La historia secreta de los Botín
Estamos perdidos, en un mundo al revés donde el populacho tan sólo es el pagano de una descomunal estructura de Estado y una camarilla de espabilados mueve los hilos del teatrillo de la democracia en la que se forran mientras las penalidades de la plebe crecen a un ritmo espectacular. Insisto en lo del mundo al revés, Falciani el empleado del banco HSBC que destapó las cuentas secretas de un montón de millonetis está en la cárcel mientras los Botín siguen donde estaban y ni tan siquiera se les ha llamado a declarar a un juzgado. El descuido por el olvido del fortunón de la familia Botín en Suiza se salda con la módica aportación de un triste 1%. Me explico para aquellos que les parezca increíble o aquellos que se han visto sorprendidos por Hacienda cuando, cogido por los pelos, les ha enviado una “complementaria” a su declaración renta. Hablan del 10% de la cantidad trincada en el paraíso fiscal, pero en realidad se refieren al 10% del rendimiento (los intereses que genera el capital) que supongamos es del 3% anual, por los últimos 4 años (los anteriores están prescritos) da un total del 12% al que se le aplica el 10%, ¡tachan, tachan! aquí tenemos el 1,2% sin multa alguna por tener desde hace años 2.000 millones de euros fuera del alcance de Hacienda. La escusa, más que el argumento, de los Botín para disponer de esta fortuna en Suiza es la peregrina afirmación de la fortuna perteneció al padre de la saga que la tenía escondida para que no se la incautaran los “rojos”. Con esta increíble afirmación que ha servido de Jordán purificador ¿Los botín no se han metido en otro lío? Emilio Botín padre, murió en 1993 dejando una fortuna de las incalculables por la que los herederos tuvieron que pagar por impuestos de la herencia 10.500 millones de las antiguas pesetas (63,1 millones de euros) por lo que se deduce del argumento de los Botín de que el dinero era del padre, los 2.000 millones de euros están pendientes del pago de impuestos de transmisiones. Esto no deja de ser una pequeñez que se compensará con miles de persecuciones a los que menos tienen para repizcarles unos euros. El trato exquisito a los Botín tiene mucho que ver con la financiación de los partidos políticos y del indudable apoyo al partido que consiga formar gobierno. Las prebendas y los patrocinios vienen de atrás por lo que creo conveniente poder echar un vistazo a la historia secreta de los Botín.
De Botín a Botín: de casta le viene al galgo
Emilio Botín Sanz de Sauturola falleció en 1993 y fue presidente del Banco Santander durante 56 años: entre 1930 y 1986
El contenido mítico de la saga Botín arranca, sin lugar a dudas, en la personalidad eminente del padre, Emilio Botín Sanz de Sautuola -el don Emilio por antonomasia- que murió a los 90 años, habiendo sido presidente del Santander durante 36, entre 1950 y 1986. Y aunque los hagiógrafos pretenden forjar una leyenda en torno a los antecedentes bancarios del actual presidente del Santander, por lo que hablan de que es hijo, nieto y bisnieto de banqueros. Pero esto no se corresponde con la realidad porque la historia bancaria de la familia empieza en el padre del actual Emilio. El abuelo y el bisabuelo no sabían distinguir una letra a la vista de otra a días o meses vista, y hay quienes aseguran que les resultaba imposible de todo punto liquidar una cuenta corriente. Y lo curioso del caso es que no parecía que el destino hubiera llamado a don Emilio, el padre, por los caminos de las finanzas. Antes, fue un joven santanderino sin oficio ni beneficio, el cual, hasta que entró en el banco llevado de la mano por su tío Marcelino, tenía como principal ocupación desplumar a sus paisanos jugando al póquer. Al menos, así lo relató el que fue presidente del diario Informaciones, Víctor de la Serna, hijo del gran escritor y periodista e intimo de los Botín. El personaje tenía alma de jugador cuando el banco se hallaba en una situación muy difícil, y un buen día el presidente, don Marcelino, sorprendió a los pocos consejeros que quedaban en la casa diciéndoles que, para arreglar las cosas, había contratado a su sobrino Emilio como director. Obvio es decir que los demás administradores dimitieron en el acto, aunque la favorable predicción del tío se cumplió en términos insospechados: desde ese mismo día Emilio Botín Sanz de Sautuola y López se dio de baja en todos los casinos y empezó a jugar a lo grande en otras mesas de juego mucho más provechosas: los consejos de administración de las múltiples sociedades que se le ponían a tiro. Parece que el cambio de fichas lo llevo don Emilio Botín hasta las últimas consecuencias, puesto que nunca más quiso saber nada de las otras mesas de juego, las recreativas; el mismo Víctor de la Serna hijo contaba que acompañó con otros amigos a Emilio Botín a pasar unos días en Montecarlo, y todos entraron a probar fortuna en el casino, menos don Emilio que se abstuvo de tentar a la suerte.
La compra del Banco Mercantil fue una de las jugadas maestras de Botín Sanz de Sautuola. Un pulso que sirvió para demostrar que, en algunas ocasiones, es el pez pequeño el que se pega la gran comilona. La operación fue tan comentada en todos los círculos financieros, que más de un banquero, con envidiables dotes adivinatorias, llego a pronosticar el hundimiento definitivo de don Emilio. El patriarca de los Botín pasaba por ser un hombre emotivo, hasta el punto que, se dice, que en los entierros se le saltaban las lágrimas con facilidad suma. Pero su faceta sentimental quedaba aparcada del todo cuando se trataba de defender los intereses del banco no dejaba pasar por alto el menor fallo, ni le temblaba el pulso a la hora de cesar a cualquier directivo, por muchos servicios que hubiese prestado a la entidad. Don Emilio ha pasado tanto a la historia como a la leyenda de la banca. Su misma figura ha quedado como un icono referencial: solía aparecer en verano con un impecable traje blanco de lino y bastón con delicada empuñadura de plata, y cubierto en invierno con un abrigo de visón hasta los pies y un elegante sombrero. En una ocasión dijo:”Casi nadie gasta de acuerdo con lo que tiene. Unos viven por encima de sus posibilidades y otros por debajo”. Convengamos, una vez más, en que tales reflexiones no merecen la inmortalidad intelectual, pero lo cierto es que la familia Botín ha estado siempre entre los segundos, sobre todo porque lo que gastan sus miembros lo paga el Santander. Cuenta el director de una editorial de Burgos, dedicada a la publicación de libros históricos, que le fue a visitar el director de la sucursal del Santander para pedirle una obra que interesaba a alguien de la familiar Botín, pero al mismo tiempo solicitó “una importante rebaja”, porque así se lo habían ordenado. El precio de la obrita en cuestión era de 1.500 pesetas, y el director de la editorial optó por regalarlo para que no padeciese de manera grave la solvencia económica de la familia; de la que por supuesto no recibió muestra alguna de agradecimiento.
Un Greco en el dormitorio
Devorando los peces pequeños
Emilio Botín II junto a Emilio Botín I
Desde sus orígenes al mando de1 Santander, que se inician en 1941, hasta su retiro en diciembre de 1989, pasaron muchas cosas para don Emilio. Su primer gran éxito -como ya se ha dicho- lo culmino al absorber al gran banco rival en la región cantabra, el Mercantil de Santander, estrategia de expansión llevada a cabo desde su puesto de director general. Con esta operación el “bancuco” (como muchos llamaban al Santander) dobló su tamaño. Después vendría la apertura de sucursales, la compra de otros bancos y la aventura de las Americas, con la implantación de una cuidada red de oficinas en aquel continente. A finales de 1980 obtuvo el control de la Banca Jover y del Banco Comercial Español. Del reparto del pastel de Rumasa, al Santander le correspondieron el Banco de Murcia y el Comercial de Cataluña. Hay que reconocer que Botín senior unía a su ambición sin limites un innegable tesón bastará con decir que, durante sus primeros años de mandato en el banco, dormía doscientas noches al año en el tren que une Madrid con Santander. En invierno llegaba a la estación santanderina con su ropaje más so1emne, en e1 que, como ya se ha dicho, destacaba sobre todo e1 abrigo de pieles que le llegaba hasta los pies. E1 mozo del coche-cama le sudaba con reverencia, y e1 banquero le correspondía sacando del bolsillo derecho de la chaqueta un fajo de billetes de cien pesetas, del que cuidadosamente cogía uno y se lo daba al empleado; así fue durante tanto tiempo que cuando los billetes de cien pesetas dejaron de circular seguía dándole uno al mozo que lo recibía con los mismos signos de gratitud que cuando tenían curso legal. Esto es tan sólo una anécdota que nos introduce en el próximo post como suma y sigue.
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Los comienzos del banco no fueron muy boyantes, como reflejan las crónicas de aquellos años. Muy pronto perdió el privilegio de emitir papel moneda, reservado con carácter exclusivo al Banco de España. Don Emilio Botín López, el iniciador de la saga Botín, un hombre con pocas dotes para las finanzas y que a buen seguro no sabia distinguir una letra de cambio de un pagaré, no fue presidente hasta 1909, debido al carácter rotatorio del cargo, por lo que su trayectoria bancaria resultó tan fugaz como anodina. De ahí que la teoría del pedigrí obedezca al denodado esfuerzo hagiográfico de cronistas interesados. El primer apellido ilustre de la familia lo aporta el bisabuelo del actual presidente del Santander, Marcelino Sanz de Sautuola, pero su gloria no se debe tanto a sus habilidades financieras sino al casual hecho de haber sido descubridor, con su hija María de las cuevas de Altamira, en 1879. Los Sanz de Sautuola heredaron la fastuosa finca de Puente San Miguel, en donde, al casarse doña María con Emilio Botín López, el matrimonio fijó su residencia. En esta casa, el profesor Cartailhac, de la Universidad de Toulouse, hubo de acudir a disculparse en 1905, por haber cuestionado la autenticidad de las pinturas rupestres, ante la abuela del actual Emilio Botín, una dama con fama de espíritu caritativo que, según se cuenta, recibía diariamente en la finca a numerosos lugareños para darles de comer. Quienes la conocieron alaban sin disimulo sus dotes de administración, y su capacidad ahorradora, hasta el punto de que cuando el hijo del carnicero le llevaba la carne, la pesaba ella misma para comprobar que la ración se ajustaba escrupulosamente a lo solicitado, y si faltaban unos gramos devolvía el pedido.
Sangre de banquero en las venas
Así, hasta levantar un imperio que, según se jactaba el propio don Emilio, se había acumulado “peseta a peseta”. Su obsesión por la acumulación de activos llegó a convertirse en leyenda. Esas pesetas que ganaba el banco (el banco y la familia), otros las perdían, y don Emilio, cuando tenía que defenderse de acciones discutibles, no dudaba en decir que todo lo hacia “en defensa de sus accionistas”. Este escudo protector le servia para desenvainar la espada, siempre esgrimida con determinación, bajo el lema“atacar antes de ser atacado”, una sabia dicotomía entre la defensa y el ataque como el producto más acabado de otra variante en la que llego a ser un virtuoso: “Devora antes de que te devoren”, implacable doctrina que corresponde a la herencia genética de la familia. La verdad es que se lanzaba al ataque con decisión pero no sin cautelas previas, conociendo de antemano el potencial del adversario y, si sé me apura, hasta el desenlace de la contienda. Juan Abelló, íntimo amigo de los Botín, los describe diciendo que, en trance de buscar solución a cualquier controversia susceptible de tres posibilidades para acabar con el conflicto, ellos siempre eligen la que más daño puede hacer a su contrincante. Con esta óptica de los negocios, don Emilio Botín tuvo que enfrentarse a innumerables batallas. Sus adversarios, más bien sus enemigos -y este carácter concurría para él en cualquiera que intentara hacer sombra a su reinado- eran borrados del mapa de un plumazo. Su concepto del capitalismo erigido en dogma moral y fundamento de una verdadera cruzada financiera, se basaba en la máxima eficacia en los resultados y la obediencia ciega prestada por sus colaboradores, desde el consejo de administración al último botones.
Peligro de caída
Pero la lista de los accidentados es mucho más amplia. Otro de los amigos más dilectos de don Emilio era Antonio Escalante Huidobro terrateniente extremeño, que a raíz de algunos avatares adversos en sus negocios agrícolas y ganaderos, suscribió determinados créditos con el Banco Santander. En cierta ocasión don Emilio le propuso que se presentara a las primeras elecciones generales, con el fin de añadir un político más a su cuadra. A Escalante no le seducía la idea, habida cuenta de la marcha irregular de sus actividades, pero el patriarca le convenció “de eso no te preocupes, Antonio, lo importante es que no salgan elegidos los rojos”, le espetó. Con dicha doctrina, a Escalante le pareció que el tiempo que iba a hurtar a sus asuntos estaría sobradamente compensado con las ayudas que sin duda iba a recibir del banquero. El terrateniente no tuvo suerte en su empeño contra las “hordas izquierdistas”. Se presentó, claro esta, por las listas de Alianza Popular en las legislativas de 1979, y quinientos votos escasos le separaron del ansiado escaño. Don Emilio, tras la derrota sufrida por su mandado amigo, sencillamente lo borro del mapa, y el Santander ejecutó de inmediato todos los créditos dejándolo en la miseria. Vamos a dejar aquí las vicisitudes del círculo de amistades del prócer de los Botín y las conectaremos con las de su sucesor para poder asegurar que de tal palo tal astilla. Esto será en la próxima entrega.
La política, o el arte de apostar a caballo ganador y colocado
EI diario de la discordia
EI otoño del patriarca
Botín y de la Rosa, asesorados por Ramón Hermosilla, se las prometían muy felices, pero llevaron a efecto la operación tan rematadamente mal que Francisco Lozano y Santiago Foncillas, -presidente y vicepresidente de la sociedad, respectivamente, asistidos en derecho por Rafael Pérez Escolar, pusieron a los opantes en un serio compromiso, hasta el punto de que tuvieron que tirar la toalla y respetar íntegramente el derecho de todos los accionistas de la azucarera sin limitación alguna. E incluso, gracias a la generosidad de los opados, Botín y de la Rosa no tuvieron que sentarse en el banquillo. De esta forma, con más pena que gloria; acabaron los devaneos financieros de don Emilio. En sus últimos años, Botín Sanz de Sautuola oía misa a diario con devoción, lo que solía hacer en la iglesia de los Redentoristas. El trayecto que separa el templo de El Promontorio lo hacia a pie. Quienes se percataban de su presencia veían a un venerable anciano, rosario en mano y apoyado en el sempiterno bastón, con el mismo porte elegante de toda su vida. Quien sabe si buscaba la admonición del único que podía perdonarlo.















