que no se puede esperar gran cosa.

Quedan apenas 1.000 días para que se cumpla el plazo establecido por Naciones Unidas para lograr los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). 1.000 días para eliminar la extrema pobreza y el hambre en el mundo. 1.000 días para que niños y niñas ejerzan su derecho a la educación. 1.000 días para que la mitad de la población mundial deje de tener menos derechos por el simple hecho ser mujer. Y así hasta ocho objetivos a los que 189 Estados se comprometieron en el año 2000 para enfrentar los grandes desafíos del entonces recién estrenado milenio. A pesar de que fueron considerados poco ambiciosos por un sector amplio de la sociedad civil internacional, lo cierto es que sirvieron para afianzar un cierto compromiso de los gobiernos en forma de políticas y de medidas a implementar o de recursos a invertir para su logro.
A medida que se acerca la fecha límite para su cumplimiento se redoblan los análisis y valoraciones de lo logrado en esta carrera de fondo a cuya meta pareciera que los gobiernos llegasen sin resuello. Sin visos de alcanzarla, ya está en marcha la preparación del acuerdo mundial que tomará el relevo: el Debate Post-2015, se denomina. Una serie de discusiones internacionales que definirán los nuevos retos en la lucha contra la pobreza. La Reunión de Alto Nivel sobre hambre, seguridad alimentaria y nutrición, que el pasado  jueves acogió España, forma parte de ella.
Un sistema alimentario injusto
Producimos suficientes alimentos como para satisfacer las necesidades de toda la población mundial, pero 870 millones de personas (casi 20 veces la población de España) aún sufren hambre. El 70% de ellas, por cierto, viven en el medio rural, donde a priori el acceso a los recursos agrícolas o ganaderos pareciera, como mínimo, más factible por simple cercanía. ¿Qué ocurre entonces? ¿Cuáles son las claves que nos pueden ayudar a entender este sistema alimentario injusto?
El problema del hambre y la desnutrición es complejo y está vinculado a diversos factores: desde la especulación con los precios de alimentos en los mercados financieros internacionales, hasta el acceso desigual a los recursos -tierra, agua, semillas, tecnología, etc.- necesarios para producir alimentos dentro de los límites de sostenibilidad del planeta. El enorme impacto que tienen las actuales reglas de comercio injustas también ha de tenerse en cuenta, así como unas políticas energéticas -subsidios e incentivos a los agro combustibles- que no responden a los intereses de la mayoría de la población, ni siquiera de los países que habitualmente denominamos “desarrollados”.
Estamos,. por tanto, ante un problema político que afecta a la distribución y capacidad de acceso a los alimentos y que condena al hambre y a la desnutrición a casi 900 millones de personas. Analicemos con profundidad algunas de las cuestiones mencionadas.
Uno de los principales impedimentos en el acceso a los alimentos es su precio. A los efectos clásicos de la ley de la oferta y la demanda tenemos que sumarle un nuevo fenómeno que agrava la situación a partir del año 2008, cuando el precio de los alimentos se incrementa de manera desorbitada. Productos tan básicos en la dieta de muchos países como el arroz o el maíz costaban un 166% y un 85% más, respectivamente, en 2008 que en años anteriores. A partir de ahí, no sólo los precios se han mantenido elevados, sino que ha aumentado su volatilidad. Ello obliga a que una de cada tres personas en el mundo tenga que dedicar más de la mitad de sus ingresos a costear su alimentación; con las graves implicaciones que ello tiene a la hora de cubrir otras necesidades igualmente básicas como la educación o la salud.
El aumento de los precios se explica principalmente por dos motivos. Los especuladores financieros se interesan por los alimentos al ver en ellos una nueva vía de enriquecimiento. Los datos al respecto son bastante esclarecedores: hace 10 años se invertían 5.000 millones de dólares en mercados de derivados y futuros vinculados a materias primas agrícolas; hoy esa inversión asciende hasta la escandalosa cifra de 450.000 millones de dólares.
Por otra parte, la producción de biocombustibles, la industria o la urbanización están compitiendo con la producción de alimentos, y eso repercute directamente sobre un recurso como la tierra cada vez más escaso y agotado. Y ya sabemos que todo aquello que es escaso y preciado, el capitalismo desregulado lo convierte en una oportunidad de negocio. Surge así el acaparamiento de tierras, que en muchas regiones está cobrando dimensiones dramáticas. África por ejemplo vio cómo, sólo en el año 2009, las inversiones en tierra superaron todo lo invertido en los 22 años anteriores. Operaciones que en su mayor parte provienen de fondos de inversión y demás figuras del mercado financiero, a costa de dejar sin ese recurso a poblaciones  que dependen de ello para subsistir.
Otra de las cuestiones que agravan este contexto son prácticas de producción intensiva de alimentos que tiene peligrosos efectos en el medio ambiente. Este tipo de cultivos agravan los efectos del cambio climático y contribuyen a la degradación de suelos y mares. Se calcula que aproximadamente el 30% de los gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático provienen de la agricultura y la ganadería intensivas.
¿Qué medidas podemos poner en marcha?
Una vez hecho el diagnóstico, existen propuestas que pueden llevarse a cabo para mejorar la situación. La primera es insistir en la alimentación como derecho humano básico. No es una cuestión menor porque ello obliga a los Estados, les hace responsables de poner en marcha las medidas necesarias para garantizarlo. Ello significa regular para evitar, entre otros, la especulación con los alimentos o el acaparamiento de tierras; significa invertir responsablemente en el sector agrícola o dar apoyo a los productores a pequeña escala, especialmente a las mujeres, que son las principales productoras, para garantizarles el acceso a los recursos y los mercados.
Es absolutamente urgente apostar por un acuerdo internacional en el que la erradicación de la pobreza y el hambre sea una prioridad y que todos los esfuerzos se orienten a ello. Las medidas a adoptar están claras; han sido debatidas y consensuadas en numerosos foros y espacios locales, nacionales e internacionales. Lo que falta es pasar a la acción y, para ello, el compromiso político es fundamental. Invertir en Ayuda Oficial al Desarrollo e impulsar una verdadera coherencia de políticas son dos elementos clave, de manera que las políticas agrícolas, energéticas, económicas y ambientales contribuyan a un mismo fin.
No basta con adoptar medidas tímidas. Se trata de crear condiciones estructurales que permitan a las personas más vulnerables acceder de manera estable a los alimentos. Y para ello se requiere valentía para un abordaje que sea global, sistémico y multi-causal. En definitiva, dar un golpe encima de la mesa y oponerse a que los intereses de unos pocos prevalezcan sobre el verdadero interés general; para garantizar, por fin, el derecho universal a una alimentación adecuada y nutritiva para todas las personas.
La reunión de Alto Nivel sobre el Hambre declaró que acabar con la lacra del hambre es un deber ético y político ineludible, y afirmó que es posible hacerlo en el intervalo de una generación. ¿Estarán nuestros gobiernos el 1 de enero de 2016 a la altura?

viernes, 5 de abril de 2013

"la Justicia debe ser igual para todos".. Sólo le faltó añadir "so pringaos"...



 La borrachera de impunidad y prepotencia que proporciona la mayoría absoluta a nuestros políticos en el poder hace que en ciertas ocasiones se quiten instintivamente la careta. Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid, niega y trata de limitar uno de los principios elementales de un Estado democrático, como es el de la libertad de información y expresión.
La vida es todo política,la política depende de la economía,la economía ¿de qué depende?
Si hay dinero suficiente la educación,sanidad,protección social...siempre irá mejor.
La corrupción es inevitable en todos lados a mayor o menor escala.Lo que tiene que funcionar es la justicia,siendo de verdad un poder independiente,y el que la haga que la pague.
Yo, que soy republicano de siempre,tengo que admitir que la Corona no me preocupaba pues cuando la crisis del petroleo y su amistad con el mandamás jordano nos aseguró el abastecimiento y en 23-F ,en el que el Pueblo defraudó, creo que el dio la cara.
Pero se lo han buscado,al igual que lso dos partidos mayoritarios.
Ala gota añadiría que además de eso como es posible que el Minsitro del INterior diga,orgulloso,que a un inspector lo destituyeron por investigar un ático de un señor del PP
Me temo que todavía no esté tan maduro el personal como para enviar el bipartidismo, la alternancia de esta II Restauración, al baúl de los recuerdos, es una lástima que conceptos cruciales de la vida política, social y económica (autogestión, marxismo, lucha de clases, conciencia social, etc.) estén relegados al desván de las antigüedades por la sociedad biempensante… como si fueran el colmo de la ‘modernez’ los conceptos decimonónicos que amparan a la Teología Neoliberal…
¿qué se puede esperar de quienes pasaron de la dictadura franquista (Fraga, por ejemplo) a la democracia juancarlista (designado por Franco) pasando por una democraciacristiana light, un liberalismo no menos light y un centrismo al que todavía, en camino perpetuo, no han llegado ni se les espera (batería de medidas carcatólicas en curso, por seguir con ejemplos)?


Previsiblemente la más y muy trascendental consecuencia de la imputación de la Infanta Cristina es que el bipartidismo se ha acabado en España y los dos principales partidos saltarán por los aires y dejarán de gozar del apoyo de los ciudadanos por el firme enroque que ya han hecho y publicitado en defensa de la Monarquía. En unos momentos en que la adscripción monárquica se encuentra en el punto más bajo y cuestionado, los ciudadanos se apuntarán a otras opciones políticas, existentes o nacientes, como repulsa final por el hartazgo que sienten de los desmanes, desvaríos, corrupciones, miserias, luchas, traiciones y ‘desvirtuación’ democrática de los dos partidos que en la práctica han conducido y regido la política y la vida españolas desde 1977. El tiro de gracia lo da precisamente esa defensa a ultranza de la institución monárquica, sin haber dado paso nunca a la posibilidad de que los españoles se manifestasen sobre ello y su conveniencia transcurridos 36 años. Nada es eterno y ni tales partidos ni la monarquía tampoco. Es muy probable que con la imputación de la Infanta los ciudadanos hayan dicho, o vayan a decir, basta. La intolerancia máxima no es el mejor sustrato para los deseos de cambio de un pueblo. Crecerá IU, crecerá UPyD de Rosa Díez, crecerá la abstención de modo significativo, surgirán partidos de derecha e izquierda duras, crecerán los partidos nacionalistas, con ley o sin ley electoral serán más a repartir el pastel y a contrastar posiciones, se habrán roto los cerrojos de la democracia, los españoles serán más libres, precisamente porque tendrán más responsabilidades, abandonaremos el taca-taca de los niños pequeños qué éramos. Exigiremos.
Ha sido encomiable la aportación de esos dos partidos al desarrollo político, económico y social de España, pero han incurrido en el brutal error de no atender a lo que era una evidencia constante. Se habían convertido en vigilantes de hierro. Puede que con buena voluntad, pero lo han hecho tan mal, han abusado tanto, agarrados al inmovilismo más absoluto, se han encerrado tanto en sí mismos, han tenido tanta desconsideración con los ciudadanos que han terminado por irritarlos y ser despreciados y repudiados.
Este divorcio con y de la política puede llevar a situaciones de confusión e indecisión sobre el destino y rumbo del país. No ha habido posibilidades de revolución violenta, ha habido un sometimiento total al más duro capitalismo expoliador, que los españoles han soportado en silencio forzoso y con resignación. Pero el cúmulo de despropósitos ha saturado la paciencia popular, y la imputación de la Infanta y la defensa que han hecho los partidos es clave en esa saturación de paciencia. No es una elucubración gratuita; hemos recorrido los mismos pasos que en Italia, en donde la Democracia Cristiana y el Partido Socialista han desaparecido, aun sin padecer los errores añadidos de la Monarquía española.
Bendita sea, pues, la imputación de la Infanta, merced a la que España podría purgarse de sus males políticos y convertirse en una democracia sana y veraz. Si así fuera, la Corona y el propio Rey habrían prestado un servicio impagable por el que merecería nuestro reconocimiento. Y si así no fuera, en todo caso, los dos partidos están heridos de muerte. Ellos se lo han buscado. Los españoles están fatigados, creo yo, de tanta trapacería y tomadura de pelo.
La borrachera de impunidad y prepotencia que proporciona la mayoría absoluta a nuestros políticos en el poder hace que en ciertas ocasiones se quiten instintivamente la careta. Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid, niega y trata de limitar uno de los principios elementales de un Estado democrático, como es el de la libertad de información y expresión, escudándose en la publicación de unas fotografías del Presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, con un narcotraficante. Por lo menos es necesario guardar las formas, aunque en este país todos nos conocemos.
¿Ellos o nosotros?. No estoy tan seguro de este resultado "purificador" más bien creo que como en Sicilia amplias capas de la población se identifican con su "padrino" (Camps, Matas, Feijó, Aguirre o González) y que la incultura , el miedo, la necesidad , hacen el resto. Y la izquierda discutiendo si son galgos o podencos.

lunes, 1 de abril de 2013

España huele cada vez peor, a úlcera vieja, mal vendada




Últimamente pierdo todas mis apuestas. No me preocupa, estoy acostumbrada, pero me amarga la condición, la edad de los ganadores. No va a pasar nada. Mis hijos y sus amigos, entre los 28 y los 16 años, llevan semanas pronosticando que todos los procesos se atascarán, que todos los culpables saldrán bajo fianza, que todos los sospechosos resultarán inocentes, que nadie irá a la cárcel y no habrá pasado nada. Yo he intentado llevarles la contraria hasta ayer. Hoy, a punto de tirar la toalla, me estremece el miserable destino que nos hemos labrado.
Porque es miserable, más que triste, que quienes hemos crecido bajo una dictadura nos empeñemos en enarbolar la bandera de la esperanza, de la ilusión y la normalidad democrática, para que jóvenes criados en la democracia interpreten nuestros gestos como una muestra de ingenuidad casi senil. Aquí no pasa nada, nunca ha pasado nada excepto esa irremediable desilusión, el hastío que crece, día tras día, entre los españoles menores de 30 años. Ningún otro índice es capaz de expresar la pésima salud de nuestra democracia con más precisión.
Tampoco es de extrañar, en un Estado que se fundó en los silencios más que en las palabras, en la eficacia del miedo y los peligros de la alegría. Hasta hoy. Porque ahora resulta que los que tienen ánimo y arrojo para protestar por este escándalo sin límite, son unos violentos que encarnan una amenaza para la democracia. ¿Qué democracia? ¿La de los grandes partidos que se sostienen entre sí; la de los jueces que dilatan las instrucciones durante décadas; la de los apaños parlamentarios que garantizan la impunidad de los culpables? España huele cada vez peor, a úlcera vieja, mal vendada. Cuando la gangrena llegue al corazón, agonizará pidiendo calma, emitiendo mensajes de tranquilidad, y nos lo tendremos muy bien empleado.
El aumento de la pobreza en España tras la persistente crisis, hipoteca su futuro
En la sociedad española no solo hay cada año más pobres, sino que estos tienen cada vez menos y están más desamparados. Diversos informes presentados en las últimas semanas, entre ellos el informe Foessa de Cáritas, advierten de las consecuencias que el empobrecimiento de cada vez más amplias capas de la población tendrá para el futuro del país. Tras cinco años de persistente crisis económica, cuyo fin todavía no se vislumbra, la renta media de los españoles, que en 2012 se situó en 18.500 euros anuales, ha caído hasta situar el poder adquisitivo por debajo del que teníamos en 2001.
El paro, las reducciones salariales y los recortes en los servicios y subvenciones públicas han provocado un importante retroceso en las rentas medias y el hundimiento de los ingresos de las bajas. A ello hay que añadir un aumento de los precios de más de un 10% desde 2007 que castiga en mayor proporción a quienes menos tienen. Once millones de españoles se encuentran ya bajo el umbral de la pobreza (ingresos inferiores al 60% de la renta media), tres millones viven en condiciones de pobreza extrema (menos de 3.650 euros de ingresos al año) y el número de hogares con todos los miembros en paro alcanza ya 1,8 millones.
Lo más grave es que, junto a este empobrecimiento, se está produciendo un aumento de las desigualdades sociales. Pero el crecimiento de la brecha social no es solo consecuencia de la recesión económica. Es fruto de las políticas económicas de corte neoliberal que triunfaron a partir de los años ochenta. Entre 1995 y 2007, los años de burbuja inmobiliaria y el dinero fácil, las desigualdades no disminuyeron en España. Al contrario, pero la crisis las está agravando ahora de forma alarmante. Desde 2007 la brecha entre los ingresos del 20% de la población con mayor renta y el 20% de renta inferior se ha incrementado en un 30%.
Durante varias décadas, la población española ha podido vivir con alivio y orgullo el gran salto en la calidad de vida y el progreso social que se producía de una generación a otra. No solo aumentaba la prosperidad general, sino que disminuían las desigualdades. Pero el ascensor social se detuvo a mediados de los setenta y muchos españoles ven ahora el futuro con miedo porque temen que sus hijos, no solo vivan peor, sino que también estén más desprotegidos frente a la enfermedad y el infortunio.
Es necesario aplicar con urgencia políticas activas destinadas a evitar que la pobreza aumente y se cronifique. Seguir insistiendo en las políticas de austeridad y recorte prescindiendo de los efectos sociales que tendrán a largo plazo puede acabar siendo suicida, porque no solo compromete el bienestar del presente, sino las posibilidades de progreso de las futuras generaciones. Las sociedades con mayor desigualdad no solo son más infelices y tienen un menor índice de desarrollo sino que también tienen más dificultades para crecer.

jueves, 28 de marzo de 2013

Con el dinero defraudado al fisco cada año se financiaría el sistema de salud




Para situarnos adecuadamente, comencemos por recordar algunos datos. Según el documento elaborado por la nada sospechosa PricewaterhouseCoopers, SL (PwC), denominado Diez temas candentes de la sanidad española para 2012, y citando fuentes de la OCDE y del Banco Mundial, en España el gasto sanitario per cápita en 2009 era de 3.067 dólares, frente a los 3.233 dólares de media en la OCDE, es decir, un 5,1% inferior. Con ese nivel de gasto, y siempre respecto a esta misma media, nuestro país disponía de un número ligeramente superior de médicos, casi la mitad de enfermeras, significativamente menos camas por cada mil habitantes, menos unidades de resonancia magnética y menos unidades de tomografía computarizada. En cambio, disponíamos de un mayor número de consultas externas y donde se disparaba nuestro gasto era en el gasto farmacéutico per capita (529 dólares frente a los 487 de media de la OCDE).
Ese era, para bien y para mal, el paisaje que se dibujaba en nuestro sistema sanitario a la luz de los datos, un sistema que, con sus virtudes y carencias, situaba a nuestro país, según los últimos estudios publicados en este sentido por la Organización Mundial de la Salud, referidos a 2000, en el séptimo puesto mundial, muy por delante de otros países como Alemania (en el puesto 25) o Estados Unidos (en el 37). Este estudio obtuvo tantas críticas, de quienes no salían especialmente favorecidos en la foto, que no ha vuelto a reeditarse, pero casi nada ha cambiado.
Es inadmisible que, aprovechando la crisis,
se desmantele un
sistema modélico
Lo que admite poca discusión es que el grado de satisfacción con que cuenta el sistema sanitario público en España es elevado. Un sistema que no solo es valorado desde un punto de vista técnico y profesional, sino por lo que representa desde el punto de vista de la igualdad y de la justicia social y por lo que aporta en el ámbito más básico de nuestras necesidades humanas. Tanto es así, que ni siquiera el Plan de Medidas de Garantía de la Sostenibilidad del Sistema Sanitario Público de la Comunidad de Madrid, origen de las últimas movilizaciones en el sector, se atreve a cuestionar su calidad. Por el contrario, para justificar su reforma privatizadora lo que argumenta es lo siguiente: “Tenemos una sanidad pública excelente, de calidad, que llega a todos, pero en la actual situación no tenemos ingresos suficientes para que todo siga funcionando exactamente igual. Podemos obtener los mismos resultados, o mejorarlos, pero tenemos que hacerlo de otra manera”.
¿Y cuál es esa otra manera? Por supuesto privatizando. De momento seis hospitales construidos en 2008 y un 10% de los centros de salud. Es decir, que aunque nuestra sanidad pública sea excelente y de menor coste que la media de países de nuestro entorno, como nuestros ingresos son bajos, lo que hay que hacer es cambiar de modelo. ¿Y no sería más lógico cambiar nuestro modelo tributario y luchar de verdad contra las grandes bolsas de fraude fiscal para obtener más ingresos? Aunque me repita, y seguiré haciéndolo hasta que alguien me rebata estos datos o todo el mundo los conozca, según Eurostat los ingresos públicos en relación con el PIB están en España nueve puntos por debajo de la media de la zona euro. Estamos por tanto hablando, con un PIB de más de un billón de euros, de una brecha que nos supone dejar de ingresar unos 100.000 millones al año, de los cuales, según el estudio realizado por la consultora i2 Integrity, nada menos que 70.000 millones corresponderían al fraude fiscal. ¡Y lo único que se les ocurre a algunos es cambiar de modelo de gestión! Por cierto, como es conocido, la financiación pública del Sistema Nacional de Salud asciende a 68.000 millones de euros. ¿A que podrían salirnos las cuentas?
Considerando este último dato, y mirándolo desde otra perspectiva, la verdad es que se entiende perfectamente este afán por encauzar nuestra sanidad hacia lo que algunos denominan eufemísticamente “colaboración público-privada”, porque donde se mueve una cantidad tan importante de dinero, lo que es indudable es que se presentan también oportunidades de negocio. Olvídense de la romántica imagen en la que un grupo de profesionales de la medicina y de la enfermería aúnan esfuerzos para hacerse cargo de la gestión de instituciones sanitarias, con los únicos fines de ejercer su trabajo en las mejores condiciones posibles y en beneficio último de los pacientes. ¿Saben ustedes quiénes están detrás de los grupos empresariales que gestionan los hospitales cuya gestión está actualmente privatizada en nuestro país? Según el artículo que publicó Luisa Lores el 8 de noviembre en nuevatribuna.es, y Guillermo Abril y Jaime Prats en EL PAÍS, el 6 de enero, gente como CVC, un fondo de capital riesgo británico con sede en Luxemburgo, o el fondo de inversión, también británico, Dogthy Hanson, o la sociedad Goodgrower, o el grupo BUPA International Health Insurance, la mayor compañía privada de asistencia sanitaria de Reino Unido, por no hablar de instituciones financieras como Caixa Catalana, la CAM y Bancaja / Bankia. Si exceptuamos a estas últimas, ninguno de ellos se caracteriza por meterse en negocios que pierden dinero. Lógicamente, como cualquier inversor, lo que buscan es obtener el mayor margen de beneficio posible, beneficio que para el Estado y los usuarios que lo pagan supondrá por supuesto un coste al que no tienen que hacer frente con el modelo público.
Como cualquier inversor,
las empresas de gestión
hospitalaria buscan el
mayor margen de beneficio
Lo que argumenta el Plan de Medidas de la Comunidad de Madrid es que el coste total de asistencia sanitaria en los hospitales con el modelo propuesto sería de 441 euros por habitante, frente al de los hospitales de gestión mixta, que es de 600 euros (700 euros en los de gestión directa). Pero ¿es posible este ahorro de coste, dentro del cual se incluye el beneficio de la empresa, sin que ello sea a costa de deteriorar significativamente tanto las condiciones laborales de los trabajadores sanitarios como las prestaciones a los pacientes? Es más, ¿de verdad saldrán al final esas cuentas? ¿O pasará lo mismo que con los hospitales construidos mediante colaboración público-privada? Según el informe de la Cámara de Cuentas de la propia Comunidad de Madrid, del 24 de septiembre de 2012, el Gobierno regional ha tenido que aprobar la entrega de más de seis millones de euros a las empresas concesionarias para evitar el riesgo de colapso financiero, y aún existen numerosos recursos contencioso-administrativos interpuestos por las mismas, reclamando distintas cantidades y pendientes de resolución judicial.
Todo lo anterior no significa que no haya que hacer nada para mantener nuestra sanidad al nivel que nos ofrece hoy. En este sentido, creo que lo más acertado sería profundizar en las líneas estratégicas acordadas por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, del 18 de marzo de 2010: control del gasto farmacéutico (modificación del sistema de precios de referencia, rebaja de precios de medicamentos genéricos y fijación de precios máximos para medicamentos de síntomas menores), establecimiento de un procedimiento de compras agregadas para el conjunto del sistema, desarrollo de estrategias educativas, informativas y organizativas que ayuden a moderar la presión asistencial.
Lo que no resulta admisible es que, aprovechando de forma oportunista la crisis que sufrimos, y que ha puesto al descubierto las insuficiencias de un sistema tributario irracional y agujereado por el fraude, comience a desmantelarse un sistema sanitario que a nivel mundial se toma a menudo como modelo. Mientras aquí hacemos esto, Obama fichó al anterior Consejero de Sanidad del Gobierno Vasco para que le asesore en sus próximas reformas.

El mal gobierno ha erosionado, sobre el fondo de la crisis, las instituciones representativas "La destrucción de la democracia"





En el 60º aniversario de la muerte de Stalin, conviene recordar la complejidad de su estrategia de destrucción de la democracia, llevada a cabo en los países ocupados por el Ejército soviético entre 1945 y 1948. A diferencia de Lenin, Stalin era consciente del apego de los trabajadores europeos a las instituciones representativas, algo que no había sucedido en la Rusia zarista. Allí el salto fue bien fácil. Había, pues, que desmantelar la democracia representativa desde su interior hasta alcanzar el monopolio de poder de los partidos comunistas, que acabara convirtiendo las “democracias populares” en sucedáneos de la dictadura del proletariado.
Desaparecida la URSS, la reducción progresiva del espacio democrático ha seguido un itinerario similar en las vías hacia el autoritarismo seguidas tanto en la Rusia de Putin como en la constelación chavista de Latinoamérica. Sin olvidar la vergüenza que para la UE representa la Hungría de Viktor Orban. Las elecciones sobreviven, pero mediatizadas por el creciente control desde el poder de las instituciones —jurídicas, militares— así como de los medios de comunicación, sustituyendo la limitación de mandatos por la perpetuación en el poder del líder carismático, una y otra vez reelegido a favor de un cerco a la oposición como el que en plena histeria registra hoy Venezuela, acentuado incluso tras morir Chávez.
En Europa occidental, sobre fondo de la crisis económica, la erosión de la democracia ha sido causada por el mal gobierno. Tanto en Italia como en España, el desenvolvimiento del proceso degenerativo ha sido de naturaleza fundamentalmente política, y en ambos casos ha provocado un divorcio perfectamente justificable entre la opinión pública y la clase política, con el efecto inmediato de quebrar la adhesión de los ciudadanos a la democracia representativa.
De nuevo entre nosotros “España real” frente a “España oficial”, instalada además esta sobre la basura de una corrupción con implicaciones políticas que afecta a los dos grandes partidos, PP al frente —Gürtel, Bárcenas, Sepúlveda— y que por consiguiente los mismos evitan cuidadosamente analizar, salvo cuando un escándalo sirve para atacar al adversario. Resulta además asombroso comprobar hasta qué punto desprecian las demandas bien concretas procedentes de la sociedad. Solo cuenta para los líderes, con particular incidencia catastrófica sobre el PSOE, llegar a las siguientes elecciones. Del PP, qué decir, salvo que únicamente rectifica —privatización de la sanidad— ante las incesantes movilizaciones. Estas siguen siendo el único cauce para defender la democracia.

Es aquí donde entra en escena el Movimiento 5 Estrellas de Grillo, en aplicación del criterio de oportunidad política. Como en 1917, como en la caída del sah. El protagonismo de la red parece hacer hoy realizable el sueño rousseauniano de eliminar la representación política, por una democracia directa que fije desde la base social las decisiones, la llamada democracia líquida. Solo que en 5 Estrellas, el movimiento está sometido a un centro de poder personal, Beppe Grillo, con la asistencia de su cerebro informático (Casaleggio). El antipoliticismo, de evocación ácrata, funciona en los nuevos grupos de afinidad locales (meet-up), pero, como se ha visto, no en las opciones estratégicas trazadas desde su blog por Papá Pitufo Grillo (él llama Gargamel a Bersani) y exigidas a diputados y senadores, sin posible disidencia: son transmisores, ahora con comisarios informáticos a su lado, para evitar fugas de conciencia. Sin atender a la gravísima situación italiana, el payaso-dictador ordena la eliminación de todo compromiso con las reformas; así el centro-izquierda de Bersani es su blanco principal y Berlusconi su gran beneficiario. Su consigna frente a los demás es “Vaffanculo!”. Él mismo se la tiene bien ganada; la desesperación social le ampara y legitima.En Italia, el marasmo viene de atrás, a partir de la crisis de la Tangentópolis en los noventa, y fue resuelta mediante la instauración de la “videocracia”, una forma degenerativa de poder asentada sobre la colusión entre intereses económicos, corrupción y monopolio de la imagen. Todo ello en manos de un auténtico tahúr de la economía, del sexo y de la política. Dispuesto, llegado el caso, como en la escena final de Il caimano, de Nanni Moretti, a hacer saltar todo por los aires si los jueces le condenan. Dado su predominio político desde 1994, la degradación alcanzó a todo el sistema, y ni siquiera los recientes esfuerzos del centro-izquierda por potenciar la democracia interna han logrado atenuarla.
La explosión de pluralismo de la red desemboca así en un grado máximo de manipulación, al servicio de una “democracia de la plaza pública” en torno a un Líder. A la destrucción de la democracia acompaña la inevitable deshumanización de los enemigos —políticos, prensa, sindicatos— para los grillini, y de estos en sí mismos, privados de capacidad de pensar y decidir.
Con Berlusconi lanzado al asalto y Monti encarnando la frustración, sorprende que incluso el presidente Napolitano haya perdido el rumbo, desde el día en que avaló implícitamente el asalto de los berlusconianos al Tribunal de Milán, llamando a capítulo a la magistratura. En el encargo para formar Gobierno, ha optado por la equidistancia, condicionando al máximo a Bersani. Berlusconi, exultante. Triste final de mandato y callejón sin salida.

La pertenencia a Europa no ha significado que se impongan sus estándares de razón y legalidad





Si según Karl Popper una sociedad abierta se caracteriza por ser “una asociación de individuos libres que respetan los derechos el uno del otro dentro del marco de la mutua protección proporcionada por el Estado y que logra, mediante la toma responsable y racional de decisiones, una vida más humana y rica para todos”, entonces España ha fracasado estrepitosamente.
Dejando de lado lo engorroso de la definición (incluida quizá la traducción del propio articulista), lo que ponen de manifiesto los últimos acontecimientos de presunta corrupción que han indignado hasta el límite a la opinión pública española (empezando con Iñaki Urdangarin, pasando por Amy Martin y Carlos Mulas y acabando con Luis Bárcenas) es que vivimos en un coto cerrado en el que los mayores enemigos de las sociedades abiertas, los Gobiernos, las partitocracias y las oligarquías económicas, han sabido sacar provecho de un viejo patrón organizativo de las sociedades mediterráneas llamado clientelismo, o caciquismo en su versión más castiza.
El clientelismo es, no nos engañemos, una variante o sucedáneo de la corrupción. Es una forma de organización social que se salta las fronteras geográficas, llamado rousfeti en Grecia y de la misma forma en Italia y Portugal, y une en un mismo destino a los países del sur de Europa y a los latinoamericanos. La principal consecuencia que el clientelismo tiene en la vida de los ciudadanos es que el acceso a determinados recursos es controlado por una serie de patrones, cuya condición viene determinada por tratarse de políticos, detentadores de poder económico o ambas cosas a la vez, que reparten dádivas a sus clientes a cambio de su apoyo. Es un fenómeno social con raíces profundas en nuestro país, heredado de los tiempos feudales en que una mayoría de la población campesina dependía de los latifundistas.

La pertenencia o proximidad a un partido facilita en España llegar a determinados puestos
La longevidad del fenómeno clientelista en una sociedad como la española solo puede explicarse como una carencia de capital social (usando el término del sociólogo francés Pierre Bourdieu, referido a la suma de los recursos con los que cuenta cada individuo en virtud de sus relaciones personales) de una mayoría de la población que carece de acceso a los centros de poder mediante un mercado libre, unas instituciones políticas representativas o un sistema legal igual para todos. Al individuo sin capital social no le queda más remedio que conectarse a redes de influencia buscando un atajo que le permita saltarse las barreras sociales. Este atajo puede consistir en entrar a formar parte de un partido político o, si se ofrece la posibilidad, aprovechar las conexiones familiares que uno tiene a mano.
El clientelismo, en suma, vendría a ser una respuesta a la persistencia de tradicionales estructuras sociales jerárquicas que alienan al individuo y caracterizan a las sociedades cerradas. Esta cruda naturaleza de las desigualdades sociales se expresa incluso en Norteamérica, paradigma de las sociedades abiertas, con el famoso dicho It is not what you know, it is who you know (“No es lo que uno sabe, sino a quién conoce”) que en román paladino vendría a equivaler que un buen enchufe vale más que una carrera.
En las sociedades regidas por una lógica clientelista los niveles de protesta tienden a ser más bien escasos. El individuo acepta las situaciones injustas, tiende a desconfiar del Estado y de las instituciones y a buscar la solución individual renunciando a la lógica, la racionalidad o la aplicación de las leyes. La lógica clientelista salpica a la sociedad en su conjunto y no solamente a los políticos o los empresarios. De la misma forma que determinadas empresas que querían beneficiarse de subvenciones o fondos públicos se aliaron con uno de los “patronos”, por ejemplo Iñaki Urdangarin o Luis Bárcenas and company, para compartir juntos el botín, el resto de los ciudadanos también tratan de saltarse las reglas del sistema. Que tire la primera piedra, por ejemplo, quien no ha conocido a alguien en lista de espera que, tras ponerse en contacto con un familiar o un conocido, ha logrado ser operado antes, pasando por encima de aquellos que se encontraban por delante de él en la misma lista desde la absoluta comprensión de sus allegados.
Lo cierto es que la vida de las empresas y cualquier organización en nuestra sociedad depende en gran medida de sus relaciones con el Gobierno o los partidos políticos que han asumido muchas de las funciones de los patrones individuales en el pasado. De hecho, los partidos políticos que, no olvidemos, se financian en buena parte con el dinero de los ciudadanos, son la piedra angular del clientelismo. No dejan de ser el equivalente contemporáneo, en términos de movilidad social, de lo que era el clero y la milicia en tiempos pasados al estar en muchos casos integrados por personas de escasa formación que ven en la política una posibilidad de progreso social en ausencia de otro tipo de méritos.
La indignación creciente de la opinión pública española no es solo un suceso puntual como respuesta a unos acontecimientos de corrupción y nepotismo que se acumulan en tiempo de crisis acuciante. Es sobre todo una reacción de hartazgo y de decepción ante una realidad indubitable: España sigue siendo una sociedad cerrada y dual como siempre ha sido aunque de vez en cuando se den algunos Antonios Alcántara (el personaje de Imanol Arias en Cuéntame lo que pasó). Si alguna vez hubo un ascensor que permitía el ascenso (y se supone que la caída también) social de los individuos, este se averió hace mucho tiempo. España sigue pareciéndose al reino en el que, parafraseando a la reina del relato Alicia en el País de las Maravillas, da igual que uno corra lo más rápido que pueda, ya que hay muchas posibilidades de permanecer en el mismo lugar.No era este necesariamente el caso de Carlos Mulas y Irene Zoe Alameda. Muy al contrario, ambos tienen doctorados en universidades de prestigio y son beneficiarios directos del célebre cierre de clase weberiano, es decir, del afán de las clases privilegiadas de subir los requisitos para poder pertenecer a ellas que en España hoy día se traduce, debido al descrédito de la universidad local, a que las familias pudientes manden a estudiar a sus chicos a universidades de élite generalmente norteamericanas para seguir manteniendo las distancias sociales. Para qué engañarse, cualquiera mínimamente versado en el mundo académico norteamericano sabe que obtener un doctorado en una universidad de prestigio, sobre todo si se viene del extranjero, depende tanto de los méritos académicos como de la solvencia económica. Pero incluso teniendo en cuenta sus favorables circunstancias de partida, Mulas y Alameda entendieron que la pertenencia o proximidad a un partido era un camino mucho más corto de acceder a determinados puestos adjudicados por criterios más políticos que profesionales (como por ejemplo el de director de la sede del Instituto Cervantes en Estocolmo o el de asesor del FMI). En lo que su caso no se distingue en absoluto de muchos otros es en la lógica cínica (alguno de los artículos de Amy Martin versaba sobre el hambre en Somalia) y familiarista (enchufar a la mujer) típica de las maniobras clientelares.
El viejo sueño de que la pertenencia a Europa impondría unos estándares en los que regiría la razón y la legalidad en nuestra sociedad parece haberse desvanecido. Ni siquiera la dictadura de la eficacia que parecía traer aparejada la globalización ha logrado alterar el sistema de relaciones que rige en nuestras instituciones. Desafortunadamente, como afirma el politólogo italiano Caciagli, el clientelismo tiene raíces profundas. Implica “un lenguaje, unos ritos, unos valores y símbolos, pautas de comportamiento y redes de relaciones aceptadas por una comunidad que comparte una mentalidad”. Se adapta bien a la mentalidad posmoderna siempre en búsqueda de soluciones flexibles orientadas a satisfacer las necesidades individuales, al declive de las ideologías, a la fuerza de lo local y a la personalización de la política. El cerrojo está bien echado y sus beneficiarios lo saben.

En sociedades con frágiles mecanismos democráticos, al individuo sin capital social no le queda más remedio que conectarse a redes de influencia buscando atajos para superar sus carencias. Y se impone la corrupción


Cifuentes, como la gran audacia de Aznar, que arriesgó su propia vida invadiendo Irak mientras apoyaba los pies en la mesa de cristal de uno de los más sanguinarios presidentes de la historia de los EEUU.



Cuando el PP, sus dirigentes, se sienten acorralados (las acciones de la PAH les debe estar tocando mucho las narices) utilizan la estrategia del desprestigio, que luego sus mamporreros mediáticos se encargan de difundir. El objetivo de esas estrategias, que siempre son las mismas, es intentar despistar al ciudadano y enardecer a las basas más ultras del partido (los mismos que gritan, insultan y zarandean a políticos que no son de su cuerda).
Cuando se pasan de frenada y alguien les planta cara, como Ada Colau, demuestran de la pasta de la que están hechos estos peperos en el poder, de la pasta de la cobardía. Como se pudo escuchar ayer, cuando la rubia a la que se hace referencia , reculó de manera cobarde ante la amenaza de una demanda.
Yo diría que con ese dinero han parado el desahucio de algunas familias. Unas cuantas. Y en cualquier caso, intentar que 500 familias al día no se queden en la calle.

Aún estoy esperando que me diga el PP qué ha hecho con los 40.000 MILLONES de euros (aclaro, 10.000 veces más dinero) que les hemos prestado todos. O cuándo van a devolver al heraldo público los 32 millones que nos robó Bárcenas gracias a ellos. O que Ana Mato, profesión señora de alcalde por aquel momento, me explique cómo sus hijos tienen payasos en sus cumpleaños, cuando hay niños en España que no tienen ni fiestas de cumpleaños. Que me expliquen dónde está el "welfare aquí" y cómo la bajada de 0,0000000000.... puntos en la prima de riesgo mejora la situación e esos ciudadanos que tanto les importan.

Y ya puestos, que me expliquen algo. Aunque sea mal y de forma torpe como De Cospedal. Que ya hace dos meses que no me explican nada.

Nos acabamos de enterar por la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, de que Ada Colau y en general todos los de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca son de la ETA. Acabáramos. Cifuentes es el caso más claro que conozco de que, contraviniendo la clásica boutade machista, no todas las rubias son tontas. Yo, en mi cortedad, consideraba hasta hoy que la única similitud entre la ETA y la PAH es que ambas organizaciones solo presentan cierta reticencia a abandonar sus respectivas armas. Pero por eso yo no soy rubia ni delegada del Gobierno. Ni tampoco de la ETA. Al final la realidad acaba desvelándote las razones ocultas de estas cosas menudentes que te privan de ciertos cargos públicos o privados.
Los gobiernos, dirigentes y adláteres mediáticos del PP siempre han sido grandes maestros a la hora de desambiguarnos las percepciones equívocas. Sin ellos jamás hubiéramos sabido que Rubalcaba es el 11-M en persona, que Aznar es un gran estadista,  ni que Corinna no es Pepiño Blanco ni trinca de las gasolineras, sino de las petroleras.
La derecha española ha cambiado poco desde los tiempos de la conjura judeo-masónica. En los tiempos bonancibles del añorado Franco, nuestra derecha había venido desarrollando una impecable capacidad de etiquetado con los enemigos, fueran los citados judíos o la pertinaz sequía. Cifuentes lleva razón. Ada Colau debe de ser de la ETA, pues ni siquiera respeta su propio derecho constitucional a una vivienda digna. Una persona que ni siquiera respeta ese apartadito de la Constitución, es que no es ni demócrata ni es nada. Es de la ETA, lo dicho. Y a lo que aspira, en vez de a tener una vivienda digna, es a vivir de gratis en la cárcel con el dinero de todos los contribuyentes.
Cuando Cristina Cifuentes dice de Ada Colau que es de la ETA, no es comparable, por ejemplo, a que dijera yo aquí que a Cifuentes solo le falta dejarse bigote para escribir Mein Kampf  y ponerse a incinerar judíos o, en el caso concreto que nos ocupa, darle vuelta y vuelta en la barbacoa a un par de desahuciados. Si yo dijera eso, podría ser llevado ante los tribunales de nuestra independiente justicia y ser castigado a pagarle el tinte de rubia a la Cifuentes durante los próximos 30 años. Pero cuando se dicen verdades tan incontestables como la expresada por Cifuentes, de que Colau es simpatizante de la ETA, presenta tal cantidad de pruebas irrefutables que no ha lugar a la participación de la ciega.
Si yo dijera, otro ejemplo, que Cifuentes es una ignorante fascista que ha reprimido de manera salvaje el derecho a manifestación del pueblo, también incurriría en tremendo delito de infamias y perjuraciones, si tal palabra existiere, y merecería inmediato ingreso en la Gürtel y en sus nuevas oficinas.
Ítem más. Si asegurara aquí que Cifuentes es tonta del bote de tinte, no solo estaría menospreciando una inteligencia que debemos medir más en la escala de Ritcher que por la de Wessler, sino que me arriesgaría a infravalorar el inmarcesible honor de esta delicada musa del mamporro educativo, que tantos réditos intelectuales ha aportado a los diez millones de votantes de nuestro partido en el gobierno.
La valentía de Cifuentes a la hora de denunciar la filiación etarra no solo de Ada Colau, sino también de todos los miembros de la PAH, unicamente tiene parangón, en nuestro pasado reciente, conNos acabamos de enterar por la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, de que Ada Colau y en general todos los de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca son de la ETA. Acabáramos. Cifuentes es el caso más claro que conozco de que, contraviniendo la clásica boutade machista, no todas las rubias son tontas. Yo, en mi cortedad, consideraba hasta hoy que la única similitud entre la ETA y la PAH es que ambas organizaciones solo presentan cierta reticencia a abandonar sus respectivas armas. Pero por eso yo no soy rubia ni delegada del Gobierno. Ni tampoco de la ETA. Al final la realidad acaba desvelándote las razones ocultas de estas cosas menudentes que te privan de ciertos cargos públicos o privados.
Los gobiernos, dirigentes y adláteres mediáticos del PP siempre han sido grandes maestros a la hora de desambiguarnos las percepciones equívocas. Sin ellos jamás hubiéramos sabido que Rubalcaba es el 11-M en persona, que Aznar es un gran estadista,  ni que Corinna no es Pepiño Blanco ni trinca de las gasolineras, sino de las petroleras.
La derecha española ha cambiado poco desde los tiempos de la conjura judeo-masónica. En los tiempos bonancibles del añorado Franco, nuestra derecha había venido desarrollando una impecable capacidad de etiquetado con los enemigos, fueran los citados judíos o la pertinaz sequía. Cifuentes lleva razón. Ada Colau debe de ser de la ETA, pues ni siquiera respeta su propio derecho constitucional a una vivienda digna. Una persona que ni siquiera respeta ese apartadito de la Constitución, es que no es ni demócrata ni es nada. Es de la ETA, lo dicho. Y a lo que aspira, en vez de a tener una vivienda digna, es a vivir de gratis en la cárcel con el dinero de todos los contribuyentes.
Cuando Cristina Cifuentes dice de Ada Colau que es de la ETA, no es comparable, por ejemplo, a que dijera yo aquí que a Cifuentes solo le falta dejarse bigote para escribir Mein Kampf  y ponerse a incinerar judíos o, en el caso concreto que nos ocupa, darle vuelta y vuelta en la barbacoa a un par de desahuciados. Si yo dijera eso, podría ser llevado ante los tribunales de nuestra independiente justicia y ser castigado a pagarle el tinte de rubia a la Cifuentes durante los próximos 30 años. Pero cuando se dicen verdades tan incontestables como la expresada por Cifuentes, de que Colau es simpatizante de la ETA, presenta tal cantidad de pruebas irrefutables que no ha lugar a la participación de la ciega.
Si yo dijera, otro ejemplo, que Cifuentes es una ignorante fascista que ha reprimido de manera salvaje el derecho a manifestación del pueblo, también incurriría en tremendo delito de infamias y perjuraciones, si tal palabra existiere, y merecería inmediato ingreso en la Gürtel y en sus nuevas oficinas.
Ítem más. Si asegurara aquí que Cifuentes es tonta del bote de tinte, no solo estaría menospreciando una inteligencia que debemos medir más en la escala de Ritcher que por la de Wessler, sino que me arriesgaría a infravalorar el inmarcesible honor de esta delicada musa del mamporro educativo, que tantos réditos intelectuales ha aportado a los diez millones de votantes de nuestro partido en el gobierno.
La valentía de Cifuentes a la hora de denunciar la filiación etarra no solo de Ada Colau, sino también de todos los miembros de la PAH, unicamente tiene parangón, en nuestro pasado reciente, con la gran audacia de Aznar, que arriesgó su propia vida invadiendo Irak mientras apoyaba los pies en la mesa de cristal de uno de los más sanguinarios presidentes de la historia de los EEUU. Ahí se ve dónde hay cojones. Eso un tío sin arrojo no lo haría ni borracho.
La PAH debería ser rebautizada como Ada Ta Askatasuna tras estas esclarecedoras y bellas palabras de Cifuentes, que siempre dice verdades tan grandes como los puños de los policías que envía a machacar los labios del pueblo cada vez que el pueblo intenta abrir la boca en la calle para demandar sus imaginarios derechos. Para que después a alguien se le ocurra decir que las rubias sois tontas, Cris, o sea. No cejes, que’jpaña te necesita. Ahí se ve dónde hay cojones. Eso un tío sin arrojo no lo haría ni borracho.
La PAH debería ser rebautizada como Ada Ta Askatasuna tras estas esclarecedoras y bellas palabras de Cifuentes, que siempre dice verdades tan grandes como los puños de los policías que envía a machacar los labios del pueblo cada vez que el pueblo intenta abrir la boca en la calle para demandar sus imaginarios derechos. Para que después a alguien se le ocurra decir que las rubias sois tontas, Cris, o sea. No cejes, que’jpaña te necesita.

viernes, 22 de marzo de 2013

"Morir por Decreto"



Así es, mientras nos ocupamos mucho de la candidatura olímpica y los saltos de trampolín, pero hacen mal a España las personas que insisten en enfermar y protestar pero rechazan fallecer, los desempleados, las víctimas de las hipotecas.....
Chungo está el panorama. Se me ocurre que deberíamos recoger firmas para externalizar a Cospedal&cia

Ayer un familiar acudió a la sección de Urgencias de la Fundación Jiménez Díaz con síntomas claros de lo que parecía un cólico nefrítico: dolor en los riñones y sangre al orinar. Después de cuatro o cinco horas muy divertidas retorciéndose en la sala de espera, pasó a la consulta, el médico palpó un poco aquí y allá, se rascó el coco y finalmente consideró que tampoco había que darle muchas vueltas. Decretó por ciencia infusa que tenía todas las papeletas de un cólico nefrítico y/o quizá de una posible infección, así que recetó Nolotil a saco y un antibiótico a ojo, diagnóstico que realizó en tres minutos escasos, sin hacerle pasar por rayos X y sin pedir siquiera un análisis de orina para descartar males mayores.
Si tenía una infección, bien, y si no, mejor. Hay otras posibilidades, eso lo sabe de sobra hasta un ignorante cum laude como servidor de ustedes, diplomado en hipocondría por la universidad del temor. Hablando de posibilidades, aquí sólo caben dos. O el tipo que lo atendió era un carnicero con bata que no habría durado once segundos en el equipo de House, o el hombre tenía que atenerse a la directiva de recortes que reservan las pruebas más elementales únicamente para pacientes de caza mayor. Así andan las cosas de la Inseguridad Social en el reino de España, año mariano del Señor de 2013.
No es una anécdota suelta, qué va. Por desgracia, esto es el Nolotil nuestro de cada día. En Castilla-La Mancha la Sanidad está siendo desmantelada al ritmo de un taller de desgüace hasta el punto de que de muchos buenos hospitales no va a quedar ni el nombre. Cospedales los van a llamar. En algunos centros, los servicios de radiología se han externalizado y derivado hacia clínicas privadas, para ahorrar gastos innecesarios, dicen, de manera que lo mejor es que el paciente se traiga de casa su propia radiografía, al carboncillo o a la acuarela, como mejor se le dé. Gracias a Núñez Feijóo, los enfermos de las provincias de Lugo y Orense harían bien en ir alquilando un cuarto en la capital o una parcela en el cementerio, lo que más cerca les pille.
En menos de un año, uno de los mejores servicios sanitarios del mundo va camino de convertirse en un tarot de curanderos digno de la mejor aldea africana, una novedosa consulta de adivinación en la que poco falta para que nos atiendan por teléfono y nos lean el horóscopo en vez de la tensión. A través de las redes sociales, cientos de médicos se están jugando el puesto por denunciar casos intolerables de negligencia. Todo merced a la gestión criminal de un gobierno que ha decidido cortar por lo sano, nunca mejor dicho, y a las veleidades de una ministra apellidada Mato que es capaz de multiplicar sus viajes, sus coches de lujo y sus fiestas de cumpleaños y de dividir sus pacientes según una sencilla regla de tres: los que se curan solos y los que nunca se van a curar.

la magnitud de la deuda que se está acumulando; ya es materialmente impagable






El pasado día 18 de este mes, el Banco Internacional de Pagos (BIP) actualizó unas series históricas sobre la deuda privada de cuarenta países. Los datos se refieren al sector privado no financiero que incluye a las empresas, hogares e instituciones sin ánimo de lucro y están tomados desde diferentes años de partida según los casos y después de haber tratado de homogeneizar las diferentes formas en que se han generado las deudas (la metodología y los datos de todos los países en formato Excel pueden verse en BIP, Long series on credit to private non-financial sectors).
Sorprendentemente, estos datos han pasado muy desapercibidos en los medios de comunicación a pesar de que son sencillamente escalofriantes y que, al menos desde mi punto de vista, llevan a dos grandes conclusiones. La primera, que el énfasis que se pone habitualmente en el peligro que supone la deuda pública (sin despreciarlo) es una cortina de humo para ocultar el principal cáncer que asola a la economía capitalista, y que es la deuda privada. Y la segunda, que este cáncer es tan grande que hace completamente insostenible al sistema porque éste no será capaz ni de amortizarla ni de hacerla desaparecer graciosamente.
De los datos que proporciona el Banco Internacional de Pagos para los diferentes países se pueden extraer resultados como los siguientes:
- La deuda privada de Estados Unidos (cuyo PIB es de unos 16 billones de dólares) era de 24,98 billones de dólares (millones de millones) a 30 de septiembre de 2012. Según los datos del BIP, este volumen de deuda es el doble del que había hace tan solo nueve años.
- La deuda de los países de la Eurozona computados era de 15,70 billones de euros (frente a un PIB de 8,7 billones) en la misma fecha, y también se ha duplicado en los últimos nueve años. El Reino Unido, que tiene una deuda privada total de 3,1 billones de libras (PIB de 1,4 billones), solo ha necesitado 7 años para duplicarla.
Por otro lado, los datos muestran que la evolución de la deuda en la inmensa mayoría de los países presenta algunas características comunes:
- La deuda privada en relación con el PIB ha aumentado extraordinariamente en casi todos los países, de representar alrededor del 50% del PIB en los años 60 o 70 del siglo pasado al 300% o incluso más de la actualidad.
- Aunque el porcentaje que representa el crédito que proporcionan los bancos sobre el total ha disminuido mucho a lo largo de los últimos años sigue teniendo una gran presencia junto al que proporcionan otro tipo de entidades financieras no bancarias.
- Finalmente, los datos del BIP señalan que el crédito a los hogares, que tradicionalmente era mucho más bajo que el que reciben las empresas, aumenta mucho en los últimos años, lo que claramente refleja la pérdida continuada de poder adquisitivo que hace que el recurso al crédito sea cada vez más necesario en mayor número de familias de casi todos los países.
Pero, sin duda, lo que merece una mención especial es la magnitud de la deuda que se está acumulando que ya es materialmente impagable. Así es; no hay posibilidad ninguna de que el sistema la absorba en la cantidad tan inmensa que ha alcanzado. No puede haber ingresos suficientes para pagarla sin que colapse el sistema capitalista.
Seguramente, muchas personas pensarán que no tiene sentido que los bancos y las entidades financieras en general sigan generando constantemente esos volúmenes tan grandes de deuda, que como hemos visto se duplican cada 7 o 9 años, sabiendo que no la van a cobrar nunca. Pero sí lo tiene y es muy importante conocerlo.
El secreto consiste (como hemos explicado Vicenç Navarro y yo en nuestro libro Los años del mundo. Las armas del terrorismo financiero, Espasa 2012) en que los bancos crean la deuda desde la nada, simplemente realizando meras anotaciones contables. Por tanto, no les cuesta nada generarla. Y, sin embargo, esa deuda está asociada a los intereses (es decir, a una retribución que pagamos a los bancos por darnos dinero que crean de la nada), de modo que los bancos siempre tienen un retorno suficiente como para obtener beneficios impresionantes y convertirse en los dueños del mundo sin necesidad de que se devuelva la totalidad de la deuda que han creado. Solo les basta con emitirla sin parar.
Gracias a los intereses, la deuda se autoalimenta: se necesita cada vez más deuda para pagar la deuda anterior. De hecho, la inmensa mayor parte de la deuda gigantesca que registran los datos del BIP (como la de todos los países) es deuda que ha habido que suscribir para hacer frente a la deuda previa que han generado los intereses que ha habido que pagar por una deuda generada por los intereses de deudas anteriores… y así sucesivamente, formándose de ese modo la espiral que condena a la inmensa mayoría de la humanidad al empobrecimiento.
En la antigüedad las deudas eran uno de los orígenes de la esclavitud. Hoy día creemos que ya está abolida pero es mentira porque la deuda sigue convirtiendo en una especie singular de esclavos, esclavos de facto, a cientos de millones de personas y familias en todo el mundo. La deuda les quita la libertad y los condena de por vida, nos ata y convierte a las sociedades en verdaderas prisiones.
La deuda es la forma de la nueva guerra mundial que la banca libra sin haberlo declarado contra la inmensa mayoría de la humanidad.
Hay que acabar con eso. Hay que abolir la esclavitud de la deuda y sabemos lo que hay que hacer para ello: principalmente, terminar con el privilegio irracional e inmoral que permite a los bancos crear dinero de la nada cada vez que dan un crédito. Eso es lo que los lleva, en su búsqueda constante del máximo beneficio, a presionar de mil modos para que el modo de producir y nuestra forma de consumir dependa total y artificialmente del crédito, que es su negocio.

jueves, 21 de marzo de 2013

un sitio en el que daba tanto gusto ir a trabajar como no ir,



 El mismo día, en el mismo periódico, y en la misma página, aparecen dos noticias: Una, que 17 directivos de la prácticamente quebrada Caja Madrid cobraron 71 millones de euros en los últimos cuatro años de la crisis, y el Presidente de la entidad, Miguel Blesa, 12,4 millones. Otra, que tres millones de españoles viven ya en la pobreza extrema, la renta familiar cae a niveles de 2001, se dispara la desigualdad entre ricos y pobres, y los recortes condenan a aquéllos con menos recursos.

Desde ayer Jesús Sepúlveda, exalcalde de Pozuelo y exmarido de Ana Mato, es también formalmente exfuncionario de la casa ‘popular’, dicho sea a la manera de Carlos Floriano, el verbo del PP y también su predicado. Es un día triste para lo que creíamos haber visto en este partido un marco idílico de relaciones laborales, un sitio en el que daba tanto gusto ir a trabajar como no ir, ya que Sepúlveda, como se nos informó en su día, cobraba sin pisar la sede. Primero fue Yahoo y ahora esto. Corren muy malos tiempos para el teletrabajo.
La vida del ex de la ministra de Sanidad no ha debido de ser fácil. Sobre él tuvieron que recaer por fuerza las principales responsabilidades domésticas, desde el suministro de vehículos de alta gama hasta los viajes gratis total a Suiza o Irlanda, pasando por la organización de las fiestas de cumpleaños de los niños, con payasos, globos y confeti incluidos. Se le reprocha haber contado con la ayuda del engominado Correa para estos menesteres, pero ¿quién mejor para organizar la comunión de los críos y ya de paso pagarla que quien tan de cerca había seguido la boda imperial de la hija de Aznar en El Escorial? Hay que ponerse en su pellejo: no podía contar con su esposa porque la pobre no se enteraba de nada y confundía un Jaguar con un secador de pelo, y debía recurrir a especialistas.
Hombre tan dispuesto y hacendoso siempre despierta recelos. Algunos les molestaba que tuviera criada ecuatoriana en casa, cuando era algo obligado por la incapacidad de Mato para percatarse de lo cotidiano, y a la que, por cierto, trataba como un miembro más de la familia: también ella viajaba gratis por la jeró gracias a Correa. A otros les sabía mal tanto regalo de la Gürtel, que ni siquiera la hoy ministra agradecía porque debía de pensar que los bolsos de Vuitton que llevaba habían crecido en el jardín junto a las petunias. A los menesterosos, siempre envidiosos del éxito ajeno, les sublevaba particularmente el despliegue payasil de sus fiestas, condenados como estaban a celebrar el cumple de los niños en el McDonald y ver allí un payaso en papel mache ya que uno de carne y hueso no habría podido atravesar el pasillo de sus viviendas con los zapatones puestos, de pequeñas que son hoy en día.
Imputado por estas menudencias, el bueno de Sepúlveda, un caballero español presto siempre a defender el honor de su exdama, había vuelto a su negociado en el PP, donde según Floriano, desempeñaba una labor multidisciplinar a distancia, “recibiendo las tareas que le encargaban los distintos departamentos”. No consta desde su reincorporación en 2009 queja alguna, por lo que hay que suponer que realizaba sus funciones con la diligencia debida y a plena satisfacción de sus superiores, especialmente de Rajoy, que no habría malgastado el dinero público –que es de lo que se financia el PP en un 90%, al menos teóricamente- en mantener a vagos, maleantes, delincuentes o chantajistas.
Cuando pensábamos que el PP siempre defendería ese Estatuto de los Trabajadores que, en palabras de Floriano, impedía despedir a un imputado por corrupción, Cospedal anunciaba incomprensiblemente el final de esta relación laboral tan satisfactoria para ambas partes. Todo se ha resuelto sin necesidad de ir a juicio, con largueza, como corresponde a un partido señor que dispara con pólvora de rey. Los 229.000 euros del despido improcedente los pagaremos entre todos, y lo haremos con gusto porque a una persona tan cumplidora y discreta no se le puede dejar con una mano delante y otra detrás, inerme ante la elevadas cuotas del seguro a todo riesgo de sus vehículos de gran cilindrada.

O todo esto es un sueño y Alicia volverá al pais de las maravillas de la mano de prestigiosos banqueros que impediran corralones en virtud de su buen hacer malpagado.




A mi juicio, intentan la UE y Chipre que no se asusten los grandes capitales y no huyan, pero chocan contra la realidad de las próximas elecciones en Alemania y que el elector alemán no está dispuesto a ser el pagano de esta crisis. Con razón. Lo menos peor es dejar caer los bancos sin piedad. Se aseguran los depósitos hasta cien mil euros y se pagan con los activos de los bancos. Si la deuda griega que éstos tienen a cascoporro no es suficiente, pues lo pone la UE que para eso lo aseguró. Pierden los inversores de los bancos y los depositantes de mas de cien mil -qué pena- y el sistema financiero del país. Un nuevo banco sólido y bien llevado, y a vivir que son dos días. Los banqueros a la cárcel, los políticos que consintieron también. Todo lo que no sea eso, será hacer pagar a los ciudadanos de la UE, y no solo a los chipriotas, la mangancia de todos estos sátrapas-----

Un tonto con estudios es un tipo que está convencido de que golpeando una y otra vez a un mono de goma éste acabará por hablar. Los dirigentes de la llamada Troika (Unión Europea, Banco Central y FMI) que decidieron el pasado fin de semana atracar a todos los chipriotas incautando una parte de sus ahorros y que un día después rectificaron y decidieron atracar sólo a una parte de los chipriotas, no a todos, y ello después de haber desencadenado la inquietud cuando no el pavor del resto de ciudadanos del sur de Europa, esos tipos no pueden ser muy listos.
De ellos bien pudiera decirse aquello de que ‘lo que natura no da, Salamanca no presta’. Puede que entiendan de contabilidad, pero no entienden de política. Ni de personas. Ni de sentido común. Ni, por supuesto, entienden de ética. O como mucho, entienden de ética sólo cuando tratan con los poderosos, pero nunca cuando lo hacen con países pequeños, empobrecidos e indefensos como Chipre.
Basta leer sobre el asunto para entender hasta dónde llega la sabiduría de estos cráneos privilegiados de la Troika. Si formaran parte de un Gobierno elegido por los ciudadanos, a estas horas ya habrían tenido que dimitir y sus carreras políticas estarían arruinadas de por vida. No sucederá tal cosa. E incluso debe seguir habiendo mucha gente en Europa que todavía crea que no serán tan tontos si han llegado tan lejos. Pero si todavía tienen esa confianza de tanta gente es simplemente porque todavía están en el poder, y al poder siempre va incorporado de fábrica un cierto carisma, una cierta inteligencia, un cierto plus de credibilidad, independientemente de lo soso o lo tontaina que sea quien lo ostenta. Es cuestión de tiempo, pues, que acabe siendo evidente para todo el mundo que el rey estaba desnudo.
Las recetas económicas aplicadas cada vez con mayor virulencia y cinismo a los países europeos con problemas son un fracaso que está provocando un inmenso dolor a millones de personas. Chipre es un mono de goma. Grecia es un mono de goma. Portugal es un mono de goma. España es un mono de goma. Les pegan una y otra vez y cada vez con más fuerza, pero no hablan. No hay noticias de que un mono haya hablado alguna vez. De lo que sí las hay es de que de cuando en cuando muerde. O les mordemos de una maldita vez a todos estos tontos con estudios o estamos perdidos.
Pues tampoco vamos a saber si con IU nos iría mejor, viviríamos felices y comeríamos perdices porque todo el mundo sabe que quien genera riqueza es la derecha, lo saben los 100.000 ancianitos que disfrutan de las "preferentes", lo saben los 6.000.000 de parados, lo saben los 2000.000 que no cobran nada de prestacion, lo saben los inversores, sí, los inversores, atrapados en cuatro empresas suspendidas: Pescanova, Fadesa, Reyal Urbis y Renta Corporacion, y no lo vamos a saber porque de ello se encargarán condenados por injurias como ese nuevo fichaje de Intereconomia y la cope, nos mantendrán informados para que podamos saber lo que quieran que sepamos y dar la vuelta al calcetin a lo que no quieran que sepamos.

O todo esto es un sueño y Alicia volverá al pais de las maravillas de la mano de prestigiosos banqueros que impediran corralones en virtud de su buen hacer malpagado.