martes, 15 de enero de 2013

El “grado de dolor que puede aguantar la población”



Pues yo no veo el país tan mal 

veo un montón de parlamentos ,llenos de corbatitas que van allí a pasar el rato ,dándose la charleta unos a otros ,saliendonos por una pasta gansa ,luego salen y se van de tapas todos juntos 

veo un montón de ayuntamientos ,con una buena corporación municipal ,que No teniendo casi vecinos para gestionarles servicios ,siguen mamando del dinero de la ciudadanía ,como siglos antes ...

veo como las diputaciones,las cuales ahora las domina el PP ,las va potenciar ,en vez de eliminarlas ,en este siglo no pintan nada ,

siempre y cuando las competencias fuesen desarrolladas por las propias CCAA y la sede comarcal ,que se debería crear ,borrando del mapa un montón de chupones 

tantos comarcas como partidos judiciales y sería suficiente ,así no habría que cerrar URGENCIAS en el rural 

veo el senado con 246 mangantes ,inútiles ,mientras que EEUU tienen 100,POR EJEMPLO

veo una monarquía que cada tiene más miembros y extiende la aristocracia ,con nuevos marquesados etc y no contentos con ser mantenidos ,nos roban directamente....

o sea que no ESTAMOS TAN MAL ...HOMBRE !!!!! los votasteis ?¿?,ahora disfrutarlos ,tiempo tendreis



Grecia saldrá del euro en 2013 y España en 2014, y será el paro y la incapacidad de ambos países de crear empleo el motivo del ‘nuevo Lehman’, que provocará una caída de 9 meses en los mercados antes de experimentar un fuerte rebote, como ocurrió en 2008.
Al menos eso defiende Charles Robertson, de Renaissance Capital, en su último informe macroeconómico en el que argumenta que el proceso será “rápido” e “impredecible” y recuerda cómo, durante la Gran Depresión, países con tasas de desempleo similares a las que sufre actualmente España abandonaron los tipos fijos del patrón oro para superar la crisis. España necesita la devaluación para ser competitiva y volver a crecer, como en los años 80, cuando con un paro del 20% se sirvió de debilitar la peseta para ayudar a crear puestos de trabajo.
Una tesis que dista mucho del momento de complacencia que viven los mercados y especialmente España, alimentado por algún dato positivo, un desplome de los costes de financiación, el rally del Ibex 35 y la pérdida de fuerza de la petición de rescate.
La clave está en el “grado de dolor que puede aguantar la población” y asegura que se va a “poner a prueba la fortaleza y resistencia de los españoles como nunca antes en la historia se ha hecho con una sociedad”.
Robertson parte de la previsión del Fondo Monetario Internacional del pasado mes de octubre, cuando aseguró que el crecimiento máximo que España puede esperar en 2017 es de apenas un 1,7%, muy bajo para que el país pueda crear empleo -teniendo en cuenta que desde 1981 el paro no ha disminuido con crecimientos inferiores al 2,5%- incluso asumiendo que la reforma laboral rebaje ese crecimiento al 1,5%-1,7%. De hecho, con estos números, la firma de inversión avisa de un paro cercano al 30% dentro de cuatro años. 
Incluso si se atiende a las previsiones de la Comisión Europea o de la OCDE, con tasa de desempleo del 26%-27%, lo cierto es que los españoles van a llegar a 2014 sin ningún tipo de esperanza de mejora y, aunque realmente la economía comience una fuerte recuperación para entonces, sus efectos no se sentirán en la población hasta más adelante.
Por ese motivo, asume que los españoles –que ya mostraron su enfado contra el Gobierno anterior con un descalabro histórico del PSOE en las urnas en 2011- constatarán que “Mariano Rajoy les ha fallado” y “la gente tomará las calles para exigir el cambio”. Aun si el Partido Popular aguantara hasta las elecciones de diciembre de 2015, “es difícil que el electorado tenga paciencia” y si bien en estos momentos no hay alternativa política, “tampoco nadie en Grecia había oído hablar de Alexis Tsipras antes de mayo de 2012, y en junio era uno de los candidatos plausibles a primer ministro”.
Los antecedentes del patrón oro
Aunque esta situación parece descabellada, una de las cosas que nos ha enseñado la historia es que el abandono de un régimen de tipo de cambio fijo es algo completamente impredecible, incluso con tres meses de antelación.
Así, por ejemplo, el presidente Franklin D. Roosevelt prometió no sacar a EEUU del patrón oro durante la campaña de las elecciones de 1932 y al poco de llegar a la Casa Blanca la situación económica del país le obligó a ello. Lo mismo ocurrió en el Reino Unido en 1931, después de que el gobierno de coalición se viera abocado a llevar a cabo fuertes recortes, como el de los salarios públicos; o en los Países Bajos, que con un paro del 32,7% hizo lo propio en 1396.
“Actualmente nos encontramos en el momento equivalente a 1934, un año después de que EEUU abandonara el patrón oro (con un desempleo de entre el 21% y el 25%) y tres años después de que el Reino Unido liderara a un número de países europeos en la salida del tipo fijo del oro”, asegura Robertson. “Estos países, desde Suecia a Reino Unido, sufrieron menos la Gran Depresión, mientras los que devaluaron más tarde, Francia, Países Bajos y Polonia, sufrieron más tiempo”.
Todo esto, trasladado al momento actual, nos viene a decir que no debemos preocuparnos en exceso por Irlanda, Portugal o Italia, con tasas de paro de entre un 15,5% y un 10,6%, y sí por España y Grecia.
Grecia comenzará la recuperación antes que España
De hecho, si el experto fija en 2014 la salida de España del euro, Grecia tiene el camino de su salida más avanzado y se producirá tan pronto como este mismo año, con la caída del Gobierno provocada por una población que ya no puede aguantar más el estrangulamiento de los recortes impuestos desde Bruselas y la llegada de Alexis Tsipras al poder.
Así, después del shock inicial, con el normal caos económico posterior a una devaluación y un default -que no será tanto ya que los inversores han venido progresivamente reduciendo su exposición sobre el país- y que se podría traducir en caídas de entre un 10% y un 20% en las bolsas durante un trimestre, “para finales de 2014, la recuperación de exportaciones griegas habrá comenzado y el fuerte crecimiento y la creación de empleo en 2015 será tentador para España, como elboom de Reino Unido y Alemania a mediados de 1930 lo fue para los Países Bajos o Francia en 1936”.
Respecto a la posible oposición de Alemania a una ruptura del euro y las teorías que apuntan a que el motor de Europa necesita una moneda débil y que la revalorización de la divisa destruiría su competitividad, el analista de Renaissance Capital argumenta que “Alemania es un país de ahorro” y esto significa que “esos ahorros proveerán de una fuente barata de financiación al sistema bancario y, en consecuencia, al sector privado, que invertirá en ser más eficiente”. De hecho, con la apreciación del marco en los años 80 frente al dólar, que pasó de los 3,2 a los 1,5 dólares, la base exportadora de Alemania no se destruyó.
Por otro lado, sobre las palabras que el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, pronunció en agosto acerca de la irreversibilidad del euro, y que hará todo lo que sea necesario y "será suficiente", que se materializaron en el anuncio de un programa de compra de bonos en septiembre, Robertson asegura que “el apoyo del BCE es más una aspirina, que una cura” y asegura que “lo que realmente necesita España, y lo que necesita cualquier país cuando su economía es débil, son tipos de interés negativos en términos reales”.
El espejismo de los últimos brotes verdes
Así, sobre los últimos brotes verdes que se empiezan a ver en forma deproductividad y balanza comercial, el experto asegura que la mejora de los costes laborales procede en parte de la caída de los salarios, pero también del aumento del desempleo al 25%. “Si el paro subiera al 50%, el dato sería probablemente mejor aún, pero no es políticamente sostenible. España necesita creación de empleo, y urgentemente, y eso no está en el mandato del BCE”. Y es que también la productividad creció durante la Gran Depresión…
En cuanto al aumento de las exportaciones de bienes y servicios, estas representan un 35% del PIB, lo que supone poca variación desde el 34% en 2011 o del 32% en 2001. Y el PIB ha caído un 15% desde 2007. “El aumento de la balanza por cuenta corriente de en torno al 2% del PIB desde un déficit del 10% parece positivo, pero se debe al colapso de la demanda interna, lo que supone que España no saca capital fuera del país, pero tampoco entra”.
Con todo, la cuestión más importante para los inversores de cara a los próximos años es si España abandona la Eurozona. Si finalmente ocurre, como asegura Robertson, veremos una reacción similar en los mercados a la que ocurrió en el último trimestre de 2008 tras la quiebra del banco de inversión estadounidense Lehman Brothers, en septiembre de ese año, con desplomes del 50% en la renta variable, para después rebotar con fuerza entre los tres a nueve meses siguientes. En este escenario, muchos bancos tendrán que ser nacionalizados y el mundo experimentará otro shock económico global.

jueves, 10 de enero de 2013

No son la Cosa Nostra, son La Cosa Suya. Pornopolítica S.L.



"Los tiranos demostraban su largueza con el cuarto de trigo, el sexto de vino y el sextercio, y entonces era lastimoso oír gritar: ¡VIVA EL REY! Los torpes no se daban cuenta de que no hacían más que recobrar parte de lo que era suyo, y que lo que recobraban no se lo hubiera podido dar el tirano si antes no se lo hubiera quietado a ellos mismos". Etienne de La Boëtie, Discurso de la servidumbre voluntaria, 1576

Han convertido la política en un negocio, en una Sociedad Limitada de la que los políticos implicados y sus círculos de relaciones obtienen beneficios casi ilimitados. La han convertido en un medio de enriquecimiento privado y una forma de saqueo de lo público que nos empobrece a todos. Son una mafia que se reparte nuestro dinero y nuestros servicios y comparte favores, amparo y empresas. No son la Cosa Nostra, son La Cosa Suya. Lo nuestro es suyo y la política no es un fin sino su lucrativo medio de vida.
Nos roban pero no llevan pistolas, llevan papeletas de voto. Nos roban a golpe de decreto. Y lo hacen amparados por una masa que les vota ciegamente, por un sistema electoral que blinda la corrupción y por algunos tribunales que actúan como cómplices. Vamos, lo que viene siendo un sistema corrompido de los pies a la cabeza que no le importa esconder sus vergüenzas. Es obsceno. Es obsceno lo que ganan, cómo lo ganan y cómo salen impunes. Es Pornopolítica S.L.Nos muestran cómo nos follan sin esconder detalle.
Por todas partes. Miren a Rodrigo Rato. Aún está imputado en los tribunales por sus presuntas prácticas engañosas a clientes y su dudosa gestión y le hace un contrato millonario Telefónica, curiosamente la empresa que terminó de privatizar el Gobierno del PP en el que Rato era vicepresidente. Otra indecencia de la pornopolítica: premian con un puestazo a uno de los responsables de que mucha gente vaya al paro o la estén echando de su casa.
Pero así actúa el holding político empresarial. Hoy por ti, mañana por mí. Y a los demás, que les jodan que diría Andrea Fabra. Es el pago por los servicios prestados. Cuando más les necesitaba don Rodrigo, le echan un cable, nunca mejor dicho. Esto sí que es un rescate y no el rescate a la banca. El rescate a la banca que Rato ayudó a hundir nos está costando la vida, el rescate a Don Rodrigo le va a reportar 100 mil euros anuales. Telefónica le devuelve el favor de haber contribuido a privatizarla. Ahora Telefónica es una de las empresas que más sigue creciendo y en 2010 consiguió el mayor beneficio obtenido nunca por una compañía en España. En plena crisis.Mientras naufragamos, ellos van viento en popa.
Telefónica también es la empresa con más desigualdad del país. ¡Sus directivos cobran 103 veces más que el empleado medio! Tienen sueldos estilo Rato: 2,7 millones anuales. Y el año pasado hicieron un ERE a más de 6.500 trabajadores. Pues eso, la estafa de la crisis: unos políticos venden España, sus amiguetes hacen negocio con ella, el país se hunde, los amiguetes rescatan a los políticos (y viceversa) y los trabajadores pagan las consecuencias.
Esos beneficios podrían haber sido para todos nosotros. Es más, con las ganancias de las empresas de energía y telecomunicaciones privatizadas, hubiéramos evitado los recortes, al menos muchos de ellos. Solo con lo que ganaron en 2011 (más de 12 mil millones) nuestro temido déficit que nos lleva por la calle de la amargura bajaría al 3,3% por debajo del 3,6 exigido por Europa que ha provocado la sangría. Nos sacan la sangre para hacerle una transfusión a los vampiros.
No hay que ser muy listo para saber por qué quieren privatizar ahora la Sanidad en Madrid y luego donde puedan. Un simple vistazo muestra cómo la mafia política y empresarial trapichea con nuestra salud. Hoy por ti, mañana por mí. Hoy te vendo infraestructuras pagadas durante décadas por los ciudadanos, mañana me das un puesto de consejero. O te lo doy yo a ti en la empresa pública para que el saqueo sea completo. Y te pongo un buen sueldo. Los directivos de empresas públicas, es decir, los cargos puestos a dedo, han ganado un 50% este año aunque el Gobierno dijo que les había rebajado sus honorarios un 30%. Ocultaron que semanas después Hacienda había autorizado con sigilo cuantiosos complementos.
Nos roban y nos engañan. Y cuando les pillamos, la mafia mueve sus hilos y llega incluso hasta los juzgados. La desesperante maquinaria judicial española ha tardado 14 años en llegar a la conclusión de que Uniò, el partido que dirige Durán i Lleida, se financió irregularmente con dinero público destinado ¡a los parados! Otra obscenidad de la Pornopolítica S.L. Violan a los más débiles. Y salen indemnes. Política y judicialmente. La fiscalía y la defensa han llegado a un acuerdo para que devuelvan el dinero y se libren del juicio y la cárcel. Durán también se libra de dimitir. Esto es eyacularte en el rostro y restregártelo por la cara.
Las consecuencias de este saqueo generalizado son devastadoras, no sólo para nuestros bolsillos sino para los ya desaparecidos Estado de Derecho y del Bienestar. Están dejando la política tan empobrecida que ya nadie da un duro por ella. Y la política es más necesaria que nunca para frenar la voracidad de los mercados y de los políticos codiciosos.
Cuando el rey habló de la “política grande” en su discursito navideño imagino que se refería al tamaño de los negocios y sueldos de los peces gordos de la mafia Pornopolítica S.L. O mejor dicho, XXL. Parafraseando al banco que dirigió a la deriva Rodrigo Rato, “Hazte Político”. O hazte amigo de político. Si no, vas de cráneo.

Malditos sean los gobiernos de España y de la Comunidad de Madrid.


Cuando especulativo solo significaba filosófico para la mayoría, cuando hoy vamos entendiendo dolorosamente que es lo más traumáticamente efectivo que existe...
http://enjuaguesdesofia.blogspot.com


Hermosas palabras, aunque hieran. Desvelar hermosamente los entresijos ocultos de la realidad que vivimos lleva a penetrar más hondo. Yo tampoco entiendo la separación entre literatura y política, y más bien echo en falta las palabras necesarias de los muchos que callan.
Pasar de la conciencia del acaecer propio a la consciencia del avatar común no es fácil. Muchas personas están tan apesadumbradas por su situación precaria que no tienen apenas posibilidad de abrir los ojos a otra cosa. Ahí está el lugar de las palabras de quienes todavía pueden hablar, para orientarlas, consolarlas, darles perspectiva y animarlas a la acción común que resuelva los problemas comunes. Hacen falta más palabras, muchas palabras, para ayudar a la gente a que se rebele contra la servidumbre.



La crisis está disparando a la multitud. No pasa un día sin que nos encontremos con un amigo que se ha quedado en paro o que ha tenido que cerrar su negocio. No pasa una conversación sin que afloren los problemas de un hijo, un enfermo o un jubilado. La gente vive de forma inmediata su problema o su incertidumbre individual, pero tarda en tomar conciencia de la degradación colectiva de la sociedad. Asistimos a un desgarrón histórico grave, un giro de rumbo en el que derechos decisivos están siendo desmantelados.
¿Es culpa del sistema? La verdad es que vivimos en un sistema que nos empuja a la degradación. El capitalismo especulativo genera mucho dinero, pero acumulado en pocas manos. No crea riqueza para la gente común. Al contrario, su imperio depende hoy del paulatino empobrecimiento de la sociedad. El sistema desprestigia y desmantela las pensiones públicas para alimentar el negocio de las pensiones privadas. El dinero de las pensiones privadas se desvía a los fondos de inversiones, y son estos fondos los que se apoderan, por ejemplo, de multinacionales como Capio Sanidad. Lejos de ver la salud como un bien personal y social, las multinacionales sólo atienden a su negocio y someten la esperanza de vida de las personas a sus cuentas de resultados.
Este sistema es una cabronada, desde luego, y parece difícil imaginar hoy de modo racional una salida digna a la crisis sin una transformación profunda del dichoso sistema. Pero a la hora de exigir responsabilidades conviene ser flexibles, o sea, conviene entrar en destalles. Las culpas del sistema, con su fatalidad abstracta, no empequeñecen las responsabilidades de los gobiernos concretos, de los especuladores de carne y hueso y de los ciudadanos sometidos a la condición de siervos. La servidumbre no se acepta.
El sistema no podría marcar una vertiginosa degradación de los ciudadanos y negocios como Capio Sanidad no podrían jugar con la vida de las personas si no hubiese gobiernos dispuestos a privatizar la sanidad pública. Yo no entiendo otro patriotismo que el de los derechos civiles. Uno de los emblemas del patriotismo español ha sido para mí, además de la poesía y la vida nocturna, la sanidad pública. Si no hubiese gobiernos y partidos dispuestos a poner nuestra sanidad en manos de Capio, es decir, a poner en venta la nación, el sistema no estaría agrediéndonos con esta impunidad que disfruta ahora. Malditos sean los gobiernos de España y de la Comunidad de Madrid. Moverse hacia una estructura más cara y peor no es sólo culpa de un sistema. Es decisión de un Gobierno. La servidumbre no se acepta.
La vida nos condena a la busca. Todos tenemos que trabajar o que buscar trabajo. Pero hay trabajos y trabajos. Que existan fondos de inversiones dispuestos a hacer negocio con la salud de un país o a especular con los alimentos y el hambre, es muy propio de este sistema. Pero sería imposible la agresión que sufrimos sin empresas como Capio Salud o sin especuladores de carne y hueso. Malditos sean, no por el sistema al que pertenecen, sino por su complicidad concreta. La servidumbre no se acepta.
Y es que la complicidad de las personas es fundamental para que los especuladores hagan negocio y el sistema imponga su imperio. Complicidad al especular y complicidad por no defenderse, por aceptar las cosas con pasividad, por no pasar a la acción, por no imaginar alternativas cívicas y políticas que pongan freno a la rapiña. Nosotros también somos el sistema y las responsabilidades, aunque en distinto grado, están compartidas.
Escribo este artículo en un tono tan descarnado por dos motivos. En primer lugar, porque quiero hacer un homenaje a los profesionales de la sanidad madrileña que han levantado una marea blanca en legítima defensa no ya de su trabajo, sino de un derecho clave para todos nosotros. La sociedad debería corresponder con una movilización generalizada en su apoyo. La servidumbre no se acepta.
El segundo motivo es de orden literario. Algunos amigos -académicos, líricos o simples cortesanos-, me han aconsejado en los últimos tiempos que me aleje de la política. ¡Estoy demasiado comprometido! ¡Estoy manchando mi obra, mis poemas de amor! No tengo tiempo ahora de explicar lo cerca que siempre han estado a lo largo de la historia las camas de hospital y los lechos de amor. Por eso me limito a recordarme a mí mismo que San Juan de la Cruz, Quevedo, Jovellanos, Espronceda, Unamuno, Antonio Machado, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pablo Neruda o Miguel Hernández sufrieron torturas, cárceles, exilios o penas de muerte por su compromiso humano y político. Si yo no me siento inmortal, no es por mi cercanía a la política, sino por los versos que he escrito. Pero lo seguiré intentando. La servidumbre no se acepta.

domingo, 6 de enero de 2013

El modelo hídrico actual es ecológicamente inviable y humanitariamente insostenible.




La del agua es la historia de la humanidad, una preocupación constante en el origen del progreso de los pueblos. Las grandes civilizaciones nacieron y se desarrollaron cerca de o en torno al agua. Su carácter holístico, su complejidad, su naturaleza de poliedro platónico: el icosaedro, hace que tenga múltiples puntos de vista. No puede abordarse desde un solo ángulo. Ahora, abrumados por lo que se desmorona a nuestro alrededor, cuando buscamos nuevos paradigmas que nos lleven a recuperar la senda del progreso, perdemos de vista lo que emerge más allá de nuestro entorno cercano. Nos anega una inseguridad convertida en la nueva normalidad que destruye la confianza, perdiendo de vista que lo nuevo trata de abrirse paso. Desde la cuestionada abundancia de nuestro mundo desarrollado, tratamos de resolver el ahora sin pensar en un mañana que sin duda será distinto y olvidamos que hay otros espacios en donde las personas malviven. Ese mañana será imposible si no entendemos el agua, tal como ha ocurrido a lo largo de la historia, como el gran vector / bisectriz orientado hacia un futuro mejor en un plano definido por las coordenadas de bienestar y cooperación.
Naciones Unidas ha declarado 2013 Año Internacional de la Cooperación en la Esfera del Agua, en el marco de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que afectan mayoritariamente al acceso al agua y el saneamiento. En 1948, la Declaración Universal de los Derechos Humanos olvidó incluir el agua como derecho fundamental. Se subsanó apenas hace dos años; pero dista de ser realidad en una gran parte del planeta. Le seguridad opulenta de Occidente, de las llamadas sociedades desarrolladas, está en el origen del olvido. Habituados a su disfrute como un producto más de uso y consumo cotidiano, sabemos lo que cuesta pero ignoramos lo que vale. Sin embargo, el agua tiene un papel articulador en el desarrollo de cada comunidad por su impacto en la calidad de vida. Ahora, quizá más que nunca, ocupa un lugar central en la exploración de respuestas para un mundo en crisis y sujeto a profundos cambios porque implica dinamismo, fluidez, libertad…
Hay demasiado ruido semántico en torno al agua. El discurso dominante, al igual que en otros grandes asuntos promovidos por Naciones Unidas como el hambre o el cambio climático, es habitualmente plano, enfático, repetitivo, burocratizado…, con escaso valor añadido, tintes abstractos y declaración de buenas intenciones, de principios trufados de números. Llega a los ciudadanos de modo más bien difuso, fragmentado, cuando no interesado. Hay que conectar el discurso con la realidad de las personas y debemos saludar que, en esta ocasión, se haya puesto el acento en la cooperación porque implica lealtad, alude a la gestión y el uso de los recursos hídricos entre protagonistas diversos, invita a actuar juntos con el objetivo común de alcanzar beneficios colectivos. Será una oportunidad para debatir, divulgar determinados temas y consensuar prioridades.
La crisis que nos sobresaltó en 2008 ha distanciado dos polos: la necesidad de compartir y cooperar de la mayoría, frente a la voracidad de atesorar de la minoría. El agua requiere un nuevo enfoque que pasa por poner en el centro de las preocupaciones a las personas, porque es vital para su alimentación y calidad de vida. Motivos más que suficientes para combatir cualquier veleidad especulativa o depredadora. Al contrario, debemos poner el conocimiento atesorado al servicio de la humanidad: aplicar lo que sabemos y aprender, de nuevo, cada vez que aplicamos algo para revertirlo en otros lugares. Esa es la esencia de la cooperación, el trabajo compartido, la búsqueda de objetivos comunes que pasan por el dominio de la tecnología, la innovación, el planeamiento… El agua es una realidad global, pero su problemática concreta es siempre local.Hoy, lo que podemos y debemos compartir es el conocimiento. El conocimiento no compartido pierde todo su valor y capacidad dinamizadora de la humanidad. Los más afectados por los problemas son siempre los más desfavorecidos, los más vulnerables, los más pobres. Será una gran ocasión para reflexionar sobre un modelo renovado de colaboración basada en el conocimiento, diferenciada de la solidaridad y la caridad, conceptos ambos de reacción urgente y coyuntural, siempre condenados al olvido. El ciclo del agua y su influencia en el desarrollo de las sociedades no es un fenómeno novedoso, se remonta a las culturas hídricas que están en el origen de las grandes civilizaciones e impulsaron la economía, la cultura, el desarrollo social. El agua sigue siendo un sueño para casi 1.000 millones de personas.
Las personas, el género humano, son el centro de un triángulo cuyos vértices se interrelacionan: agua, energía y alimentos. Las previsiones de crecimiento de la población apuntan a que en apenas unos decenios seremos 9.000 millones de habitantes en el planeta. Los datos y realidades son insoslayables: los objetivos del milenio para 2014 no se van a cumplir, sobre todo en lo que concierne al saneamiento, aunque se ha mejorado sustancialmente el acceso. El crecimiento demográfico y el proceso de concentración urbana que vivimos representa más necesidad de alimentos, más agua para producirlos, más energía para transportarla. Agua y energía han sido realidades inconexas hasta finales del siglo XX. En Occidente no lo valoramos lo suficiente porque tenemos ambas cosas. Sin embargo, es un sueño para casi 1.000 millones de personas. Estas diferencias abismales nos hacen concluir que el modelo hídrico actual no es solo ecológicamente inviable sino también humanitariamente insostenible.
Ese triángulo remite otro formado por el talento, el conocimiento y el compromiso que a su vez implican capacidad de compresión y actitud receptiva ante las necesidades de los demás y las singularidades de cada lugar. Tierra / cultivos y personas / alimentos están expectantes ante una posible mejora. Ello, a su vez, generará innovación, tecnología, eficiencia…, desarrollo en fin. Un objetivo imposible si no prevalece la sensatez, a nivel local y global. La gestión eficiente de los recursos es un componente esencial de la lucha contra la pobreza en el mundo. Perviven visiones enraizadas en el pasado, en la cultura y el sentir de las personas que dificultan sintonizar con una nueva política del agua que responda a esta realidad cambiante y esté alejada de la avidez especulativa. Una nueva perspectiva trasciende la idea de negocio, entendido como mero resultado del manejo del ciclo de captación, tratamiento, distribución, depuración… sin tener en cuenta los desafíos, la forma de hacerles frente, el entorno y hasta la concepción del propio elemento. Debe traducirse en actuaciones concretas en cada lugar, compete a todos los agentes implicados. Estamos obligados a colaborar para dar paso al futuro. Los problemas del agua en el mundo no se deben tanto a la escasez como a una mala gestión del recurso. Es una cuestión de buena gobernanza: en las condiciones actuales, la búsqueda de un futuro de progreso exige más que nunca la colaboración entre los sectores público y privado, una buena orquestación de iniciativas y esfuerzos. De lo contrario, no encontraremos la salida del laberinto. Este ha sido el problema principal de países como España donde se ha confundido especulador con emprendedor, financiación con iniciativa.
Los ciudadanos, sus representantes, las instituciones, el ámbito de la investigación y la tecnología, las empresas, los medios de comunicación… todos, en definitiva, estamos convocados a aunar esfuerzos para construir un discurso comprensible, integrado, movilizador y ajeno a cualquier vacío ético. El cambio que necesitamos, ese nuevo paradigma a que aspiramos, solo será realidad con credibilidad, confiabilidad, institucionalidad. El planeta es un espacio global en donde saber compartir debería formar parte de la realidad cotidiana como esencia profunda del género humano. Son tiempos nuevos, en los que el bienestar, el progreso y la calidad de vida solo podrán abrirse camino compartiendo talento, tecnología y conocimiento para dejar de ser náufragos a la deriva, producto de una crisis cósmica.

Melchor, Gaspar y Baltasar están preocupados por la situación de nuestra región



Melchor, Gaspar y Baltasar están preocupados por la situación de nuestra región. La crisis también les afecta, tanto es así que prefieren bajar el Pajares para no pagar por pasar por la autopista del Huerna. Se han acercado hasta el pozo Candín pero allí ya no se extrae carbón y preguntan insistentemente porSlim sabedores de la apuesta del hombre más rico del planeta por el Real Oviedo. El incombustible Serafín Abilio Martínez, presidente de la patronal asturiana de la construcción, se reúne dos horas con el presidente del Principado y la consejera de Fomento. Javier Fernández y Belén Fernández- escuchan las quejas del empresario que pide con urgencia que se licite obra pública. Para empezar habría que acabar la Zalia y retomar las obras del polígono de Bobes en Siero que con un millón de metros cuadrados duerme ahora el sueño de la crisis asturiana. A todo esto Cajastur se desintegra camino Liberbank de ser absorbido en su momento, no muy lejano, por el Banco Santander. En Asturias, salvados en principio los puestos de trabajo en Arcelor Mittal, la batalla más inminente es la de la minería, concretamente la de HUNOSA, que con sus 1.600 puestos de trabajo directos sigue siendo importante para nuestra región. Está claro que el eje Madrid-Bruselas quiere que desaparezca por lo que la única salida posible para salvar parte de los pozos y de los puestos de trabajo es la privatización y me consta que hay poderosos grupos interesados en ello siempre y cuando, claro está, no se encuentren con un rechazo frontal a tal posibilidad por parte de los sindicatos y del gobierno autonómico. La privatización de HUNOSA, o de una parte de ella, supondría el hito histórico de la desaparición de la empresa pública de Asturias y, por tanto, el inicio de una nueva era que, queridos Reyes Magos, no sabemos a donde nos conducirá.Pero el cierre de nuestras minas es mucho más que un símbolo. Ello, unido a la actitud del Gobierno de Mariano Rajoy con la minería del carbón, es lo más preocupante. Y lo es porque no acaba de entenderse cómo es posible que el Ejecutivo diga que va a apostar por eliminar esa espada de Damocles que pende sobre esta actividad y no actúe en consecuencia con ese propósito. No es coherente con ello que sigan sin darse pasos para pagar las ayudas de 111 millones de euros pendientes de 2012 (ayer no hubo Consejo de Ministros). No es coherente que el pasado 31 de diciembre haya expirado la vigencia del Plan del Carbón sin haberse aprobado el repuesto para los años sucesivos y que se alegue que el nuevo documento se ha mandado a Europa porque no fue posible un acuerdo, cuando ni siquiera se ha convocado a las partes. No es coherente que no se haya prorrogado el Real Decreto de Garantía de Suministros que permite el consumo de carbón nacional en las centrales térmicas después de que sus efectos también hayan concluido el pasado 31 de diciembre.No es consecuente con la defensa de este sector dejarlo en la peor situación de incertidumbre legal y económica que se recuerda en toda su larga historia.Nos ha pasado lo que les ocurre a todos nuestros hijos cuando llegan a los cinco o seis años, que descubren que ni Papá Nöel es ese mago navideño de la barba blanca y el jo, jo, jo que adelanta regalos, ni Melchor, Gaspar y Baltasar son esos ancianos mágicos que entran por la ventana en la noche del 5 de enero para beberse el anís y dejar el suelo cubierto de juguetes. Nosotros, a estas alturas de la película, algo más mayorcitos, contemplamos con desilusión que esa clase política tan valorada y encumbrada durante todo el periodo de la transición, no es sino un remedo de mangantes y aprovechados (salvando honrosas excepciones) que viven, y bastante bien, por cierto, del presupuesto que pagamos todos los españoles.
¿Qué corolario se desprende de tamaña desilusión? Pues que la gran mayoría del electorado deja de creer ciegamente en que los políticos van a solucionarnos los problemas, que sus programas electorales son papel mojado o mentiras en negro sobre blanco y que el futuro de las democracias occidentales pasa por reestructurar el sistema, recortar puestos superfluos y exigirles a los gobernantes responsabilidades civiles y hasta penales sobre sus actos. A mi me pasa lo que el Papa Benedicto XVI, que he descubierto que no había ni mula ni buey en el portal y que los Reyes Magos o no existieron o eran andaluces de Doñana, que es lo mismo que decir que pasaban por Belén en romería como podían haber pasado por Lepe. Como Javier Fernández, Francisco Álvarez Cascos, Mercedes Fernández, Santiago Argüelles Martínez, Carmen Moriyón y un largo etcétera sindical y todos los demás dirigentes a lo mejor siguen creyendo en los Reyes Magos, más por interés personal que por convicción propia, yo les aconsejaría que les escribiesen una carta urgente en la que les pidieran consejo para que los españoles volvieran a confiar en ellos porque las cosas también se les pueden complicar como ellos se han encargado de complicarnoslas a todos nosotros. Y a todos ustedes, que no tienen culpa y están pagando los platos rotos de nuestros políticos, ¡Que los Reyes Magos te sean propicios!.Y habrá que cantar aquella canción de: <Ya vienen los Reyes Magos caminito de Belén olé, olé, Holanda y olé Holanda ya se ve. Cargaditos de juguetes cargaditos de juguetes para el Niño de Belén olé, olé, Holanda y olé Holanda ya se ve......

viernes, 4 de enero de 2013

La mayor chapuza jamás aprobada por un parlamento de la República Federal de Alemania.




Un fantasma recorre Europa: Alemania va bien porque hizo las reformas estructurales necesarias a tiempo y ahora toca a los países en crisis hacer lo mismo. Así vende Angela Merkel la Agenda 2010 de los años 2003-05, llenando de orgullo a su antecesor socialdemócrata Gerhard Schröder, que se siente ahora como auténtico artífice del milagro del empleo alemán.El presente artículo pretende desmitificar este discurso tan imponente en dos pasos. Primero aclaramos los verdaderos efectos de las reformas para después analizar las auténticas fortalezas de la economía alemana.
Durante dos décadas, Alemania figuraba en la opinión pública como el paciente enfermo de Europa, con altos gastos sociales y costes laborales, un mercado laboral muy rígido y estructuras corporativistas con una amplia participación de los agentes sociales en la gestión pública. Frente a esta situación alarmante el gobierno de Schröder aprobó a finales de 2002 la famosa Agenda 2010, también conocida como reformas Hartzen alusión al presidente de la comisión de expertos Peter Hartz, amigo de Schröder y jefe de personal de la multinacional Volkswagen, condenado en 2007 a dos años de cárcel por varios delitos de corrupción y sobornos al comité de empresa en forma de viajes de lujo a Brasil con prostíbulo incluido a cargo de la empresa.
Las cuatro leyes Hartz consistieron en la creación de Agencias de Servicios Personales en las Oficinas de Empleo (Hartz I); el fomento del autoempleo y los mini-empleos' con sueldos inferiores a 400€ al mes carentes de contribuciones sociales (Hartz II). Las oficinas de empleo se convirtieron en job-centers para sus clientes (parados) (Hartz III). Por último, el sistema de prestaciones por desempleo sufrió una importante reestructuración, reduciéndose los beneficios contributivos y fusionándose el sistema de subsidios para desempleados de larga duración con otras ayudas sociales no contributivas para personas sin ingresos (Hartz IV).
¿Cuáles han sido los resultados de la Agenda 2010? El efecto más inmediato y profundo ha sido la dualización del mercado de trabajo con un amplio sector de mini-empleos y empleos subcontratados (más de siete millones de personas) con grandes dificultades de inserción en el mercado laboral regular. Cada vez más personas quedan atrapadas entre empleos por 1€/hora, mini-salarios subvencionados y la vuelta al paro, mientras en el otro mercado laboral la carencia de profesionales cualificados atrae a los nuevos inmigrantes bien preparados y se ha convertido en un serio problema para una economía que gozaba antes del mejor sistema de formación profesional del mundo. Se calcula un porcentaje mayor del 20% de los asalariados alemanes pertenecientes a la categoría de trabajadores pobres, un altísimo valor en el marco europeo y una brecha salarial y social desconocida en la Alemania de la post-guerra. Más desigualdad y más pobreza en medio de una economía boyante es el efecto principal de las famosas reformas.
preparado y desbordado por las nuevas demandas; una inseguridad jurídica que ha generado miles de demandas judiciales, más de 50 decretos correctores de errores y dos sentencias del Tribunal Constitucional en contra de artículos de las leyes reformistas. Gran parte de las medidas introducidas han sido abandonadas por defectos jurídicos o por disfuncionalidades prácticas. Así, las famosas reformas estructurales del Gobierno alemán han tenido efectos socioeconómicos, administrativos y jurídicos nefastos y representan la mayor chapuza jamás aprobada por un parlamento de la República Federal de Alemania. 
De dónde viene entonces la relativa buena marcha actual de Alemania? Realmente, la economía alemana contradice las certidumbres más firmemente establecidas de la ciencia económica: no es una economía de servicios, sino industrial. El sector servicios se articula alrededor de un fuerte núcleo industrial; no es, tampoco, una economía de nuevas tecnologías, sino de sectores de intensidad tecnológica media; no es una economía con un mercado liberalizado, antes bien, este se encuentra densamente regulado; además, se trata de una economía con altos costes salariales e impuestos relativamente altos, con sindicatos influyentes y mucha intervención pública.
Alemania tampoco deslocalizó las partes más intensivas de mano de obra a países de bajo coste, sino que ha mantenido sectores industriales integrales en su territorio. El fundamento de la fortaleza económica alemana sigue descansando sobre sectores industrialestradicionales' como el de la construcción de vehículos y de maquinaria, la química, la electrotécnica, la tecnología médica, los aparatos ópticos y la protección del medioambiente; todos ellos articulados alrededor de una amplia variedad de grandes y medianas empresas fuertemente orientadas al liderazgo en el mercado global. Esta fortaleza resiste incluso a las malas políticas económicas de los gobiernos y ha permitido a las empresas alemanas reorientar sus estrategias de exportación hacia los mercados emergentes, con China a la cabeza.
La fortaleza alemana tiene su fundamento último en unas relaciones laborales cooperativas y en la participación activa de los sindicatos en la gestión de las empresas. Fueron, de hecho, los sindicatos los que convencieron a las empresas a renunciar a la flexibilidad externa o ajuste vía despidos y negociaron una amplia gama de medidas de flexibilidad interna con cálculos anuales de horas de trabajo, sistemas variables de jornada laboral y la exitosa solución del Kurzarbeit. Eltrabajo corto facilita a las empresas la puesta en práctica de reducciones temporales del tiempo de trabajo para capear los temporales sin deshacerse de su capital humano, mientras las oficinas de empleo subvencionan programas de formación continua y reciclaje profesional, además del 60% del salario de las horas no trabajadas. La negociación colectiva de estas medidas ha sido responsable de salvar alrededor de tres millones de puestos de trabajo desde 2008 y ha sido esta mano de obra retenida por las empresas la que ha permitido la recuperación acelerada de la economía alemana.
Simplificando, un empresario alemán aprovecha los momentos de coyuntura económica expansiva para invertir en nuevos equipamientos y tecnologías, que le permiten mejorar la productividad de su empresa y la competitividad de sus productos, y pacta con los sindicatos medidas de reducción de jornada y de formación continua en tiempos de crisis, que le permiten retener mano de obra cualificada. Mientras, un empresario español contrata en épocas boyantes mano de obra barata a través de contratos temporales, lo que no le permite mejorar ni en productividad ni en competitividad, y después opta por el despido masivo y se aprovecha de la crisis para exprimir a los empleados restantes. Por eso, la productividad aumenta en Alemania en tiempos de crecimiento y desciende durante las crisis. Justo lo contrario que en España, donde los pocos trabajadores que quedan deben trabajar mucho más que antes.
En la década anterior a la crisis, los costes laborales nominales por unidad producida crecieron en España un 30% (igual que en Grecia y Portugal). En Alemania el aumento fue de un 1,8%. La tasa de inflación fue en España constantemente superior a la media europea; en Alemania fue inferior, lo que implica una ganancia relativa en competitividad. En fin, mientras España se emborrachaba de una burbuja con dinero fácil, Alemania sufría la modernización constante de su base productiva y la costosa incorporación de la economía del este. El milagro alemán es, por lo tanto, consecuencia de las fortalezas tradicionales de la industria y de las relaciones laborales alemanas y no tiene nada que ver con las supuestas reformas de principios del siglo. Realmente, el único acierto de los recientes gobiernos alemanes ha sido la introducción de un paquete de estímulos económicos al inicio de la crisis y el aumento de la cobertura del Kurzarbeit.
En resumen, el resto de Europa puede aprender mucho de los empresarios alemanes y bastante de sus sindicatos, pero nada de sus políticos y banqueros.

jueves, 3 de enero de 2013

Protestas, si: pero se disuelven en las aguas amargas de la cólera




Antidisturbios en el Paseo del Prado, tratando de controlar los altercados que se produjeron tras la manifestación con motivo de la huelga general del pasado 14-N. / ISAAC F. CALVO
El miedo es un medio donde el puñal se hunde y acaba disipando su influencia en los blandos humos del pavor. Nada ata más, emascula más, obnubila más que la presa del temor. Y ahora no es solo una amenaza lo que nos paraliza, sino ya un psicofármaco atmosférico que ha aspirado el inocente pulmón social. ¿Pero miedo, miedo tóxico y más miedo adónde puede llevar? Efectivamente, a una exasperación de su dosis y a la producción del efecto paradójico mediante el cual se llega al punto en que, saturados, ya no se tiene nada más que temer.
En ese momento, la explosión de ira es igual a la de Los Miserables de Víctor Hugo, que no por azar se representa en los teatros, en la música, en la televisión y en el cine de la actualidad. El miedo, el miedo y el miedo continuos. La Santísima Trinidad bajo la que se ha sacralizado el discurrir de esta Gran Crisis ha sido posible gracias a inculcar miedo a granel en la totalidad de los cerebros sociales. ¿Una conspiración satánica para la trepanación? Un efecto quirúrgico de la aguda seducción del mal.
Todos nos preguntamos, desde los periodistas a los quiosqueros, desde los ministros a los obreros, cómo no se ha producido ya -o hace algún tiempo- un formidable estallido social. Cierto: hay huelgas, manifestaciones, carteles de diferentes colores, protestas airadas, pero lejos de coaligarse para crear una dinamita crítica, al borde de la explosión, las sublevaciones se disuelven en las aguas amargas de la cólera efímera y hasta los enfermos aceptan pagar a la ambulancia para que les practiquen una diálisis o les extirpen el corazón. El miedo ha hecho posible esta luctuosa coyuntura donde es posible la crueldad, el crimen o el desahucio sin que haya otra reacción popular que la de darse muerte y, sin embargo, no asesinar al comendador. Los miserables no dejan de amontonarse y de crecer. En un barrio de Las Palmas, con un 46% de parados, el 76% de sus habitantes son ya excluidos sociales. Si la tasa aumentara un grado más ¿qué quedará finalmente de la inclusión social?
Una de las perspectivas más seguras para los próximos años será, pues, el cambio de sociedad, porque como un cambio de piel ruinosa, la penuria va carcomiendo el tejido conjuntivo de la colectividad. En adelante pues, no habrá ya ciudad ni colectividad sino, como se va viendo, comunidad.
En ABC Punto Radio hay (o había, antes de su paso a la COPE) un programa vespertino de diez minutos en donde unos ofrecían aquellos bienes que les sobraban, desde una máquina de coser a una bicicleta estática, desde una mecedora o una bañera para el bebé, puestos de trabajo y puñados de euros para prestar. Seguro que con la COPE por medio continuarán haciéndolo, porque entre sus fines de hace unos días se hallaba animar a todas las emisoras a producir programas semejantes de caridad. Programas en los que se establecía una comunicación entre lo sobrante y la necesidad. La suerte y la muerte. El exceso y el deceso. La sombra y la sombra de la vaciedad.
En la radio, en la red y fuera de la red, en Caritas, en Médicos sin Fronteras o en la tendencia de la multicaridad se siembra la luminosa acción de auxiliar al otro. Solo en las guerras o las inmediatas posguerras se ha conocido un efecto parecido al que ahora cunde por toda España o Grecia, Irlanda o Portugal.
Hay protestas, pero se disuelven en las aguas amargas de la cólera efímera
Vivir atemorizado incrementa la tendencia a la empatía y la agrupación, tanto entre los animales como entre los seres humanos. La riqueza diferencia, conlleva distancia, distinción, mientras la pobreza aglomera a la muchedumbre bajo el mismo tufo de privación. El amigable olor penoso de la misma especie.
Nunca la solidaridad, la idea de cooperación y el sentimiento de culpa han crecido, por tanto, con tanta intensidad. La reducción del consumo suntuario entre los más pudientes —que ahora se contienen empáticamente en el lujo o en las compras de arte— tiene que ver con esta clase de imantación paupérrima. Cuando el país es comunitariamente más pobre aumenta la igualación de barriada y, con ella, la idea de curativa de la vecindad.
¿La independencia de Cataluña o de Ciudad Real? Nunca una reivindicación separatista resultó más grotesca y tan ajena a lo real. Todo caso de este tipo, sea del carácter que sea, denota síntomas de una neurosis suicida o un delirio institucional o cerebral. Lo que no es del todo extraño contemplando la esquizofrenia del conjunto político-social al que hemos llegado sin apenas darnos cuenta y empeorando mes tras mes. Porque otro factor en perspectiva, pero ya evidentemente activo, es el creciente descrédito de toda autoridad. Y tanto más cuanto la autoridad se relaciona con la exigencia de su distinción retórica, sea nacionalista, salarial, condecorada o no.
El ridículo o el escándalo acompañan a todos aquellos casos en que la llamada autoridad pretende investirse de púrpuras identitarias, viajar enbusiness o aumentar su cualificación gracias al AVE y la pompa volátil en general.
La totalidad del estamento autoritario arde hoy por sus cuatro costados y gracias al incandescente cinismo de la muchedumbre, excitada de antemano por la sofocante hoguera del poder.
Nada que sea vertical, jerárquico o impositivo puede ya consentirse o tragar con relativa facilidad. La gente, por mano de la reiterada injusticia de esta Gran Crisis y el ejercicio diario de las redes sociales, no acepta la arquitectura piramidal y sí, en cambio, la habitual y creciente vida en horizontal de la precariedad compartida. Odia en fin, la píldora y acepta consuetudinariamente el puré.
En la radio, en la red o en Cáritas se siembra el auxilio a los demás
De esto mismo deriva que, desde el Tribunal Supremo a los parlamentarios, desde el ministro de Educación al de Sanidad, todos se hallen cuestionados y a punto de perecer simbólicamente a causa de su arrogancia salvífica y, al cabo, tan ridícula como fatal.
La ciudadanía asustada y aplastada ha compuesto una pasta venenosa donde, tarde o temprano, van muriendo los barrocos gestos de autoridad. Lo privado, en sanidad o educación, en energía o en agua potable, es lo opuesto a la ley de la comunidad. El público ya no traga más relatos infantiles cuyo moral dulzor ha colmado su aforo de ingenuidad.
Porque dos relatos principales han sido los best seller de esta Gran Crisis. Uno es aquel que hace culpable de esta hecatombe a la actuación de los malvados. Tipos avariciosos y estafadores, que han robado los ahorros de la población, sea a través de las trampas preferentes o mediante todas las prevaricaciones bancarias aunadas al humus de una democracia en descomposición. Este relato de malos, al modo de un cómic, comporta un pensamiento religioso que explicaría el gran delito de la burbuja como un soplo diabólico, un desafío ante la respiración transparente del mismo Dios.
Pero Dios, como juez económico supremo y emperador del mundo, habría desencadenado su ira contra este delito que, en su extremo, no sería sino una directa profanación del espejo divino. El espejo o la luna del dormitorio donde habita, día y noche, la silente figura de Dios.
Solo en guerras o posguerras hubo un efecto parecido de multicaridad
Pero hay, además, otro relato más, difundido entre la población española que obtiene su ascendencia en la estructura el cuento infantil. Alguien, como la madrastra de Blancanieves representada por la señora Merkel, nos impide obtener la dicha de una recuperación castiza y familiar. Merkel, como horrenda y extraña figura del Anticristo, señalaría la cercanía de un Apocalipsis al que la población otorgara su anonada pasividad.
El año 2013 habrá superado la profecía terminal de los mayas pero encerraría en la suma de sus números un maldito 6 (suma de sus cifras unitarias) que remite al compuesto numérico de la Bestia del Apocalipsis de San Juan. La Bestia, designada con el número 666, representa al nombre de Nerón porque el nombre de Nerón César es igual a NRWN QSR respecto a cuyas siglas, en los abecedarios griego y hebreo, la N ocupa el lugar 50, la R el puesto 200, la letra W el 6, la N el 50, la Q el 100, la S el 60 y la R el 200, hasta formar el 666 con que se alude al diablo mismo. Y 2013, sumado número a número arroja un fatídico resultado de 6. El principio de la Gran Destrucción.
No hay, por tanto, que extrañarse demasiado de las cábalas. 2013 puede ser un año apocalíptico o de inflexión crítica, ponderado así por muchos analistas. El año del “doloroso progreso” o el año del dolor del progreso en su peor opción hacia lo mejor. El mismo progreso, sea a través del “progreso decreciente” o “crecimiento negativo” vienen a ser la diabólica meta de la evolución de la que partiría el tiempo de la larga Parusía posterior.
Evolución social en metamorfosis, porque, así como en el ciclo del gusano de seda fuimos una vez mariposas especulativas, ingrávidas y volanderas, ahora somos larvas reptantes apegadas al suelo como al borde empedernido de la sepultura.
El año que comienza puede ser apocalíptico o de inflexión crítica
¿La muerte? Esa idea había casi desaparecido de la historia del aún breve siglo XXI. Así como el siglo XIX fue explícito respecto a la muerte (plañideras, corros y lloros en torno al lecho del moribundo) fue en el sexo una perfecta excavación. Por el contrario, el siglo XXI fue explícito con el sexo en todas de sus versiones y muy recatado, sin embargo, con la muerte en cualquier manifestación.
El sexo, de hecho, se halla hoy por todas partes (o en ninguna) mientras la muerte es una esquela sin demasiada dimensión. El sexo ha sido liberado incluso del tabú del incesto en nuevas series televisivas o en el cine mientras la muerte permanece celada en los hospitales o consolidada en los birriosos tanatorios del extrarradio.
Ahora, sin embargo, con la Gran Crisis esa muerte marginada reaparece como una venganza capital. No solo hay muertes masivas en los colegios de primaria norteamericanos, sino muerte a granel en los países islámicos, muerte en las parejas románticas o muerte en las casas desahuciadas, tanto en los ancianos esquilmados como en la economía general. Muerte que no deja entrar en los ambulatorios a los pobres moribundos sin papeles y muerte lleva su agonía a los presupuestos de los hospitales, los quirófanos y la investigación.
La muerte regresa ahora, dos siglos después, con su imperio absoluto y como el hermoso paralelo de la crisis llamada sistémica. Porque no se trata ya de una crisis financiera, ni económica, ni de Bretton Woods o de toda su parentela liberal. Esto es la crisis de la vida social y personal. La perspectiva de un mundo que, mediante la muerte física o simbólica, ha regresado hasta años atrás para replantearse la flecha del tiempo y, para recobrar, gracias a Dios, el sentido de la vida comunitaria. Tan feliz o desdichada como humanitaria. Finita y perdurable con riqueza o sin ella en la voluntad de una nueva razón de ser.

En ese momento, la explosión de ira es igual a la de Los Miserables de Víctor Hugo, La fertilidad del miedo

La fertilidad del miedo

En vez de llevar a España a un estallido social, la crisis refuerza los lazos comunitariosAnte el descrédito de todos los poderes, más cercanía al vecinoEl miedo es la mejor manera de control a distancia. Ahora toca la GRAN EXCLUSIÓN: http://cort.as/32qB . La solidaridad ocurre hasta un punto concreto, de hay se pasa a la violencia y finalmente a la generación de comunidad (por considerar insoportable la violencia) La generación de comunidad es la única salida viable, de las dos posibles al tercer paso del colapso de una sociedad: el derrumbe del estado: http://cort.as/2RPn . Entre todos debemos decidir que futuro queremos. Si quieres saber que OCURRE REALMENTE te recomiendo encarecidamente leer este blog escrito (en su mayoría) por un científico del CSIC: http://cort.as/2XXl

Digo lo que se dice en plan chiste pero en mi caso es verdad: a mi no me mires, yo no les vote. El PP se beneficio de un programa que no ha cumplido(osea, miente), de que mucha gente creía en la derecha está el dinero y crearán trabajo(ilusos) y sobre todo: una desastrosa dirección del inicio de la crisis por Zp y sus gobiernos, donde aún colean ministras de la vivienda diciendo de los hipotecados que no se hubieran endeudado o como Elena Salgado, forrándose en una eléctrica después de haberse fumado los brotes verdes que sólo vio ella.
si a la gente le quitan los 400 euros, seguro que algo pasa, seguro que la violencia común aumenta, seguro que la gente no aguantaria ni un minuto más las tonterias que se leen en los periodicos, radio y tv, seguro que empezarián a tener miedo políticios y emprearios, seguro que vuelve a resurgir un terrorismo de clase apoyado y animado por las clases populares, seguro que la Derecha, PPsoe, se encargarán de criminalizar todo, o a todos los que se salgan del tiesto.
El miedo, Instalado en lo más profundo y antiguo de nuestro cerebro para protegernos de los depredadores y que nos hace estar alerta, inconscientemente, ante los peligros de la vida. El miedo, creador del conformismo insolidario y de los más variados disimulos. Gracias al miedo sobrevivimos como especie y somos capaces de enfrentarnos a él, dominarlo y avanzar. El dinero miedoso, cobarde y traicionero, que huye y se refugia en islotes lejanos ante la inacción de la bien pagada, por ese mismo dinero, clase dirigente, dando igual que esa clase se encuentre en Washington D.C, o en Beijing. Ese es el miedo que nos atenaza y humilla porque no queremos o no sabemos enfrentarnos, aún, a él. Excelente artículo. http://cort.as/2KMd
Sorprende, es cierto, que no se haya producido el estallido social. Pero, más allá de cómo evitar que se produzca, lo verdaderamente necesario es cómo salir de esta. Y para ello la única esperanza (salvo un nuevo mesías) es que la sociedad civil se organice, coja auténtico protagonismo e impulse un gran cambio. Una primera señal es el crecimiento de la solidaridad. Pero detrás han de venir otras. Hay ideas: http://cort.as/2Ma2

lunes, 31 de diciembre de 2012

Pues ya sabes donde tienes la tierra prometida...



No hay manera de encoger una ciudad

En Detroit, con 800.000 edificios vacíos, se han demolido rascacielos clásicos ¿Qué hacer cuando una urbe pierde gran parte de su población? El deterioro atrae a jóvenes creadores


21,4 crímenes por cada 1.000 habitantes en 2011, desempleo es oficialmente del 18,1% (aunque el índice real de paro alcanza el 50%) y un 36,2% de los residentes viven por debajo del nivel de la pobreza. Un 47% de la ciudadanía es, además, analfabeta. Dentro de poco en España tendremos zonas así

De megalópolis a jungla semiurbana, desde sus días de gloria automovilística, la ciudad de Detroit ha perdido el 63% de su población. El espacio geográfico sigue siendo el mismo: 359 kilómetros cuadrados que corren una suerte desigual. En algunos puntos, la naturaleza reclama lo que es suyo, y reforesta, salvaje, manzanas enteras. Hay en Detroit 800.000 estructuras vacías, la mayoría en estado ruinoso. Los esfuerzos de recuperación, privados y públicos, se concentran en algunas áreas reducidas, que se hacen atractivas para los residentes, afeando aún más los barrios depauperados. No hay un plan maestro. En la historia del urbanismo, mucho se ha escrito de ampliar centros urbanos, pero poco hay sobre el fenómeno del encogimiento de ciudades.
“Detroit no es hueso desnudo”, declara una pintada en un muro de la ciudad. 
Es una historia común en el Medio Oeste norteamericano, zona de fríos inviernos donde lo que en su día atrajo a los pobladores fue el auge de la industrialización. Así se expandieron Cincinnati, Cleveland y Pittsburgh. Del mismo modo cayeron después de la Segunda Guerra Mundial y la década de los cincuenta. Menos fábricas y menos oportunidades de trabajo conllevaron menos población. En Detroit, muchos empleados de las factorías de coches emigraron a acaudaladas localidades en las afueras. Se produjo, además, un éxodo blanco después de los disturbios negros de 1967, para cuya contención el presidente Lyndon B. Johnson llegó a movilizar al Ejército.
“En la reducción de ciudades no hay modelos exitosos en EE UU, en parte porque hemos sido muy lentos a la hora de admitir este desafío, y en parte porque un cambio sustancial llevará mucho tiempo en culminarse”, explica Shetty Sujata, profesora en el Departamento de Geografía y Planificación de la Universidad de Toledo, en el Estado de Ohio. “Siempre se habla de ofrecer incentivos a los ciudadanos para que se muden de áreas menos pobladas de una ciudad, a otras zonas con más densidad de habitantes, para ahorrar en los gastos de servicios municipales”. Esos intentos, sin embargo, han resultado por lo general fallidos. Los ciudadanos que quedan suelen resistirse a mudarse. Y la ley suele estar de su lado.
Un simbólico dólar es el precio común de una casa en determinadas zonas
En el pasado medio siglo no ha habido fondo que Detroit pudiera tocar. En el último censo, de 2010, se descubrió que la urbe había perdido aun otro 25% de la población en una sola década. No hay comparación posible en toda Norteamérica a esa despoblación, más allá de las masivas evacuaciones de ciudadanos en Nueva Orleans tras el paso del huracán Katrina. En el censo estadounidense de 1950, la ciudad contaba con 1,89 millones de habitantes. Según el de 2010, residen entre sus límites municipales 706.585 personas.
“El descenso de la población en una ciudad presenta muchos desafíos”, explica Justin Hollander, profesor de Políticas Urbanas y Medioambientales de la Universidad de Tufts. “Cuando una ciudad deja de crecer, se generan graves problemas. El aparato gubernamental deja de estar equipado, no puede prestar servicios, porque la base de aquellos que pagan impuestos se reduce notablemente. La ciudad se convierte en un lugar menos apetecible para vivir”.