lunes, 25 de junio de 2012

Una nueva categoría social



La crisis convierte en poco menos que privilegiados a quienes eran tenidos por casi marginados

La generación quizá mejor preparada de nuestra historia proyecta un futuro muy oscuro






Si hace unos pocos años ser mileurista equivalía prácticamente a ser un paria social, la actual crisis económica, con el desempleo juvenil rondando el 50%, ha cambiado sustancialmente las cosas. Los mileuristas han subido un peldaño en la escala, a hombros de una nueva y creciente categoría laboral: los nimileuristas. La crisis convierte así poco menos que en unos privilegiados a quienes eran tenidos (y se tenían) por casi marginados: al menos poseen un trabajo (aunque sea malo) y al menos disponen de un sueldo (aunque apenas sea realmente digno de ese nombre). La percepción de que todo podría ir a peor, es, quizá, lo que les hace valorar más lo que tienen: al contrario que el conjunto de los españoles, la mayoría de mileuristas califica positivamente su actual situación económica familiar. Ven el vaso medio lleno. Ahora —al igual que el pobre sabio de La vida es sueño de Calderón— ven a otros detrás suyo cogiendo las hierbas que ellos van arrojando. Los nimileuristas: una nueva categoría de pobres en Occidente según palabras del sociólogo francés, Louis Chauvel.
Más del 80% tiene una percepción negativa sobre la situación política
Si para los españoles en su conjunto, el panorama económico y político actual de España es desolador, para los nimileuristas, estos jóvenes menores de 35 años con bajos ingresos, es angustioso: en lo económico, la práctica totalidad —por encima del 95%— considera mala o muy mala la actual situación de España y cerca del 90% no solo cree que aún falta tiempo para que la crisis económica empiece a remitir —estiman que hasta dentro de cuatro años nada va a cambiar— sino que, además, piensa que el paro va a seguir igual de alto que ahora o incluso que va a ir en aumento. Tampoco ven que la recién aprobada reforma laboral —con la que se muestran especialmente críticos— vaya a cambiar sustancialmente sus opciones de futuro. Los nimileuristas creen —junto con los parados de su misma edad, con los que comparten un perfil similar— que aquello que otros tienen miedo a perder, ellos ni siquiera lo van a poder conseguir.
Su percepción sobre la situación política española no es mucho mejor: son más del 80% quienes la califican negativamente y la amplia mayoría no solo desaprueba la gestión de los dos principales líderes políticos de nuestro país —la de Rajoy como presidente y la de Rubalcaba como oposición— sino que también confía poco o nada en ellos. Una percepción que, probablemente, esté detrás de su menor participación electoral en las elecciones generales del pasado 20 de noviembre: en torno a 10 puntos menos que el conjunto del electorado español.
Si hoy hubiese elecciones, serían algunos más los que votasen al PP que al PSOE
No obstante, si se celebrasen ahora unas nuevas elecciones generales, el comportamiento electoral de los nimileuristas apenas variaría con respecto al mostrado hace cuatro meses: serían algunos más quienes votarían al PP que al PSOE —aunque, en ambos casos, en menor proporción que el resto de españoles—, si bien confiarían algo más en otras opciones políticas (sobre todo IU pero también UPyD). Una conducta quizá afectada por los planteamientos más sonoros del movimiento 15M: apoyo a otras opciones diferentes a las que representan los dos partidos mayoritarios.
En definitiva, los nimileuristas comparten con el resto de ciudadanos una visión grisácea de la actual situación político-económica española, pero que en su caso, está más extendida y es más profunda. La generación quizá mejor preparada de nuestra historia y con un mayor acceso a, también, una mayor cantidad de información, proyecta un futuro muy oscuro

Frustración juvenil El paro y la precariedad laboral de los jóvenes es una pérdida irreparable también para el país


El desempleo y la extraordinaria precariedad laboral que sufren los jóvenes españoles son síntomas de un fracaso colectivo que no solo empobrece a los afectados. La falta de perspectivas laborales y, por tanto, vitales es un drama español de carácter endémico que la crisis y la actual recesión han agudizado hasta extremos insostenibles. Las estadísticas son inapelables, pero detrás de ellas hay nombres y apellidos, historias de desesperanza de jóvenes que ahora perciben inalcanzable un empleo que siquiera roce los mil euros; de ahí la serie que inicia hoy este periódico bajo el lema de "nimileuristas".
La tasa de paro juvenil ha escalado a un ritmo acelerado en los últimos cinco años hasta el 49,9%, lo que supone duplicar la media de la Unión Europea. Pero, además, la mayoría de los que logran acceder al mercado laboral ni siquiera obtienen las condiciones y los salarios adecuados para poder iniciar por su cuenta un proyecto de vida independiente. Tampoco para poder participar en el sistema productivo con la dignidad que se corresponde con los principios fundamentales que aprendieron en la escuela y con la que merecen los ciudadanos de un país democrático del mundo desarrollado.
La ausencia de políticas activas de empleo y los insuficientes intentos de modificar los patrones de crecimiento se han venido a unir a una crisis económica devastadora en términos de desempleo. El empobrecimiento general de la población con el recorte masivo de ingresos está perjudicando de manera inmisericorde a los más jóvenes. A ellos van destinadas las ofertas —crecientes— de salarios miserables y extensos horarios. En un contexto de elevado desempleo y de incertidumbre laboral, emolumentos en negro y trabajos sin ningún tipo de derechos empiezan a ser moneda corriente entre esos jóvenes, muchos de ellos con estudios universitarios, que ven cómo se truncan sus expectativas mientras asisten al obsceno espectáculo de un reparto cada vez más desigual de la riqueza. Durante la crisis, la brecha salarial entre directivos y empleados no hace más que crecer, como demuestra la encuesta de estructura salarial del INE; un fenómeno que no es exclusivo de España.
El 89% de la población española considera que la situación económica es mala o muy mala, lo que marca un récord de pesimismo que, como un círculo vicioso, es, a su vez, un lastre para el sistema. La misma encuesta del CIS que refleja esta negativa percepción ciudadana demuestra que aumenta el número de españoles dispuestos a cambiar de ciudad e incluso a cruzar la frontera para conseguir un puesto de trabajo. Hay informes que hablan de hasta 300.000 jóvenes que habrían emigrado desde el inicio de la crisis, dilapidando así en beneficio de otros todos los conocimientos que España puso a su alcance. Esa falta de perspectivas es un peligroso caldo de cultivo para el conflicto social y una pérdida irreparable para todo un país.


El desempleo y la extraordinaria precariedad laboral que sufren los jóvenes españoles son síntomas de un fracaso colectivo que no solo empobrece a los afectados. La falta de perspectivas laborales y, por tanto, vitales es un drama español de carácter endémico que la crisis y la actual recesión han agudizado hasta extremos insostenibles. Las estadísticas son inapelables, pero detrás de ellas hay nombres y apellidos, historias de desesperanza de jóvenes que ahora perciben inalcanzable un empleo que siquiera roce los mil euros; de ahí la serie que inicia hoy este periódico bajo el lema de "nimileuristas".
La tasa de paro juvenil ha escalado a un ritmo acelerado en los últimos cinco años hasta el 49,9%, lo que supone duplicar la media de la Unión Europea. Pero, además, la mayoría de los que logran acceder al mercado laboral ni siquiera obtienen las condiciones y los salarios adecuados para poder iniciar por su cuenta un proyecto de vida independiente. Tampoco para poder participar en el sistema productivo con la dignidad que se corresponde con los principios fundamentales que aprendieron en la escuela y con la que merecen los ciudadanos de un país democrático del mundo desarrollado.
La ausencia de políticas activas de empleo y los insuficientes intentos de modificar los patrones de crecimiento se han venido a unir a una crisis económica devastadora en términos de desempleo. El empobrecimiento general de la población con el recorte masivo de ingresos está perjudicando de manera inmisericorde a los más jóvenes. A ellos van destinadas las ofertas —crecientes— de salarios miserables y extensos horarios. En un contexto de elevado desempleo y de incertidumbre laboral, emolumentos en negro y trabajos sin ningún tipo de derechos empiezan a ser moneda corriente entre esos jóvenes, muchos de ellos con estudios universitarios, que ven cómo se truncan sus expectativas mientras asisten al obsceno espectáculo de un reparto cada vez más desigual de la riqueza. Durante la crisis, la brecha salarial entre directivos y empleados no hace más que crecer, como demuestra la encuesta de estructura salarial del INE; un fenómeno que no es exclusivo de España.
El 89% de la población española considera que la situación económica es mala o muy mala, lo que marca un récord de pesimismo que, como un círculo vicioso, es, a su vez, un lastre para el sistema. La misma encuesta del CIS que refleja esta negativa percepción ciudadana demuestra que aumenta el número de españoles dispuestos a cambiar de ciudad e incluso a cruzar la frontera para conseguir un puesto de trabajo. Hay informes que hablan de hasta 300.000 jóvenes que habrían emigrado desde el inicio de la crisis, dilapidando así en beneficio de otros todos los conocimientos que España puso a su alcance. Esa falta de perspectivas es un peligroso caldo de cultivo para el conflicto social y una pérdida irreparable para todo un país.

La quiebra de Europa




En 1945 Europa dejó atrás más de treinta años de guerra, revoluciones, fascismos y violencia. La cultura del enfrentamiento se había abierto paso en medio de la falta de apoyo popular a la democracia. Los extremos dominaban al centro y la violencia a la razón. Un grupo de criminales que consideraba la guerra como una opción aceptable en política exterior se hizo con el poder y puso contra las cuerdas a los políticos parlamentarios educados en el diálogo y la negociación.
El total de muertos ocasionados por esas guerras, revoluciones y contrarrevoluciones, y por las diferentes manifestaciones de terror estatal, superó los ochenta millones. Cientos de miles más fueron desplazados, huyeron de país en país, planteando graves problemas económicos, políticos y de seguridad. En los casos más extremos de esa violencia hubo que inventar hasta un nuevo vocabulario para reflejarla. El genocidio, por ejemplo, un término ya inextricablemente unido al extermino de los judíos en los últimos años de supremacía de la Alemania nazi.
A partir de ese año, el reparto del continente entre las principales superpotencias victoriosas, Estados Unidos y la Unión Soviética, y la ausencia o contención de los conflictos étnicos y disputas territoriales que habían caracterizado los años veinte y treinta, cambiaron su rumbo. Aunque la democracia parlamentaria tardó después décadas en instalarse en bastantes países, dominados por dictaduras derechistas o comunistas, el sueño de crear una Europa unida, próspera, estable y civilizada parecía hacerse realidad a finales del siglo XX. Todos querían participar de esa edad de oro del capitalismo, de la democracia y del Estado del bienestar.
Porque si algo caracterizó a las democracias europeas que se consolidaron tras la Segunda Guerra Mundial fue el compromiso de extender a través del Estado los servicios sociales a la mayoría de los ciudadanos, de distribuir de forma más equitativa la renta. Superar el atraso en equipamientos colectivos, infraestructuras y sistemas asistenciales fue uno de los grandes desafíos de los países que, como Grecia, Portugal o España, se engancharon a ese carro durante el último cuarto de siglo. Los nuevos grupos políticos establecidos a partir de 1989 en el Este dejaron muy clara su intención de enterrar el sistema comunista. Era el triunfo de la ciudadanía, de los derechos civiles y sociales, tras décadas de sinuosos destinos, paradojas y contrastes.
Estamos ante la muerte de la Europa ideal, sometidos a la plaga de los mercados y con millones de personas en ruina
El siglo veinte fue extraordinariamente variado, “de extremos”, como lo acuñó el historiador británico Eric J. Hobsbawm, pero al hacer balance casi todo el mundo celebraba que, después de tanta batalla, finalizadas las grandes rivalidades ideológicas, Europa era en el año 2000 más democrática y rica que nunca. Menos violenta y más estable. El capitalismo parecía funcionar con reglas establecidas, respetadas por los ciudadanos y los gobiernos. Un buen sitio para vivir.
Apenas una década después, dilapidada parte de esa prosperidad, reaparecen los fragmentos más negros de su historia. Europa no la componen sólo los países occidentales y durante la mayor parte de ese siglo veinte millones de ciudadanos defendieron estar organizados conforme a estrictas reglas autoritarias, pasando por encima de quienes no las aceptaron. En los países que salieron del comunismo, después de más de cuatro décadas de represión, las diferentes tradiciones políticas habían quedado borradas. Mientras la izquierda luchaba por distanciarse del pesado legado del comunismo, la derecha no tenía una historia democrática que reivindicar. La gran variedad de culturas y tradiciones nacionales siempre resultó un poderoso obstáculo a la cooperación.
Estamos ahora ante la muerte de esa Europa ideal que no pudo ser, sometidos a la plaga de los mercados, a los desastres económicos y con millones de personas en ruina. Aparentemente, los políticos trabajan para tapar las grietas, devolver la confianza, reconstruir la unidad. Lo que sale a la luz, se nota, se sufre, es, sin embargo, su incapacidad para elaborar un plan eficaz y hacerlo realidad. Todo lo demás está en el camino de convertirse en pura retórica europeísta, sólo útil para el reducido círculo que impone sus decisiones a los demás.
La riqueza no se distribuyó de forma igualitaria en toda Europa y algunos países, con Alemania al frente, no quieren ahora compartir los privilegios económicos. Es probable que otros, los países mediterráneos por ejemplo, hayan hecho muchos méritos para su exclusión de esa comunidad de intereses y beneficios, pero eso no era lo previsto, ni lo pactado, en la visión europeísta de la unión monetaria, de la utopía comunitaria frente a las trágicas rivalidades nacionales e ideológicas del pasado.
Si la crisis se agrava, las democracias se vuelven más frágiles y los Estados dejan de redistribuir bienes y servicios, que fue su principal aportación a la estabilidad social, estaremos de nuevo al borde del abismo, convertidas la economía, y la mera subsistencia, en un asunto de vida o muerte. Por eso necesitamos políticos comprometidos con la sociedad, con los más débiles, antes de que esta quiebra del orden europeo haga crecer el extremismo político, el nacionalismo violento y la hostilidad al sistema democrático.

viernes, 22 de junio de 2012

IGUAL QUE EN ESPAÑA.



Austeridad a la francesa: los ministros de Hollande rebajan su sueldo un 30%
Todo el Ejecutivo francés ha firmado una "carta de deontología": se rebajan el sueldo y aceptan reglas contra privilegios y nepotismo.

Primer Consejo de ministros para el presidente François Hollande
Primera medida muy simbólica para el nuevo Gobierno francés: todos sus miembros, elegidos por el primer ministro Jean-Marc Ayrault, han firmado este jueves una "carta de deontología" en la que han consentido una rebaja de su sueldo de un 30%. A partir de ahora, la remuneración del presidente François Hollande como la del primer ministro pasan de 21.300 euros brutos al mes a 14.910 euros. Todos los ministros, que ganaban 14.200 euros brutos, tendrán que 'conformarse' con 9.940 euros al mes.
No sólo es la primera decisión del Gobierno galo, sino también una promesa que cumple François Hollande, que se comprometió en crear un Estado imparcial. "Es cuestión de ejemplaridad" dijo el nuevo primer ministro este miércoles en la televisión francesa. La carta de deontología, que cada ministro ha tenido que firmar al final del primer Consejo de ministros, define reglas de trabajo muy estrictas desde el interés económico o el nepotismo hasta incluso la forma de desplazarse.
Ninguna intervención a favor de un familiar o cercano
Preparado durante la campaña por el equipo de Hollande, el documento, que revela el diario Le Monde<http://www.vozpopuli.com/admin/noticias/lemonde.fr/election-presidentielle-2012/article/2012/05/17/une-charte-de-deontologie-pour-les-ministres_1703180_1471069.html>, impone condiciones estrictas de trabajo para los ministros. Ningún regalo de más de 150 euros, ninguna invitación privada para ellos son los primeros requisitos. Igualmente, cada miembro del Gobierno se compromete en hacer una declaración de intereses para prevenir "cualquier sospecha de interés privado". En este sentido, tendrán que renunciar a cualquier participación en un organismo cuya actividad interesa su ministerio y, sobre todo, "se abstendrán absolutamente de cualquier intervención en relación a la situación de un familiar o de un cercano."
En conclusión, el documento recuerda a los ministros que deben renunciar a los mandatos ejecutivos locales que tienen y que "sólo los gastos directamente relacionados al ejercicio de sus funciones serán encargados por el Estado". La carta también impone que los desplazamientos de menos de tres horas tendrán que efectuarse en tren y que, excepto caso particular, los ministros efectuarán "sus desplazamientos en coche con discreción y respetando las normas de tráfico."
Y aún hay más....para los políticos de medio pelo
 QUE LLEGUE A NUESTROS POLÍTICOS, A VER SI SE LES CAE LA CARA DE VERGUENZA

miércoles, 20 de junio de 2012

Se hace raro ver la prensa, y no ver desfalcos de politicos semanales.



¿Qué recibe un diputado tras resultar elegido?

1. Varios

- Un iPhone 4S. 
- Un iPad. 
- Un PC en el despacho. 
- Módem 3G.
- Voz y datos pagados.
- ADSL en casa pagado. 
- Si eres del PP o PSOE, un asistente para cada dos diputados. Si eres de otro partido, uno propio.
- Un despacho propio. 
"Estamos pidiendo un sacrificio a todos los ciudadanos..."

2.¿Y para moverse?
- Si usa su propio coche recibe 0.25€ por km, o sea, 25€ cada 100 km y se te pagan los peajes.
- Si no tienes un coche oficial asignado, 3.000€ anuales para taxis (250€/mes). 
- Billetes de primera clase para avión, tren y barco.
"Tendremos el Estado de bienestar que podamos..." 

3.¿Y el sueldo?
- Sueldo base de 3.126,52€ mensuales y dos pagas extra.
- Si formas parte de alguna comisión, recibes entre 775,15€ y 
1.590,34€ más al mes.
- Si tienes algún cargo (Portavoz, Secretario, etc) en el peor de los
casos recibes 2.318,96€ más al mes.
- Puedes tener trabajos y cargos fuera del congreso sin límite ni
perjuicio en el sueldo/ayudas. 
- Los sueldos que cobres de tu partido, tampoco afectan en nada.
"Los sacrificios de hoy son la puerta al bienestar del mañana..." 

4.¿Y las ayudas?
- Si fuiste elegido fuera de Madrid, recibes 1.823,86€ mensuales más para alojamiento y manutención. 
- Si fuiste elegido en Madrid, recibes 870,56€ mensuales más para
alojamiento y manutención.
- Si viajas dentro de España, 120€ diarios. 
- Si viajas fuera de España, 150€ diarios.
"Los españoles pueden estar seguros de que no habrá sacrificio ni
esfuerzo que no estemos dispuestos a hacer..." 

5.¿Y los beneficios fiscales?
- Las dietas relacionadas con transporte no tributan, no se declaran a Hacienda vamos.
- Las dietas relacionadas con alojamiento y manunteción no tributan.
- Los sueldos/dietas por tener un cargo en el Congreso, no tributan.
- Si dejas de ser diputado, percibes una paga mensual de 2.813,87€ hasta un máximo de dos años. No importa si tienes un sueldo privado. 
"La salida de la crisis, con el esfuerzo de todos..."

6.¿Y si se disuelven las cortes porque va a haber elecciones? 
- Derecho a una indemnización consistente en el sueldo de los días transcurridos hasta que se forma el nuevo Congreso (el sueldo de dos meses aproximadamente), vuelvas al Congreso o no.
- El Congreso te paga las cuotas de la Seguridad Social , Derecho
pasivo y otras cosas durante ese tiempo. 
- El Congreso mantendrá tu póliza de accidentes durante ese tiempo.
- El Congreso sigue pagando el ADSL, voz y datos durante ese tiempo.
- La mudanza de tu despacho corre a cargo del Congreso.
"Todos tenemos que hacer sacrificios..."

7.¿Y la jubilación? 
Si tienes 55 años y...
- Has sido diputado once años: 100% de la pensión máxima (2.466,20€).
- Has sido diputado entre nueve y once años: 90% de la pensión máxma. 
- Has sido diputado entre siete y nueve años: 80% de la pensión máxima.
- Por el 10 % del salario base, derecho a pensión privada a cargo del BBVA. 

Como véis, son unas condiciones lamentables. Por eso los políticos son los más adecuados a la hora de hablar de recortes y sacrificios. Ellos ya se están apretando el cinturón y pasándolo muy mal... ASI ENTENDEREMOS PORQUE SE CLAVAN NAVAJAS Y CUCHILLOS ENTRE ELLOS POR ESTAR AHÍ……. EN LAS LISTAS, EN PUESTOS DE SALIDA ( O, DE ENTRADA) Y DE LOS SENADORES HABLAMOS OTRO DIA .



Estos señores, como cobran poquito, se ven obligados a meter la mano en la lata del gofio, se hace raro ver la prensa, y no ver defalcos de politicos semanales.

sábado, 16 de junio de 2012

¡ ¡ ¡ LA MADRE QUE LO PARIÓ....... ! ! !



REFLEXIÓN MUY PROFUNDA
Un pensamiento MUY profundo.

Pensando en mi perro...

Mi perro duerme en promedio 16 horas por día.
Tiene toda la comida preparada para él y puede comer cualquier cosa que quiera.
La comida la recibe sin costo, y sin ningún esfuerzo.
Visita al veterinario una vez al año o cuando es necesario, si aparece algún mal.
Para eso el no paga nada y nada se le pide a cambio.
Vive en un buen barrio y en una casa que es mucho mayor de lo que necesita, pero no precisa limpiar nada, ni pagar alquiler ni pensar en un crédito hipotecario.
Si él ensucia, alguien limpia. Además ese alguien se ocupa del alquiler.
El escoge los mejores lugares de la casa para dormir, y recibe esas comodidades completamente gratis.
Vive como un rey y no tiene ningún gasto por hacerlo.
Todos sus costos son pagados por otras personas que tienen que salir de casa para ganarse la vida todo el día…
Estuve pensando sobre eso y, de repente,me vino la respuesta............

¡ ¡ ¡ LA MADRE QUE LO PARIÓ....... ! ! !

¡ ¡ ¡ ..... MI PERRO ES DIPUTADO...! ! !

jueves, 14 de junio de 2012

http://www.escolar.net/MT/archives/2012/06...

Has recibido este mensaje porque fernando carlos Garcia lo ha compartido con garciafernandocarlos.esperando@blogger.com. Anula la suscripción a estos correos electrónicos.
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EL DRAMA DE LAS INTERVENCIONES »




EL DRAMA DE LAS INTERVENCIONES »
La calidad de vida es peor y las economías se hunden en los países rescatados
Los tres países que han solicitado ayuda a la 'troika' sufren las duras consecuencias
Consulta el especial sobre la crisis del euro
WALTER OPPENHEIMER / ANTONIO JIMÉNEZ BARCA / MARÍA ANTONIA SÁNCHEZ-VALLEJO Londres / Lisboa / Madrid 9 JUN 2012 - 18:04 CET38
Archivado en: Rescate financiero Crisis deuda europea Crisis económica Irlanda Recortes presupuestarios Grecia Euro Política monetaria única Recesión económica Portugal Zona euro UEM Crisis financiera Coyuntura económica Europa occidental Moneda UE Europa España Finanzas públicas Economía europea Organizaciones internacionales Finanzas Economía Relaciones exteriores


Irlanda se tragó el orgullo para asumir el rescate sin protestas


Irlanda es un país profundamente orgulloso e idealista y, al mismo tiempo, muy pragmático. Los irlandeses vivieron como una humillación el rescate internacional pactado el 29 de noviembre de 2010, por la que el Gobierno se aseguró el ingreso de 67.500 millones de euros en tres años, además de otros 17.500 millones procedentes de las reservas propias y para pensiones del país.


A pesar de ese sentimiento de humillación, los irlandeses apenas han protestado por las políticas de austeridad que precedieron y siguieron al rescate. Más aún: han venido a ratificarlas con el amplio margen de votos a favor (el 60%) con el que en el referéndum de hace solo unos días dieron un mandato al Gobierno para que ratifique el Tratado de Estabilidad Financiera de la UE.


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¿Significa eso que la austeridad se ha suministrado de forma suave en Irlanda? En absoluto. El estallido de la burbuja inmobiliaria en 2007 arrastró a la banca y a la economía en 2008 y disparó el déficit público en 2010 a un 32% del PIB, cifra sin precedentes en la zona euro. Eso llevó al Gobierno del Fianna Fáil, el partido históricamente dominante, a empezar una serie de recortes presupuestarios que lo mismo afectaron a las prestaciones sociales que a los funcionarios.


Más que empeorar el ajuste, lo que hizo el rescate fue prolongarlo debido al doble compromiso del Gobierno de reducir el déficit público a un máximo del 3% en 2015 y devolver el dinero a las instituciones internacionales en 10 años. Cuando el Gobierno del Fianna Fáil cayó en febrero de 2011, la coalición del Fina Gael y los laboristas negoció con Bruselas una serie de mejoras y en especial un recorte del tipo de interés que paga Irlanda por esa financiación y alargó su plazo a 15 años.


Con rescate y sin rescate, los irlandeses han sufrido siete ajustes presupuestarios desde 2008; la tasa de paro ha pasado del 4% al 14% y supera el 55% el porcentaje de desempleados que llevan más de un año sin trabajar; entre 2008 y 2015 se habrán suprimido casi 40.000 empleos públicos dejando la plantilla en 282.500 empleados frente a los 320.000 de 2008 y en una población de poco más de cuatro millones, más de 700.000 están por debajo o amenazados con quedar por debajo del umbral de pobreza.


Los portugueses sufren el deterioro de salarios y servicios


El 5 de abril de 2011, el socialista José Sócrates, primer ministro de Portugal, anunciaba que a pesar de haberlo intentado todo, se veía obligado a rendirse y solicitar, para pagar los vencimientos de la deuda del país y evitar la bancarrota, la ayuda financiera internacional. Dos semanas de negociaciones después, el Gobierno de Sócrates (a punto de abandonar el poder) firmaba con la troika (FMI, BCE y UE) el acuerdo por el cual el país recibía 78.000 millones de euros a cambio de aceptar un voluminoso y exigente paquete de medidas de recorte.


Desde que se levanta hasta que se acuesta, un ciudadano portugués siente en el día a día de su existencia las condiciones exigidas por la troika
Todos auguraron una vida peor para los portugueses. Y así ha sido. Desde que se levanta hasta que se acuesta, un ciudadano portugués siente en el día a día de su existencia las condiciones exigidas por la troika. Si desayuna en un bar, deberá pagar el 23% de IVA, un impuesto que subió en enero y que afecta no solo a productos de lujo sino a cosas tan de andar por casa como pañales, refrescos o yogures. Si nuestro hombre tiene trabajo (cosa cada vez más complicada en Portugal ya que el país alcanza el 15% de paro) se verá afectado por una dura reforma laboral que abarata el despido, prevé horas extras gratis y ha recortado los festivos al año.


Si nuestro portugués es funcionario, además, habrá perdido sus pagas extras de verano y Navidad. Si es jubilado, también. En principio, iban a recuperarlas en 2013. Dada la marcha (penosa) de la economía, esto último ya no está tan claro.


Una consulta médica corriente cuesta cinco euros desde enero, las consultas de especialistas son aún más caras y para ir a urgencias y ser atendido se necesita abonar previamente veinte euros (antes costaba diez).


Los transportes públicos funcionan peor y son más caros. Así que no es difícil que nuestro portugués del cuento llegue tarde a un trabajo en el que trabaja más por menos dinero después de haberse gastado más por desayunar.


Tampoco escapará a la sombra de la troika si, tarde ya en la noche, se pone a ver la televisión. Entre las privatizaciones previstas por el Gobierno, además de la de la compañía eléctrica EDP (ya vendida) se cuentan, entre otras, Correos, la línea aérea TAP y un canal de la televisión, RTP.


Grecia se hunde aún más en la recesión y la inestabilidad


Dos años después del primer rescate, en mayo de 2010, por valor de 110.000 millones, Grecia se hunde en la recesión y la inestabilidad política. La economía se contrae por quinto año consecutivo (la OCDE prevé para 2012 un bajón del PIB del 5,3%, y algo más de un punto en 2013), y los ciudadanos se revuelven en las urnas contra las medidas de austeridad impuestas: lo hicieron el 6 de mayo, dinamitando el bipartidismo tradicional, y lo volverán a hacer el próximo día 17 con pronóstico incierto.


A cambio del dinero prestado, la troika impuso en Grecia draconianos planes de ajuste para reducir una deuda exorbitante (300.000 millones, el 113% del PIB) y un déficit del 13%
A cambio del dinero prestado, la troika (Comisión Europea, BCE y FMI) impuso draconianos planes de ajuste para reducir una deuda exorbitante (300.000 millones, el 113% del PIB) y un déficit del 13%, más de cuatro veces el límite tolerado por Bruselas. Las reformas consisten fundamentalmente en el recorte de gastos y el aumento de ingresos (vía incremento de la presión fiscal y un ambicioso plan de privatizaciones, prácticamente en suspenso); la implementación de un sistema tributario que ponga freno a la evasión fiscal (un tercio de la economía griega se genera en negro); la desregularización del mercado de trabajo y la reforma de las pensiones, un terreno abonado al fraude por los 200 fondos existentes anteriormente.


Capital importancia tienen los recortes en la Administración, donde se suprimirán 150.000 puestos hasta 2015. El tamaño del sector público había desbordado todas las previsiones de gasto (entre 1999 y 2007, los sueldos aumentaron un 50%), pero ahora, al menos, existe un primer censo de funcionarios: hay 717.000, en una población activa de alrededor de cuatro millones.


El mercado laboral es uno de los más perjudicados. En febrero se aprobó un recorte del salario mínimo del 22% (hasta el 32% para trabajadores menores de 25 años); la supresión de los convenios (con merma salarial de entre el 15% y el 40%) y facilidades para el despido. En paralelo, las pensiones se han recortado un 15% de media. El desempleo se ha triplicado en tres años y roza el 22%

martes, 12 de junio de 2012

¿Queda un minuto para la medianoche en Europa?


Esta vez, Europa está de verdad al borde del precipicio

La gestión de la crisis por Alemania amenaza con repetir las tensiones del pasado siglo
Consulta el especial sobre la crisis del euro
NIALL FERGUSON / NOURIEL ROUBINI 10 JUN 2012 - 01:00 CET168
Archivado en: Opinión Crisis deuda europea Rescate financiero Política monetaria única Euro Grecia Angela Merkel UEM Zona euro Crisis financiera UE Moneda Alemania España Banca Organizaciones internacionales Economía europea Economía Finanzas Relaciones exteriores



¿Queda un minuto para la medianoche en Europa?


Nos tememos que la política del Gobierno alemán de hacer algo que sirve ya de poco y llega demasiado tarde corre el riesgo de provocar precisamente una repetición de la crisis de mitad del siglo XX que la integración europea pretendía evitar.
Nos resulta extraordinario que sea Alemania, precisamente, la que parezca no haber aprendido de la historia. Obsesionada con la inexistente amenaza de la inflación, da la impresión de que la Alemania actual otorga más importancia al año 1923 (el año de la hiperinflación) que a 1933 (el año en que murió la democracia). A los alemanes no les vendría mal recordar que una crisis bancaria europea ocurrida dos años antes de 1933 contribuyó de forma directa a la descomposición de la democracia, no solo en su propio país, sino en todo el continente.
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Otros países ya lo hicieron
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Llevamos más de tres años advirtiendo de que Europa continental necesitaba limpiar los lamentables balances de sus bancos. No hicieron prácticamente nada. Mientras tanto, desde hace dos años se está extendiendo un pánico silencioso entre los bancos de la periferia de la eurozona: se han reducido los servicios financieros transfronterizos, interbancarios y generales, y se han sustituido por financiación del BCE; y el dinero inteligente —grandes depósitos no asegurados de personas con altos ingresos— ha abandonado las costas de Grecia y otros bancos mediterráneos.

Pero ahora el público está perdiendo la confianza, y el pánico puede extenderse a depósitos sin asegurar más pequeños. Si Grecia saliera del euro, se produciría una congelación de depósitos, y los depósitos en euros se convertirían en nuevos dracmas: por tanto, un euro en un banco griego no equivale a un euro en un banco alemán. Los griegos han retirado más de 700 millones de euros de sus bancos en el último mes.
Más preocupante es que el mes pasado también hubo un aumento de las retiradas de dinero de algunos bancos españoles. La torpe operación de rescate de Bankia llevada a cabo por el Gobierno solo ha servido para incrementar la inquietud de la población. En una visita reciente a Barcelona, a uno de nosotros le preguntaron varias veces si era seguro tener dinero en un banco español. Este tipo de proceso puede ser explosivo. Lo que hoy es una tranquila visita al banco puede convertirse en una carrera de sálvese quien pueda. Si se produjera la salida de Grecia, las personas racionales se preguntarían: ¿quién va a continuación?
Como se debatió en una reunión del Nicolas Berggruen Institute celebrada la semana pasada en Roma, la forma de salir de esta crisis parece clara.
Resulta extraordinario que sea Alemania la que parezca no haber aprendido de la historia
En primer lugar, es preciso establecer un programa de recapitalización —mediante acciones preferentes sin derecho a voto— de los bancos de la eurozona, tanto en la periferia como en el centro, directa a través del Instrumento Europeo de Estabilidad Financiera (IEEF) y su sucesor, el Mecanismo de Estabilidad Financiera (MEE).

La estrategia actual de recapitalizar los bancos a base de que los Estados pidan prestado a los mercados nacionales de bonos —o al IEEF— ha resultado desastrosa en Irlanda y Grecia: ha provocado una explosión de deuda pública y ha hecho que el Estado fuera todavía más insolvente, al tiempo que los bancos se convierten en un riesgo mayor en la medida en que más parte de la deuda pública está en sus manos.
Segundo, para evitar el pánico en los bancos de la eurozona —un fenómeno seguro en el caso de salida de Grecia y muy probable en cualquier caso— es necesario crear un sistema europeo de garantía de depósitos.
Con el fin de reducir el riesgo subjetivo (además del riesgo del precio de las acciones y el riesgo crediticio asumidos por los contribuyentes de la eurozona), también habría que tomar otras medidas:
1. El programa de garantía de depósitos debe financiarse con los gravámenes bancarios apropiados: podría ser un impuesto de transacciones financieras o, mejor aún, un impuesto sobre todos los pasivos bancarios.
2. Es necesario poner en práctica un programa de resolución bancaria en el que los acreedores no asegurados —tanto mayoritarios como minoritarios— sean los primeros que paguen, antes de recurrir al dinero de los contribuyentes para cubrir las pérdidas de un banco.
3. Deben tomarse medidas para limitar el tamaño de los bancos con el fin de evitar el problema de las entidades demasiado grandes para caer.
4. También somos partidarios de un sistema de supervisión y regulación para toda la UE.
Un euro en un banco griego no equivale a un euro en un banco alemán
Es cierto que el fondo europeo de garantía de depósitos no funcionará si existe el riesgo continuo de que un país se salga de la eurozona. Garantizar los depósitos en euros sería muy caro, porque el país en cuestión necesitaría convertir toda la deuda a una nueva moneda nacional, que enseguida se depreciaría respecto al euro. Por otra parte, si el seguro de depósito solo tiene validez mientras el país no abandone el euro, será incapaz de impedir un pánico bancario. Por consiguiente, es necesario tomar más medidas para reducir las probabilidades de que se produzcan abandonos de la eurozona.

Hay que acelerar las reformas estructurales que estimulan el crecimiento de la productividad. Entre las políticas que pueden conseguirlo están una mayor flexibilización monetaria por parte del BCE, un euro más débil, algún estímulo fiscal en el núcleo duro, más gasto en infraestructuras que reduzcan los cuellos de botella y faciliten el abastecimiento en la periferia (a ser posible, con una regla de oro para las inversiones públicas) e incrementos salariales por encima de la productividad en el centro para impulsar los ingresos y el consumo.
Por último, dado el volumen insostenible de las deudas públicas y los costes de endeudamiento de varios Estados miembros, no vemos alternativa posible a algún tipo de mutualización de la deuda.
En la actualidad existen varias propuestas de eurobonos. Entre ellas, la que preferimos es la de un Fondo Europeo de Redención que hace el Consejo Alemán de Asesores Económicos, no porque sea la mejor, sino porque es la única capaz de aliviar la inquietud alemana sobre la perspectiva de asumir un riesgo crediticio excesivo.
El FER es un programa provisional que no derivará en un sistema de eurobonos permanentes. Cuenta con los avales suficientes y la antigüedad adecuada, además de tener unas condiciones muy firmes. El principal peligro es que cualquier propuesta que sea aceptable para Alemania supondría tal pérdida de soberanía fiscal para los Estados que sería inaceptable para a periferia de la eurozona, en especial Italia y España.
Ceder parte de la soberanía es inevitable. Sin embargo, existe una diferencia entre federalismo y neocolonialismo, como nos dijo un veterano político en la reunión del NBI en Roma.
Dado el volumen insostenible de las deudas, no vemos alternativa posible a algún tipo de mutualización
Hasta hace poco, la postura de Alemania sobre estas propuestas ha sido siempre negativa. Es comprensible la preocupación alemana sobre el riesgo subjetivo. Será difícil de justificar el hecho de que se ha arriesgado el dinero de los alemanes si en la periferia no se llevan a cabo unas reformas sustanciales. Pero es inevitable que esas reformas tarden aún cierto tiempo. La reforma estructural del mercado de trabajo alemán no fue precisamente un éxito de la noche a la mañana. Por el contrario, la crisis bancaria europea es un riesgo financiero que podría dispararse en cuestión de días.

Los alemanes deben comprender que la recapitalización bancaria, el seguro europeo de depósitos y la mutualización de la deuda no son opcionales. Son medidas esenciales para evitar una desintegración irreversible de la unión monetaria europea. Si todavía no están convencidos, deben entender que los costes de la ruptura de la eurozona serían astronómicos, para Alemania tanto como para el resto del mundo.
Al fin y al cabo, la prosperidad actual de Alemania es en gran parte una consecuencia de la unión monetaria. El euro ha dado a los exportadores alemanes un tipo de cambio mucho más competitivo que el viejo marco. Y el resto de la eurozona sigue siendo el destino del 42% de las exportaciones alemanas. Sumir a la mitad de ese mercado en una depresión no puede ser beneficioso para Alemania.
A la hora de la verdad, como reconoció la canciller Merkel la semana pasada, la unión monetaria siempre tuvo implícita en ella una mayor integración en una unión fiscal y política.
Pero antes de que Europa piense en dar este paso histórico, debe demostrar que ha aprendido las lecciones del pasado. La UE se creó para no repetir los desastres de los años treinta. Ya es hora de que los dirigentes europeos —y en especial los alemanes— sean conscientes de que están peligrosamente cerca de caer en ello.
Niall Ferguson es catedrático de la Universidad de Harvard; su último libro es Civilización: Occidente y el resto. Nouriel Roubini es catedrático en la Universidad de Nueva York y presidente de Roubini Global Economics. Ambos son miembros del Consejo para el Futuro de Europa del Nicolas Berggruen Institute.

lunes, 11 de junio de 2012

No solo Grecia está en juego, ¡son nuestros jóvenes!



Si nada lo remedia, habrá una generación condenada al paro, la precariedad y la desesperanza Pídamos responsabilidades a los culpables, que están en el sur de Europa, pero también en el norte

Europa está en un momento extremadamente delicado, con potenciales efectos devastadores sobre el futuro del sueño europeo y el bienestar de sus habitantes. En esta situación, el destino de nuestros jóvenes está ligado al de los griegos.

Los jóvenes actuales serán los principales perjudicados de la irresponsabilidad política y social pasada y actual. Si nada lo remedia —y el remedio no vendrá por sí solo—, será una generación perdida condenada al desempleo, la precariedad y la desesperanza. Una generación perdida más, como tantas otras. En la Gran Guerra de 1914-1918, una banda criminal de gobernantes irresponsables y generales incompetentes envió a la masacre a millones de jóvenes europeos, destruyendo toda una generación. Sin remordimiento ni responsabilidad alguna por sus fechorías.

En los últimos tiempos, algunos piden a los pueblos del sur de Europa que apoyemos a Grecia porque si no después vendrán a por nosotros. Sin embargo, hay mejores razones para impedir el triste destino que los mercados y la inacción política reservan al pueblo griego.

En primer lugar, la absurda obsesión por castigar a Grecia es inmoral. Keynes escribió en 1919: “La política de reducir Alemania a la servidumbre durante una generación, de degradar las vidas de millones, de privar de la felicidad a una nación entera, debería ser abominable y detestable, incluso si hacerlo nos enriqueciera, incluso si hacerlo no sembrara las semillas de la decadencia de Europa”. Sustituyamos Alemania por Grecia: lo que pedimos al pueblo griego es aberrante e inaceptable. Aunque nosotros no fuéramos los siguientes de la lista; aunque la expulsión de Grecia del euro no sentara las bases de la expulsión de otros países del sur de Europa; aunque pudiéramos limitar los daños al ideal europeo que provocará el haber abandonado a su suerte, tras destrozarlo, a un pueblo hermano. Este cruel castigo no ayuda al pueblo griego y destruye la dignidad de quienes lo imponen. Idénticos efectos a la imposición sobre nuestra juventud del desempleo masivo y la emigración forzosa.

En segundo lugar, hay otras salidas: el presidente Hoover propuso la austeridad cayera quien cayera (¡y vaya si cayeron!), ahondando la Gran Depresión norteamericana en una espiral suicida. Fue el New Deal de Roosevelt, con un enorme esfuerzo inversor gubernamental, lo que permitió la recuperación social y económica estadounidense.

Dicen que no tenemos más dinero para aeropuertos inútiles, trenes sin pasajeros, universidades sin alumnos o centros de congresos vacíos. Efectivamente, no lo tenemos; es más, nunca deberíamos haberlo tenido. Entonces y ahora, sí tenemos necesidades urgentes de invertir dinero público de forma masiva: hay problemas cuya resolución exige una respuesta colectiva y de gran impacto. Prevenir el cambio climático, que golpeará especialmente el sur de Europa, exige un dinero del que nunca hemos dispuesto; siempre hubo excusas para despilfarrarlo persiguiendo otros objetivos. Invirtamos ahora en cambiar nuestra infraestructura por una sostenible, reduzcamos inmediatamente nuestra dependencia del petróleo y sustituyamos las energías fósiles por energías renovables; modifiquemos los hábitos de movilidad e impulsemos los transportes poco contaminantes; recuperemos en lo posible nuestro medio ambiente… Apostemos por la investigación aplicada en industrias no contaminantes, ligadas a energías limpias. Y no descuidemos lo que nos convierte en ciudadanos libres: educación, cuidado de los débiles y desfavorecidos, sanidad… Los empleos generados estarán adaptados a nuestros jóvenes extraordinariamente preparados. Ahí podrán ser realmente competitivos, no en una economía de casino.

Dicen que no podemos invertir porque nadie nos presta dinero: falso. La riqueza del país está limitada por su función social; ¿qué mejor función social que protegernos de las consecuencias medioambientales de nuestros errores pasados, y crear los empleos que necesitamos? ¿Qué mejor función social que evitar la condena de un pueblo o de una generación sin culpa? Si los grandes propietarios de la riqueza no lo hacen por sí mismos, habrá que lograr este objetivo vía gasto público, con más progresividad fiscal, impidiendo el dumping fiscal o redefiniendo un impuesto del patrimonio que incluya a las personas jurídicas. Otras acciones incuestionables elevarán los ingresos del Estado: lucha contra el fraude y la evasión, responsabilidad patrimonial de los malversadores…

Dicen que la crisis se debe al excesivo gasto público, pero en muchos países (Irlanda, España…) es fruto del colapso de una burbuja especulativa privada. El Estado ha socializado las pérdidas de agentes privados sin haber participado en los supuestos beneficios. En el caso griego, se oculta que buena parte del excesivo gasto público se dirigió a comprar fragatas francesas y tanques alemanes, cuyo sistema bancario financiaba alegremente estas adquisiciones sin plantear quejas ni salvedades.

Dicen también que debemos rescatar la banca sistémica para evitar el colapso. Preguntemos a quién debe dinero esta banca: si debe a pequeños depositantes, el Estado (gestor del fondo de garantía, y encargado del control del sistema financiero) tiene una responsabilidad, y su apoyo financiero evitará un pánico bancario. Sin embargo, si los acreedores son grandes bancos nacionales o extranjeros, desconozco razones objetivas para que el Estado deba compensar sus errores o su excesivo apetito por el riesgo.

En tercer lugar, al pueblo griego se le está castigando colectivamente, contraviniendo el artículo 33 del IV Convenio de Ginebra, que prohíbe los castigos colectivos en caso de guerra, el castigo a personas individuales por infracciones que no hayan cometido, o la simple intimidación. Si nos encontramos ante una guerra económica, como parece, deberían aplicarse estas disposiciones protectoras de la población civil: lo contrario es, como se ha señalado, un crimen económico contra la humanidad. También nuestros jóvenes sufren un castigo colectivo por actuaciones de otros.

Hay culpables específicos de la catástrofe griega y de las otras crisis. Pídanseles responsabilidades a estos culpables, que están en el sur de Europa, pero también en el norte.

Finalmente, la expulsión de Grecia supondría un cambio profundo que destruiría los fundamentos mismos de Europa. La declaración Schuman de 1950 tenía por objetivo evitar la guerra, superando viejas rivalidades: “Europa se construirá a través de logros concretos que creen una solidaridad de facto”. Si ante la primera ocasión en que esta solidaridad es realmente puesta a prueba, abandonamos al pueblo griego a su suerte tras el naufragio (después de atarle convenientemente pies y manos), habremos destruido el sueño europeo. La historia de Europa es fecunda en crear pesadillas, mucho más que en generar sueños. Nuestros jóvenes pagarán el precio de vivir en esa Europa fracasada que ojalá nunca llegue.

Dicen que la solidaridad es muy cara, inasumible económicamente. Falso, de nuevo. Tras 1945, la solidaridad estadounidense con Europa occidental, anualmente un 2%-3% del PIB, fue simultánea a un periodo de rápido crecimiento norteamericano.

El alma solo se vende una vez y es para siempre. El destino griego marcará definitivamente si Europa tiene un proyecto que pueda competir con otros modelos: la dictadura socialista de mercado; las pseudodemocracias de ciertas economías emergentes; o las democracias vampirizadas por el sector financiero. ¿Hay un modelo europeo atractivo para jóvenes de todo el mundo, sostenible, responsable y solidario, a medida de las personas?

El futuro de nuestros jóvenes está en juego, y lo decidirán en pocas semanas jugadores de ruleta sin conciencia ni responsabilidad, que no tendrán remordimiento ni sentimiento de culpa, y a quienes nadie pedirá cuentas. El ataque a Grecia es también un ataque contra los jóvenes: que no caiga Grecia.

lunes, 4 de junio de 2012

La transformación de la Europa Social a la Europa neoliberal



Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 1 de junio de 2012

Este artículo señala que las políticas públicas que se están imponiendo en la Eurozona con grandes recortes del gasto público social y con bajadas de salarios, responden a un proyecto, liderado por el capital financiero, de transformar la Europa Social en una Europa neoliberal.

El falso problema de la deuda

La crisis actual es una crisis creada por decisiones tomadas por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Y el objetivo de tales decisiones era conseguir lo que está ahora ocurriendo, es decir, el desmantelamiento del Estado del Bienestar (eliminando el principio básico de universalidad -es decir, de la identificación de derechos sociales con el concepto de ciudadanía- y la reducción de la protección social. Tales instituciones, junto con el Consejo Europeo, han querido promover la idea (que al final ha calado entre la población como resultado de la colaboración y complicidad de los medios de comunicación) de que un problema, creado en el sector privado, consecuencia de un enorme endeudamiento privado, se tiene que resolver a base de la reducción del sector público. Según tal teoría, la “solución” a la crisis pasa por hacer creer a la ciudadanía que hay que reducir las pensiones públicas, recortar el gasto público, incluyendo el social (con recortes en la sanidad, en la educación, en los servicios de atención domiciliaria, en las escuelas de infancia, en los servicios sociales y un largo etcétera) a fin de salir de la crisis. La intensidad de tal avalancha ideológica es tal (ayudada por la falta de medios de información con vocación crítica de la sabiduría convencional) que incluso personas que se autodefinen de izquierdas se lo creen y cuando gobiernan aplican también tales políticas neoliberales, recurriendo al argumento de que no hay alternativas. Con ello, la única diferencia entre las izquierdas y las derechas gobernantes es la intensidad de los recortes y la dilución de los derechos sociales. La crisis de la socialdemocracia en Europa, incluida España, se debe precisamente a este hecho.

Es un indicador del enorme poder mediático y político que tienen aquellas instituciones (la troika y el Consejo Europeo) y los intereses financieros y empresariales que representan, que tales políticas, cuyo aval científico es nulo, se hayan convertido en la sabiduría convencional del pensamiento económico, mediático y político. Los datos, sin embargo, muestran sus enormes falsedades.

Primera falsedad. “El mayor problema que hoy existe es el enorme tamaño de la deuda pública”, frase utilizada desde el Presidente del BCE, el Sr. Mario Draghi (ultraliberal) al Catedrático de Economía, Josep Oliver (socialdemócrata, en una entrevista en TV3) que crea la desconfianza de los omnipotentes mercados financieros hacia los estados de los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España) y sus dificultades para poder financiarse. Pero miremos los datos y veamos el tamaño de la deuda pública de tales países. Cuando la crisis empezó, España tenía, en realidad, una de las deudas públicas más bajas de la Unión Europea (UE). Grecia, en cambio, la tenía elevada, 115% del PIB, pero no más elevada que muchos otros países de la UE. En realidad, podría haberse reducido si su tasa de crecimiento económico hubiera continuado elevada y hubiera podido acceder al dinero a unos intereses bajos. Pero esto no ocurrió. Antes al contrario, las políticas impuestas por la troika empeoraron la situación dramáticamente, de manera que en casi dos años subió al 165% del PIB, con un dramático descenso de su crecimiento económico. En realidad, el PIB cayó en picado (perdió un 11% de su PIB), y Grecia entró en recesión. Cualquier macroeconomista que no pertenezca a la secta dogmática neoliberal puede ver que las políticas impuestas a Grecia eran un desastre. Lo que tenían que haber hecho es precisamente lo contrario de lo que hicieron. El PIB de Grecia representa sólo un 3% del PIB agregado de los países de la UE-15 (el grupo de países con mayor desarrollo económico de la UE). Aquellas instituciones podrían haber ayudado a Grecia, facilitando su crecimiento económico a la vez que estimularan sus reformas internas (incrementando los ingresos al Estado –en lugar de recortar su gasto público social-, o disminuyendo su gasto militar, el más elevado proporcionalmente de la UE-15) y el BCE le comprara su deuda pública. Estas intervenciones apenas se consideraron. En su lugar se siguieron las políticas de austeridad (cuyo objetivo principal era que el Estado griego pagara sus deudas a la banca alemana y francesa, y que éste privatizara su sector público para el beneficio de los intereses financieros alemanes, franceses y griegos). Estas políticas de austeridad iban envueltas de un mensaje que intentaba ser movilizador de las clases populares de Alemania, presentando tales políticas como necesarias para penalizar al pueblo griego que vivía por encima de sus posibilidades. Términos como “vagos” eran frecuentes en los mayores medios de información alemanes. En realidad, el trabajador griego trabaja más horas al año (2007) que el alemán (1408), y se jubila más tarde que el alemán. Un objetivo de aquellas instituciones era, y es, dividir a las clases populares para evitar la movilización popular (que es inevitable que ocurra) frente a tales políticas.

La austeridad creó la recesión

Dichas políticas de austeridad han creado la recesión, recesión que ha empeorado la llamada confianza de los mercados, pues los mercados financieros temen que si lo que ha pasado en Grecia, resultado de las políticas impuestas por la troika, se reprodujera en otros países como España e Italia, la Recesión se convertirá en Depresión. Cuando la troika exigió 74.000 millones de euros de recortes a Italia (cuya deuda es cinco veces superior a la griega) los intereses de los bonos italianos se dispararon. Un tanto semejante ha ocurrido en España. Las políticas de austeridad y la gran recesión que están causando, explican que los intereses de la deuda pública de estos países se estén disparando. Tales intereses aumentan porque cada vez es más difícil vender los bonos del Estado, pues los mercados temen que los Estados, debido al escaso crecimiento económico, no tendrán los recursos para pagarles.

Pero esta desconfianza explica también otro hecho. Y es que cuando los mercados ven que los Estados tienen que ofrecer intereses tan altos para poder vender sus bonos, entonces los bancos (que consideran tales bonos como poco seguros) los venden. Y hay entonces una huída general del capital hacia otros países con bonos más seguros (como el alemán). Pero no sólo los Estados son vulnerables, sino que todo el sistema bancario está en dificultades porque sus tripas están llenas de deuda pública (más de un billón de euros públicos españoles). Y así nos encontramos en una situación paradójica. Por un lado es bueno para los bancos que los Estados tengan que pagarles intereses altísimos. Ellos reciben dinero del BCE a unos intereses bajos (1%) y compran bonos del Estado a unos intereses del 6% o el 7%. Un negocio redondo. Pero, cuando compran mucho y especulan con ello, corren el riesgo de que al final el Estado no les pueda pagar los intereses. La suerte que tienen es que el BCE (su gran lobby) imprime dinero y les ayuda.

La alternativa también es fácil de ver. El BCE debería imprimir dinero y comprar bonos públicos de los Estados (en lugar de darles dinero a los bancos para que ellos lo compren) y con ello disminuir los intereses. Hay que entender que los intereses de los bonos no los deciden los mercados sino el BCE. El hecho de que los intereses de la deuda se hayan disparado se debe a que el BCE ha dejado de comprar bonos públicos del Estado español. Y, ¿por qué han dejado de comprarlos? Y la respuesta que usted, lector, no leerá ni oirá en sus medios es que el BCE supedita su compra de bonos a que el Estado privatice el Estado del Bienestar. Así de claro. Utiliza el enorme agobio que tiene el Estado para forzarle a que haga estos cambios. ¡Es un chantaje claro!

Ésta es la realidad. No hay duda de que la troika es consciente de que sus políticas están creando la crisis. No es un problema de incompetencia (aunque ésta es abundante entre los economistas, como los de Fedea, talibanes neoliberales, sino de arriesgarse a crear una gran depresión, utilizando el pánico de la crisis para conseguir lo que desean: la privatización del Estado del Bienestar, la reducción de la protección social, y el debilitamiento del mundo del trabajo.

¿Por qué la recesión no podrá resolverse en España y en la UE?

La manera como se construyó la Eurozona hace imposible que se resuelva el problema. El poder del capital financiero, y muy en especial de la banca, construyó una estructura que imposibilita la salida de la recesión. Y los dos pilares de esta construcción son el BCE, completamente independiente de cualquier control público, y el Pacto de Estabilidad, reforzado incluso más, con el Pacto Fiscal que solidifica la austeridad. Veamos los datos.

La consolidación del euro como moneda de la zona, hace que aquel país que acumule más euros está en una situación dominante. Este país es Alemania, y su enorme acumulación de euros se debe a que su economía se basa en exportaciones, dos terceras partes de las cuales van a los países de la Eurozona. Alemania vende, y los demás países compran.

La banca alemana como problema

Esta política basada en las exportaciones se fundamenta (como siempre ocurre cuando un país basa su economía en exportaciones) en una moderación de la demanda doméstica basada en una enorme moderación salarial. Las famosas reformas del canciller Schröder se basaban en este objetivo: reducir la protección social y conseguir una reducción de las rentas del trabajo a costa del crecimiento de las rentas del capital. Hay que señalar que había otra alternativa: la favorecida por su Ministro de Economía, Oskar Lafontaine, que enfatizaba la necesidad de basar el crecimiento económico en el crecimiento de la demanda doméstica, subiendo los salarios y la protección social. Lafontaine perdió, y con ello no sólo la clase trabajadora alemana, sino todas las clases populares de la Eurozona, pues el crecimiento de la demanda doméstica alemana hubiera estimulado el crecimiento de la economía europea, mostrando que los intereses del trabajador alemán objetivamente coinciden más con los intereses de los trabajadores de los países de la Eurozona que con los intereses de la burguesía financiera y empresarial alemana.

La enorme acumulación de euros dio gran poder a la banca alemana, que invirtió extensamente en la banca española, siendo esta inversión un elemento clave en crear la burbuja especulativa inmobiliaria (de la cual consiguió grandes beneficios). Se creó así el enorme problema de la deuda privada, que está en el centro de la crisis. Este endeudamiento estaba facilitado, en parte, por la accesibilidad al crédito, pero también a la reducción de la capacidad adquisitiva de las rentas del trabajo, forzando a las familias a endeudarse para mantener su nivel de vida. Ahí está la raíz del problema. Éste está en el sector privado y no en el público. De ahí que el problema mayor no sea el llamado problema de la deuda pública, sino de la deuda privada. Y de ahí también la enorme vulnerabilidad del sistema bancario europeo. La manera como se intenta resolver es mediante la excesiva ayuda del BCE a la banca, que ha llegado a niveles absurdos. En realidad, la atención a la deuda pública es una manera de distraer la atención pública. Ahora bien, había otras alternativas, y que incluían que el BCE fuera un banco central (como lo es el Federal Reserve Board de EEUU), que comprara deuda pública y que ayudara a establecer bancos públicos que garantizaran el crédito, posibilidades nunca consideradas ni por el BCE, ni por la troika. Estas políticas hubieran resuelto el problema de la falta de crédito.

Pero el BCE no hizo ni lo uno ni lo otro. Es cierto que cuando los Estados estaban a punto de colapsarse (con unos intereses de los bonos prohibitivos para los Estados), entonces el BCE intervino para mantenerlos vivos, dejando de comprar bonos públicos cuando se reanimaban algo. Era el intento de mantener vivos a los Estados para que los bancos pudieran continuar chupándoles la sangre como sanguijuelas.

Pero la otra característica del BCE que imposibilita la resolución de la recesión es su objetivo de mantener la estabilidad de precios, que quiere decir mantener una inflación muy baja. Como dijo Jean Claude Trichet, Presidente del BCE hasta 2011, “la mayor labor del BCE ha sido mantener la inflación por debajo de un 2%. En realidad, el promedio de los trece años ha sido de 1,55%, que es mucho mejor que el record de los cincuenta años anteriores”. Pero para conseguir este objetivo se ha creado una recesión que ha significado que uno de cada dos jóvenes en España no encuentra trabajo. El BCE no tiene como objetivo ni estimular el crecimiento económico ni la creación de empleo, objetivo que existe en otros bancos centrales como el FRB de EE.UU. Es cierto que a instancias del gobierno socialista Jospin, de Francia, se añadió al título del Pacto de Estabilidad la expresión “crecimiento”. Pero no se le permitió al BCE que desarrollara las medidas para estimular la economía y crear empleo. Una de ellas hubiera sido bajar los intereses bancarios (que los define el BCE). Incluso en tiempos de recesión (2011) los intereses crecieron dos veces más que durante el periodo previo a la recesión. Hoy son del 1,5%, cuando en EEUU los intereses son prácticamente cero. Es más, las impresoras de moneda que controla el BCE trabajan mucho menos de lo que lo hacen otros bancos centrales. El FRB ha imprimido 2.3 billones de dólares, mucho más que el BCE (una cuarta parte de esta cantidad), ayudando, también mucho más que el BCE, a los Estados de EE.UU. y al gobierno federal. La ayuda del BCE a los Estados de la Eurozona ha sido mucho más limitada que en EEUU. De ahí que el crecimiento promedio de EE.UU. haya sido un 2,5% del PIB anualmente, y que en la UE haya sido sólo un 0,5%.

La malignidad del Pacto Fiscal

Pero la segunda medida que está impidiendo la salida de la crisis es el Pacto de Estabilidad, citado anteriormente. El requisito de que los Estado no tengan un déficit público superior al 3% ha significado un corsé que ha dificultado la recuperación. Durante la recesión del 2009, el déficit presupuestario del Estado de EE.UU. fue de un 9% del PIB, permaneciendo a este nivel hasta el año 2011. Si hubiera sido un 3%, el crecimiento económico y creación de empleo hubiera sido mucho menor. Y la situación ha empeorado todavía más con el nuevo Pacto Fiscal, que obliga a los estados a no tener prácticamente déficit, lo cual es un disparate. Condena a la Eurozona y a la UE a un crecimiento mucho menor e imposibilita la salida de la crisis.

Una vez más, el gobierno socialista francés, ahora presidido por Hollande, está presionando para que tal Pacto lleve también el título de crecimiento. Pero el dominio conservador de la troika no permitirá el desarrollo de los instrumentos para alcanzarlo, como también ocurrió cuando se aprobó el Pacto de Estabilidad.